Los monstruos en el judaismo (O el dilema moral de la clonación)

marzo 11, 2007

Las clases de Sharona
Por Sharona Fredericko
Aprendió y editó: Marcelo Kisilevski   

El judaísmo parece haberse enfrentado con todos los problemas de la existencia humana, con todos sus dilemas. A un punto tal, que todos los interrogantes que plantea la ciencia moderna se vuelven una reconstrucción aggiornada de asuntos ya discutidos en nuestras fuentes. Como demostración, vaya esta imperdible clase de Sharona, donde la profe de historia nos explica la posición de Moisés y Maimónides sobre la ovejita Dolly.

-Sharona, aquellos que leen sobre la clonación y conocen de casualidad algo de la leyenda judía del Golem, podrían llegar a pensar, como en tantas otras cosas, que la clonación es un invento judío. ¿Cuál es la posición del judaísmo respecto del tema urticante de la clonación, de la creación de vida que no es exactamente natural?

-Claro, estás insinuando que la clonación es parte de la conjura judía internacional. Los enfermos mentales de siempre ya se encargarán de hacerlo. Pero lo cierto es que tenemos seres que nos recuerdan a clones desde el principio de la historia judía. La primera vez que se usa la palabra Golem, mucho antes que en Praga en el siglo XI, es en la Biblia, en el libro de Salmos, 139:16, como el estado del ser humano antes de estar totalmente formado. Un ser humano en estado de plasmación.

-¿Es el feto? ¿El embrión de persona durante los nueve meses de gestación?

-No, para nada, la idea es más abstracta. Hay una pluralidad de interpretaciones. Puede tratarse de un ser no exactamente desarrollado, una persona despierta físicamente pero no intelectualmente, o una persona en estado de plasmación física. Cualquier cosa que sea, la idea está en la Biblia misma. Es un ser que no es exactamente humano tal como nosotros lo conocemos, y eso es interesante. Ahora que todo el mundo está histérico con el tema de la clonación y de la ovejita Dolly, la gente se está preguntando si no hemos borroneado el límite entre Dios y el hombre. Es decir, la pregunta de si el hombre es capaz de crear otro ser. Y lo que despierta esto es nuestro miedo a la muerte, enfrentarnos con la pregunta: si creo otro ser, ¿ese ser tiene alma? ¿Ese alma es inmortal? Básicamente la pregunta vuelve a ser el enfrentamiento con el miedo del hombre a su propia muerte.

-¿No estamos también jugando a ser Dios? A mí, entre muchas otras imágenes culturales, me viene a la mente la de la Torre de Babel…

-Sí, eso de que nuestra ambición va demasiado lejos. Pero depende de tu concepto de Dios. Si lo ves como un titiritero que fija los límites, muy al estilo del Medioevo europeo, entonces habrá cosas que el ser humano no debe tocar. En cambio, si ves a Dios como nuestro amigo, como lo veía el “hereje” y mi héroe sefardí Spinoza, como una fuerza cósmica, que está en todo y lo empapa todo, entonces, el día que me digas: “Sharona, he fabricado un clon”, yo te diré que ese clon también viene de Dios porque tú vienes de Dios. Y el raciocinio que te permitió fabricar el clon también viene de Dios. Entonces todo viene de Dios, y hay un alma inmortal universal que se encuentra en todo. Entonces, ¿cuál es el problema con Dolly? Ella también tiene alma, como todo lo que tiene vida.

-De todos modos hay que marcar la diferencia entre el Golem y el eventual clon humano, en que el Golem no es humano. Contáme primero todo acerca de los monstruos en el judaísmo. Pues el judaísmo ha coqueteado mucho con ellos, ¿no?


-Sí, ya desde el libro de Génesis. Allí se habla de unos “gigantes” que poblaban la tierra. ¿Qué clase de gigantes eran? ¿Se refiere a seres humanos enormes? No está para nada claro. No te olvides que en el judaísmo tenemos una larguísima tradición con cuatro mujeres diablo. No solamente Lilit, yo sé que mis lectores ya conocen a Lilit mejor que la palma de su mano. Pero están, junto con Lilit, Naamá, Majalat y Agrat. Se trata de cuatro mujeres vampiras, demonias, que se han mezclado con los seres humanos y que han producido otra raza. En hebreo los seres humanos se llaman “benei Adam”, los hijos de Adán. Pero de acuerdo con la tradición folklórica judía tenemos también los “benei Lilit”, que son los hijos de Adán con una de las cuatro demonias. Parecen humanos, pero no lo son exactamente. Ahí ya entramos en el terreno de lo monstruoso: podría suceder, Marcelo, que yo misma soy hija de Lilit. Es más, conozco mucha gente que ha trabajado conmigo en la Sojnut que están totalmente convencidos de ello…

-Sharona, yo no lo creo, así que dejá de mirarme con mirada brujeril…

-Quién sabe, Marcelo, la verdad está ahí afuera… De modo que estamos en el terreno de lo monstruoso. ¿Qué pasa por ejemplo con estos gigantes que menciona la Torá? ¿Se refiere a dinosaurios? De hecho, aquí en el Medio Oriente tenemos uno de los cementerios de dinosaurios más ricos del mundo. Así que algunos intentaron sumar uno más uno, y decir que la Torá ya habla de dinosaurios. No sabemos, pero tenemos muchas insinuaciones de lo monstruoso en esta alusión.

