El compromiso con un nombre

octubre 15, 2007

WILHELM HAMMANN: EL HOMBRE QUE SALVÓ A LOS NIÑOS DE BUCHENWALD

pp_a020p07s.jpg Tras la reunificación alemana se propuso modificar el nombre de la escuela “Wilhelm-Hammann” de la ciudad de Erfurt. Sin embargo docentes y alumnos investigaron la vida de Hammann y descubrieron que este prisionero político en el campo de concentración de Buchenwald logró salvar la vida de 904 niños. En consecuencia, la escuela logra conservar su nombre. En el marco de proyectos anuales, los alumnos se proponen que el 9° año escolar de cada promoción intente ponerse en contacto con los niños que salvó Hammann.

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
Como consecuencia de la reunificación alemana, a principios de los años noventa se eliminaron en las escuelas todas las denominaciones que hicieran referencia a personalidades de la historia de la RDA. Estaba previsto que sucediera lo mismo con el patronímico de nuestra escuela, “Wilhelm Hammann”. Es materia opinable si este acto de corroborar los nombres constituía un mero acto arbitrario o por el contrario, un impulso para elaborar el pasado; también resulta materia de debate definir si acaso esa disposición transgrede límites geográficos y morales. En concordancia con las autoridades educativas de la ciudad de Erfurt, nuestra escuela decidió abogar por elaborar el pasado histórico y luchar por conservar el nombre “Wilhelm Hammann”.

Wilhelm Hammann [ver Imágenes] nació en el año 1897 en Gross-Gerau, Hesse. A raíz de su activo compromiso con el partido comunista alemán KPD fue arrestado en 1935 por los nacionalsocialistas y trasladado en 1938 al campo de concentración de Buchenwald. Durante los más de diez años que pasó en prisión, ayudó a salvar la vida de 904 niños, entre ellos 159 judíos. En el año 1984, Wilhelm Hammann, fallecido en un accidente en 1955, fue reconocido por Israel como uno de los tres alemanes que se cuentan entre los “justos entre las naciones”.

A modo de preparación para el acto de bautizo, los cursos comenzaron a investigar la vida de Hammann, quien fue maestro y uno de los primeros prefectos de la posguerra en Hesse. Los alumnos elaboraron un programa de homenaje sobre su vida y lo presentaron en la ceremonia de bautizo del nombre del 7 de noviembre de 1993. Estimulados por este primer paso tan logrado, los alumnos y docentes sintieron que deseaban mantener vivo el proyecto escolar “Wilhelm Hammann”. Los “investigadores”, quienes se habían dedicado a la vida y obra de Wilhelm Hammann; en la etapa siguiente, centraron su atención en el destino de los niños del bloque 8 del campo de concentración Buchenwald.

El sitio conmemorativo Yad Vashem envió las direcciones de tres personas que habían estado en dicho campo cuando niños. Los alumnos les escribieron varias cartas que quedaron sin respuesta por mucho tiempo. Tanto más se emocionaron cuando Zoltan Blau, quien hoy reside en Nueva York, llamó a la escuela y dio señales de estar dispuesto a hablar con los alumnos. Pudimos establecer contacto personal con él y con su familia cuando en 1995 volvió por primera vez a Buchenwald en ocasión del aniversario de la autoliberación del campo el 11 de abril de 1945.

A fin de continuar con el proyecto está previsto que los alumnos de las sucesivas promociones del 9° año se dediquen durante una semana a investigar las huellas de la historia para elaborar el pasado y encontrar ejemplos concretos de historias de vida que muestren cómo puede mantenerse la dignidad en un mundo cruel e inhumano.

Esta semana dedicada a trabajar sobre un proyecto específico recoge temas del programa de Historia del segundo semestre y permite al profesor trabajar más adelante con los resultados obtenidos con el proyecto [ver Imágenes] y transmitir informaciones históricas más profundas. Representa una gran ventaja poder trabajar in situ en el sitio conmemorativo de Buchenwald. No sólo tiene un gran valor confrontarse allí con material auténtico en los escenarios originales, sino que puede comprobarse también que el acercamiento emocional tiene un efecto muy positivo sobre los resultados de la labor pedagógica. Todo esto fue posible gracias al legado que nos dejó la actitud de un hombre: por eso, su nombre es todo un compromiso.

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Sonata para un hombre bueno

septiembre 2, 2007

Odoardo Focherini, el periodista que dio la vida por salvar a judíos

Fuente: ZENIT

Para recordar, cien años después de su nacimiento, a Odoardo Focherini, periodista y director administrativo de «L’Avvenire d’Italia» hasta 1944, los periodistas de la Unión Católica de la Prensa Italiana (UCSI) organizaron el 17 de marzo, en la iglesia de San Ignacio de Carpi, un congreso con el título «Testimonios que contar. La vida y los hechos de la historia a la memoria».

Las celebraciones fueron abiertas por el obispo de Carpi, monseñor Elio Tinti, quien constató que «supo dar sabor a la vida de mucha gente, sobre todo a los 105 judíos que salvó, pero también a todos aquellos que conoció».

