La actitud del pueblo búlgaro

abril 7, 2007

En su libro “Eichmann en Jerusalem” Hannah Arendt señala: “Lo sorprendente del caso búlgaro y su relación con el Holocausto es que en una región en donde el antisemitismo era moneda corriente entre todos los grupos étnicos y se había convertido en política oficial de gobierno mucho antes de que Hitler llegara al poder, los búlgaros no conocían el “problema judío”. Bajo presión nazi el gobierno búlgaro decidió expulsar a todos los judíos de Sofía a zonas rurales pero, sorprendentemente, la población detuvo las deportaciones manifestando frente al Palacio Real y en las estaciones de trenes.”

Boris III fue asesinado, presumiblemente por agentes de inteligencia alemanes, quienes sospechaban que el monarca protegía a los judíos. Sin embargo, la muerte del rey no impidió que tanto el pueblo como el Parlamento permanecieran claramente del lado de los judíos. Ningún judío búlgaro fue deportado a campos de exterminio a pesar de todas las presiones y, en junio de 1943, Adolf Beckerle, embajador nazi en Sofía escribió resignado a su Cancillería en Berlín: “Los búlgaros han vivido demasiado tiempo junto a armenios, griegos y gitanos como para poder apreciar el problema judío”.
El caso Peshev

Dimitar Peshev era uno de los muchos políticos búlgaros partidarios de firmar una alianza con el régimen de Adolf Hitler, no tanto porque se sintiera atraído por las políticas del Tercer Reich sino porque estaba convencido de que esa era la forma mediante la cual Bulgaria podría recuperar las regiones perdidas en la guerra de los Balcanes de 1912-13. Por este motivo no dudó en apoyar las leyes raciales contra los judíos pedidas por el nazismo.

Sin embargo, un día Peshev recibió la visita de un viejo amigo judío de su infancia, quien le informó que detrás de las leyes raciales los nazis escondían el secreto propósito de deportar a todos los judíos de Bulgaria a campos de exterminio. Los trenes ya estaban listos en las estaciones esperando la orden de partir hacia Polonia.

La reacción de Peshev, un hombre acostumbrado a las mieles de la vida aristocrática, fue instantánea. Reunió a algunos miembros del Parlamento y, junto a ellos, irrumpió en las oficinas del Ministro del Interior a quien le exigió, con éxito, la revocación de la orden de deportación. Peshev sentía que las vidas de 50.000 personas -la totalidad de los judíos búlgaros- dependían exclusivamente de él.

Peshev continuó militando intensamente por la causa de los judíos y luego, también, de la democracia, cuyos valores descubrió al calor de la lucha contra el nazismo y sus atrocidades. Por su actitud fue despojado de su oficina en el Parlamento y vivió en peligro permanente.

Luego de la guerra activó a favor del alineamiento de Bulgaria con Occidente, y en contra de la inminente entrada de su país en la órbita soviética. Fue llevado a juicio y acusado de anti-soviético, así como de haber salvado a los judíos a cambio de dinero, a pesar de que sus amigos judíos testificaron en el juicio que el cargo era falso. Condenado a muerte, fue salvado por un milagro: a horas de ejecutarse la sentencia su abogado defensor pudo probar que en 1936, cuando era Ministro de Justicia, Peshev había salvado de la muerte a Damian Velchev, condenado por los nazis. Bajo el régimen soviético Velchev conducía el Ministerio de Guerra.

Finalmente fue condenado a quince años de prisión, cumplió sólo uno y vivió el resto de sus días pobre y olvidado por todos, excepto por los judíos búlgaros, quienes desde Israel -luego de una emigración en masa a fines de los años cuarenta- le enviaban dinero y se preocupaban por su pasar. Dimitar Peshev murió en Sofia el 20 de febrero de 1973.

Fuente:http://www.raoulwallenberg.net
Links: http://www.peshev.org/

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Máximo Gorki

febrero 17, 2007

En 1921, el famoso novelista ruso Máximo Gorki ayudó a 12 escritores hebreos y a sus respectivas familias a salir de Rusia para trasladarse a Éretz Israel. Pudo hacerlo gracias a los antiguos lazos de amistad y de militancia política que lo unían a Lenin. Entre los escritores rescatados se encontraban el poeta nacional judío Jaim Najman Biálik, algunas de cuyas obras Gorki había podido conocer, vertidas al ruso por Zeev Jabotinsky; y una curiosa figura: el escritor y periodista Álter Druyanov, que pasó 20 años de su vida compilando y clasificando muestras del humor judío, y traduciéndolas del ídish al hebreo. El gran poeta hebreo Shaúl Chernijovsky, también protegido por Gorki, no pudo acompañar, momentáneamente, a los ya citados, pero sí partió un año más tarde.

Veamos cómo se inserta la intervención de Gorki en favor de sus colegas judíos, en el perfil ideológico y humano del gran escritor.