Tenemos otra insinuación en la descripción del ángel. Que mis lectores se desprendan ahora mismo de sus lindas imágenes de seres con arpa y alitas que vuelan el séptimo cielo, porque el verdadero ángel es monstruoso. Podemos ver en bustos de arcilla de la antigua Asiria la imagen de nuestro ángel. De acuerdo con la descripción en el libro de Exodo, éste tiene seis alas. Dos para esconder la cara, que es tan espeluznante que ningún “ben Adam”, ningún hijo de Adán, podrá verle jamás el rostro; dos alas para esconder sus órganos genitales, que son tan monstruosos que es mejor prescindir aquí de bromas; y dos alas para volar. No sé cómo te sientes tú, pero a mí no me gustaría encontrarme uno de esos por el alto cielo.

En las descripciones de los ángeles y los serafines también vemos lo monstruoso. El serafín era como un ayudante del ángel. Los serafines tienen parecido con las culebras voladoras, y ellos cuidan el Arca Sagrada. ¿Dónde nos hemos metido? ¿En el terreno de los dragones?

Lo monstruoso sigue luego en la historia judía. Ya en la época del Talmud, en su Masejet Sanhedrín, capítulo 22, versículo 2, leemos que una mujer que ya no es virgen pero que todavía no ha concebido, es también definida como Golem.

¿Qué tenemos? Una serie de seres en gestación, no del todo humanos, que son Golem. Otra serie de seres alados asquerosos y angelicales, más esta citación tan críptica en el Génesis sobre los gigantes, para terminar por ahora con esta referencia al Golem en el Masejet Sanhedrín, más o menos en el tercer siglo de nuestra era. Pero esta vez es una referencia filosófica. ¿Cómo es que una mujer, por no haber concebido, es Golem? Es que la urgencia aquí es tener hijos. Si no los puedes tener, si eres estéril, estás maldita, y eres algo monstruoso.

-Algo menos que humano…

-Sí, esa es la insinuación. Ahora bien: en el siglo XI, empezó a circular en el sudoeste de Francia y en Cataluña, territorio ocupado por España, un libro de siete páginas que se llamó Sefer Haietzirá, el Libro de la Creación, que de hecho es una receta para construir un monstruo. Sefer Haietzirá es uno de los textos cabalísticos más discutidos. No es un tomo, que nadie piense que estamos en el terreno de algo parecido al Zohar. Son apenas siete páginas, atribuidas todas al patriarca Abraham Avinu. Eso obviamente es una falsificación, porque fue escrito en arameo fuertemente influenciado por el castellano de la época. Y sabemos que Abraham no hablaba el arameo, que no existía en su época, y mucho menos “españolizado”. El libro trata del intento de muchos justos y sabios de construir un becerro. Ya mis lectores estarán saltando hacia la asociación con el becerro de oro. No, nada que ver.

-A mí la asociación que me despierta es más bien la de Dolly…

-No, pobre Dolly, a ella también vamos a llegar, pero algunos cabalistas lunatizados dirán entonces que ya la Cábala preanunció a Dolly. Despierten. El primer clon no fue Dolly; fue una rata. Dolly fue sencillamente el clon más famoso.

Pues bien, estos sabios intentan construir un becerro y, para mis lectores argentinos que tienen un vasto gusto por la carne, se lo comen. Mejor dicho, lo quieren comer, y a la hora de probar el primer bocado, se desvanece. Esto es importante porque a la hora de crear un nuevo ser estamos probando también los límites de la realidad. Y leemos al final de este pequeño panfletito de siete páginas, que el profeta Jeremías -el más destacado en la Biblia después de Moisés- sí intentó dar un paso más allá, y creó un ser humano a la precoz edad de 12 años, pero primero pidió autorización directamente de Dios para poder crear este ser. Y Dios se lo concedió. O sea que todo viene de Dios.

El hecho es que a último momento Jeremías se espantó de su propia creación y le pidió a Dios que le quitara el hálito de vida, que en hebreo es “neshamá”. En español no es ni alma ni ánima, sino el aliento de la vida. Es decir que vemos una larga tradición de monstruos en el judaísmo.