Según el obispo de Carpi, «de él hay que recordar el profundo amor hacia la familia, la tiernísima relación con su adorada mujer, con los siete amadísimos hijos. Lazos sólidos que descubrimos en las maravillosas cartas que escribió, pero que no le impidieron vivir su vida hasta el fondo por los demás».

«Con esperanza y devoción, deseamos que pronto la Iglesia lo pueda reconocer como mártir. Su vida como hombre verdadero es un himno a la santidad», reconoció el prelado.

Focherini, empezó a interesarse por los judíos mucho antes del Armisticio con los Aliados (8 de septiembre de 1943), cuando ayudó a un grupo de refugiados llegados de Varsovia. Murió en el campo de concentración de Hersbruck (uno de los 74 subcampos de Flossenburg), el 27 de diciembre de 1944, a la edad de 37 años.

Odoardo Focherini, quien ha sido declarado «Justo entre las naciones», se encuentra en proceso de beatificación. La causa comenzó en 1996.

A los 27 años era presidente de la Acción Católica Italiana (ACI). Durante la persecución fascista de 1933, corrió de una sede a otra de la ACI para esconder las banderas, las cartas y poner en lugar seguro registros y actas de las reuniones.

En 1939, en vísperas de la guerra, Focherini se convirtió en director administrativo del diario «L’Avvenire d’Italia».

Con el endurecimiento de las leyes antijudías y el inicio de las deportaciones raciales, Odoardo Focherini junto con el padre Dante Sala, organizó una red eficaz para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos.

A pesar del absoluto secreto de las operaciones, los nazis recibieron algunas cartas anónimas y arrestaron al padre Dante Sala, el cual escapó a la pena por insuficiencia de pruebas.

El 11 de marzo de 1944, Focherini fue arrestado en el hospital mientras se ayudaba a un judío enfermo. Fue trasladado al Comando de las SS de Bolonia y de allí a la cárcel de San Giovanni in Monte.

Durante una visita, su cuñado Bruno Marchesi le dijo: «Ten cuidado, quizá te estás exponiendo demasiado, ¿no piensas en tus hijos?». A lo que Odoardo respondió: «Si tú hubieras visto lo que he visto yo en esta cárcel, todo lo que hacen padecer a los judíos, lo único que lamentarías es no haber hecho lo suficiente por ellos, y no haberlos salvado en mayor número».

Trasladado al campo de concentración de Gries (Bolzano), permaneció allí hasta el 5 de septiembre de 1944. Ocultado en el campo de Flossenburg, Focherini fue trasladado al campo de trabajo de Hersbruck, donde se trabajaba de las tres y media de la mañana hasta la tarde, y quien no resistía era marcado con una «K» en la frente y enviado inmediatamente a los hornos crematorios.

Herido en una pierna, al no recibir tratamientos médicos, contrajo una septicemia y murió el 27 de diciembre de 1944. Antes de morir dictó sus dos últimas cartas a los familiares.

Estas son las palabras confiadas al amigo de prisión: «A mis siete hijos… quisiera verlos antes de morir… sin embargo, acepta, Señor, también este sacrificio y custódialos tú, junto a mi mujer, a mis padres, y a todos mis seres queridos».

«Declaro morir en la más pura fe fe católica, apostólica, romana y en la plena sumisión a la voluntad de Dios, ofreciendo mi vida en holocausto por mi diócesis, por la Acción Católica, por el Papa y por el retorno de la paz al mundo. Os ruego decir a mi mujer que le he sido siempre fiel, he pensado siempre en ella, y la he amado siempre intensamente», escribió.

La noticia de la muerte llegó a Carpi en junio de 1945.

El padre Claudio Pontiroli, vicepostulador de la causa de beatificación, revela: «Hemos encontrado más de 300 cartas de pésame, de las que en 62 casos se habla de Odoardo como de un mártir de la caridad. Por él se hicieron celebraciones como por ninguna otra víctima de la guerra».


El “Hassid” de Primo Levi

junio 24, 2007

Dr. Mordecai Paldiel
Traducción: Jenifer Santo.

Como un trabajador italiano, modelo de bondad y sencillez, salvó al reconocido sobreviviente Primo Levi.

Primo Levi, el reconocido judío italiano que sobrevivió al Holocausto y autor de varios libros ha expresado en repetidas oportunidades la desesperanza de los prisioneros de los campos de concentración frente a los horrores allí experimentados. “Nos hemos dado cuenta de que nuestro lenguaje no cuenta con suficientes palabras para expresar la ofensa que hemos recibido, la destrucción del hombre”. Al mismo tiempo, el hecho de que Levi no permitiera que esta desesperanza socavara completamente sus deseos de sobrevivir en este infierno reflejado en la tierra llamado Auschwitz, se debe en gran medida a la oportunidad que Levi tuvo de conocer a un extraño total en ese campo infame: un albañil italiano llamado Lorenzo Perrone.
  