UN NIÑO SUFRIDO

Su verdadero nombre era Alexei Maximovich Petrov. Su seudónimo, Gorki, significa “el amargo” o “el desdichado”. Había nacido en el año 1868, en una humilde familia obrera de Nijni-Novgorod (Rusia), ciudad que a partir de 1932 fue llamada Gorki, en su honor. Siendo un niño de corta edad, perdió sucesivamente a su padre y a su madre, y pasó al hogar de sus abuelos maternos. Sus estudios primarios no duraron más de medio año. Después vinieron los vagabundeos y las tareas más diversas: lavaplatos en un restorán, ayudante de cocinero en un barco por el Volga, changador, etc. En sus ratos libres leía incansablemente, y con esa única formación empezó a escribir. No tenía aún 30 años, cuando publicó en San Petersburgo su primer volumen de “Narraciones”, con las que se hizo conocer.
Su primer cuento trajo a la literatura un personaje nuevo: el “bosiak”, un vagabundo descalzo, algo así como un “linyera” (medio atorrante). En lo hondo de aquellos seres marginados con los que convivió en los caminos, en los asilos nocturnos, en las sórdidas posadas, descubre Gorki aspectos insospechados de dolor y de belleza. Él mismo provenía de esa masa sufriente.

Otra novedad en la literatura de Gorki es la presencia del paisaje en sus obras: el mar, el bosque, la llanura; una presencia vigorosa, pero siempre en su justa proporción dentro del conjunto.

EL SOCIALISMO

De ideología socialista, Máximo Gorki alcanzó el punto más alto en la tendencia a una literatura proletaria, ya presente en los novelistas rusos del siglo XIX. Describió en sus obras a las masas trabajadoras, el ambiente de miseria del bajo pueblo ruso; y actuó en el Movimiento Revolucio-nario, al que además ofrendó la mayor parte de los ingresos provenientes de sus creaciones. Sus libros más populares (las novelas “Los Vagabundos”, “La Madre”, “La Estepa”; las obras teatrales “Los Burgueses” y “Los Bajos Fondos”) han sido traducidas a numerosos idiomas.

Partidario de Lenin y de los Bolcheviques, Gorki tuvo, sin embargo, sus divergencias y se exilió por un tiempo en Alemania y en Italia. A su regreso fue Comisario de Instrucción Pública del gobierno bolchevique. Anteriormente, en el gobierno de Kerenski, que en 1917 había derrocado al Zar para pronto, a su vez, ser derribado por los bolcheviques, se había desempeñado como Ministro de Bellas Artes y Director de la Sección Literaria de las Ediciones del Estado.

GORKI Y LOS JUDÍOS

En su amistosa actitud hacia los judíos, Gorki se diferenció de la mayor parte de sus colegas rusos. Aunque proveniente de un medio primitivo, con prejuicios antisemitas arraigados en el fanatismo y las supersticiones, supo elaborar esos elementos. Fue siempre claro en la defensa de los judíos oprimidos en Rusia, víctimas del acoso y los pogroms; y en la preocupación por su suerte futura. Esa actitud se refleja en su producción literaria. Así, en 1918 escribió el cuento “Pogrom”, inspirado en las matanzas de Kíshinev (Ucrania) del año 1903 (el poeta Biálik, influenciado por este pogrom, escribió su famoso poema “En la ciudad de la matanza”); en la primera parte de su “Autobiografía” (1915), evoca con vívidos trazos a un jovencito judío que conoció en sus primeros años; y en 1916 fue co-editor de una “Antología de Declaraciones en Defensa de los Judíos”, extraídas de la literatura rusa.

Gorki incluso mostró simpatía por el renacimiento de la lengua hebrea y por el ideal sionista. Debemos señalar que, lamentablemente, la mayor parte de sus denuncias relativas al antisemitismo en Rusia no figuraron en ninguno de los 30 tomos de sus Obras Completas, editadas en la Unión Soviética (1949-1955). Los trabajos omitidos incluyen un artículo sobre el poeta hebreo Jaim-Najman Biálik sobre el pogrom de Kíshinev y un llamado a salvar el Teatro “Habima”, cuando aún seguía funcionando en la URSS. Gorki nunca ocultó su especial simpatía por ese teatro, fundado en Moscú en 1916. Fue tres veces a ver la obra “Haiehudí Hanitzjí” (“El Judío Eterno o Errante”) de David Pinski, que lo emocionó profundamente, pese a no entender hebreo. De la sede del “Habima” dijo: “Aquél que busca descanso en el torbellino del diario vivir, debería entrar para encontrarse en un mundo distinto”.

Cabe destacar que la Revolución de Octubre (1917) colocó al Teatro “Habima” (“escenario” en hebreo) en situación complicada, pues el hebreo fue considerado tan contrarrevolucionario como el sionismo. Los dirigentes de la “Yevseksia” (sección judía del partido comunista) querían obligarlos a actuar en ídish o disolverse. La decidida intervención del escritor Máximo Gorki y de las personalidades del mundo del teatro ruso como Stanislavsky y Vajtangov, permitió por unos años la continuidad del Teatro “Habima” en la Unión Soviética (hasta 1926).

EL ÁNGEL GUARDIÁN

Máximo Gorki falleció en Moscú, en 1936. Su esposa, Ekaterina Peshkova (1876-1965), lo sobrevivió casi 30 años. De ella se ha dicho que, a partir de la Revolución de Octubre (1917), fue una especie de Ángel de la Guarda para los prisioneros políticos en la URSS, desde su cargo de Presidenta de la “Cruz Roja Política”. Muchos judíos, en especial los de ideología sionista, recordaron siempre su cálida ayuda cuando permanecían presos. A algunos de ellos les consiguió la autorización para emigrar a Éretz Israel.

Moshé Korin

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