Primo Levi  

Perrone no era un prisionero como los otros miles que estaban allí, era un trabajador civil contratado por una firma italiana a quien le habían asignado un proyecto de construcción en las instalaciones del campo. Estos trabajadores tenían condiciones más confortables que el resto, dormían en catres, tenían los domingos libres y contaban con una o dos semanas de vacaciones. También les pagaban por sus tareas, se podían comunicar con sus parientes y amigos en Italia y recibían ropa y comida extra.

Primo Levi, quien fue deportado a Auschwitz en 1944, fue asignado a la misma área donde los albañiles italianos estaban trabajando. De pura casualidad, el “Kappo” escogió a Levi para ser el ayudante de dos albañiles a los cuales él nunca había visto antes; uno de ellos era Lorenzo Perrone. Los dos comenzaron a charlar en italiano.

Varios días después Lorenzo le trajo, para sorpresa de Levi, una lata llena de sopa y le dijo que se la trajera antes del atardecer así él la podría volver a llenar al día siguiente. Desde ese momento, cada día durante un período de 6 meses Perrone le dio a Levi un plato de sopa, algunas veces adicionándole un pedazo de pan. Levi declaró que sin esas 400 o 500 calorías adicionales y vitales no hubiera sobrevivido a la magra dieta diaria durante esa terrible experiencia.

Lorenzo encontró una forma de robar sopa entrando de manera sigilosa a la cocina del campo de concentración cuando todos estaban durmiendo a altas horas de la noche, llevándose las sobras de la olla de las sopas. Primo Levi le advirtió del peligro que corría si llegara a ser descubierto –el brutal e imprevisto cambio de status de trabajador contratado a recluso de campo de concentración–, pero Lorenzo desechó la idea con un movimiento de hombros. Esto continuó cada día durante seis meses.

Primo Levi quiso de alguna forma informarle a su madre, quien se escondía en Italia, que aún estaba vivo. Nuevamente, Lorenzo Perrone fue a su rescate, aceptando escribir de su puño y letra un mensaje codificado por Levi que fue enviado a una mujer que no era judía en Italia. El mensaje fue lo suficientemente claro para el receptor sin atraer la atención de los censuradores. En agosto de 1944, Levi recibió respuesta por medio de Perrone. Esta respuesta fue un paquete que contenía un sucedáneo del chocolate, galletitas y leche en polvo. “Para describir su verdadero valor, el impacto que me produjo, excede los poderes del lenguaje común. Ese inesperado e improbable paquete fue como un meteorito, un objeto celestial cargado de símbolos, inmensamente precioso y con un enorme ímpetu”. Perrone también le dio una harapo liviano para que usara bajo su uniforme de prisionero para mantenerlo un poco más abrigado durante los últimos meses del frío invierno de 1944. Por todo esto, Lorenzo Perrone no aceptó ni pidió ninguna promesa de recompensa futura porque en las palabras de Primo Levi “él era bueno y sencillo”.

Después de la guerra, Primo Levi consideró la significación de la bondad demostrada por este simple albañil, en un lugar que simboliza la destrucción del hombre. Un hombre ayudando a otro sin ningún tipo de interés y de pura generosidad en un lugar como Auschwitz “era incomprensible, ajeno, como un salvador que había llegado del cielo”. Sus escritos después de la guerra, están repletos de palabras de desesperanza sobre la vida en el campo de concentración, tal como lo expresa en el siguiente poema de 1946: “Considerad si esto es un hombre,/ que trabaja en el fango,/ que no conoce la paz,/ que lucha por la mitad de un pan,/ que muere por un sí o por un no”. Levi también escribió palabras de elogio a Lorenzo Perrone, quien representaba para él el ideal del hombre puro “no tanto por su ayuda material sino tan sólo por recordarme constantemente –por su presencia, por su manera natural y sencilla de ser bueno– que aún existía un mundo justo fuera del nuestro, algo y alguien todavía tan puro y completo, no corrupto, no salvaje,… para lo cual valía la pena sobrevivir… Gracias a Lorenzo, yo logré no olvidar que yo mismo era un hombre.”

Salvador y salvado han pasado a otro mundo en el último tiempo. Recientemente la Comisión para la Designación de los “Justos entre las Naciones” otorgó el título de Justo entre las Naciones a Lorenzo Perrone, cumpliendo con un pedido del Dr. Renzo Levi (el hijo de Primo Levi, llamado así en honor al benefactor de su padre). Una medalla y un certificado de honor fueron entregados a la embajada israelí en Roma. En un futuro cercano, la embajada los presentará en una ceremonia digna y pública a los familiares más cercanos de los salvadores. El nombre de Lorenzo Perrone será inmortalizado en los Jardines de los Justos en Yad Vashem, así como en el futuro Diccionario de los Justos el cual está en preparación en estos momentos.

Primo Levi’s Hassid: extractado de Yad Vashem Magazine, 1999.
El autor es Director del Departamento de los “Justos entre las Naciones”, Yad Vashem.

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