En España, en el alto Medioevo, hay un temor super infundado de los monstruos. Había un poeta muy romántico que murió muy joven, pobrecito, de tuberculosis. Vivió en Málaga en los principios del siglo XI, y se llamaba Salomón Ibn Gavirol. Más allá de su fama de poeta, tenía fama de místico. En realidad era científico. El construyó en su casa un modelo enorme de ser humano, para colmo mujer.

-Le gustaban las mujeres, nomás…

-Sí, sobre todo las mecánicas, corazón… De hecho lo que construyó Ibn Gavirol fue una muñeca gigantesca que se movía según las instrucciones griegas de la vieja mecánica. No era magia, pero por supuesto las malas lenguas hablaban y hablaban, y acusaban a Ibn Gavirol de haber fabricado una esclava sexual. Por supuesto, cuando les mostró la muñeca, que estaba construida de numerosas piececitas de madera, muy sofisticadamente ensambladas, se pudo ver hasta qué punto estaba infundado el temor de la gente. ¿Tú qué crees? ¿Está permitido en el judaísmo creer en lo monstruoso?

-Hasta donde sé está prohibida la brujería y los hechizos, manipular fuerzas ocultas. Lo monstruoso se me ocurre que debe estar prohibido también…

-Ah, pero dices “debe estar prohibido”, o sea que no estás seguro de si eso cae en el terreno de la brujería.

-No.

-Muy bien, no lo estés. Porque de acuerdo con el misticismo judío eso era otra cosa. Supuestamente un tzadik, un justo, un sabio, gozaba del derecho, en tanto y en cuanto se lo permitiera Dios, de fabricar un ser viviente con buenos propósitos. Ahora, Marcelo, llegamos al terreno de la clonación. Quizás mis lectores conozcan un libro escrito por una autora mexicana de nombre Laura Esquivel, “La ley del amor”. Tiene lugar en América Latina, dentro de unos 25 años, en que la clonación es cosa de todos los días, donde se guardan cadáveres para que la gente decida qué fisonomía quiere asumir si es que puede encontrar un cuerpo mejor. Digamos, estoy bien harta de mi cuerpo, así que quiero el cuerpo de Sharon Stone. Ahí empieza el tráfico de cadáveres. Primero pago a alguien para matar a Sharon Stone, alguien la mata y yo puedo tomar su cuerpo, a condición que yo deje el mío en el lugar para que otros lo puedan usar para fines de clonación. Es una pesadilla, es usar el tema de la clonación para malos propósitos. Pero lo chistoso es que en el folklore judío, ya desde épocas muy remotas, se habla de la posibilidad de fabricar un ser viviente para buenos propósitos. Y eso no se considera herejía. Sefer Haietzirá, que sabemos que fue escrito en Cataluña o en el sur de Francia en el siglo XI, dicen a los sabios que creen el segundo becerro, y Jeremías es loado, no ha cometido un pecado ni se insinúa tal cosa. Se dice solamente que Dios debe dar su autorización. Eso nos pone en un dilema muy grande, porque entonces significa que si tengo el aval de Dios, sí puedo crear un ser humano. ¿Qué problema habrá entonces con la clonación?

-Con la clonación a mí se me ocurren dilemas morales. Me vienen a la memoria dos producciones culturales de cuando en los años ’80 empezó a hablarse del tema. Una es el libro “Los niños del Brasil”, de Ira Levin. Se trata de Joseph Mengele y su intento de crear un ser genéticamente igual a Hitler. De un pelo del líder nazi procrean a cientos de niños y tratan de criarlos repitiendo lo más posible los acontecimientos de su vida. Su padre murió cuando él tenía 13 años, así que ahí andaba Mengele, mandando a asesinar a unos 94 padres -postizos, claro- de estos clones, y ahí se ubica la trama del libro. La otra es “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Para evitar la suciedad del sexo (el SIDA no se conocía aún cuando se escribió), toda la gente nace de probetas, clonados. El concepto de paternidad deja de existir…

-Sí, y tenemos una raza divorciada de sus raíces. Toma cualquiera de estas ideas, la de los niños endemoniados del Brasil, o estos payasos que viven en el paraíso de Huxley. ¿Existe esta posibilidad, desde lo ético, en el judaísmo? Yo te digo que sí. Y te voy a dar un ejemplo que muchos en la ultraortodoxia prefieren olvidar. En la Torá, según cuenta el libro del Levítico, cuando vagábamos por el desierto, y nos atacó una enfermedad no nombrada, Moisés, para curar la enfermedad, fabricó una inmensa culebra de nombre Nejushtán. El nombre es muy interesante, porque nejoshet, que significa cobre en hebreo, viene de la misma raíz de najash, serpiente, implica alguna unión entre los conceptos de serpiente y el material del cual Moisés fabricó este ídolo vivo. ¿Y qué hace Moisés con Nejushtán? Lo coloca frente a las tribus enfermas, reza a Dios -de nuevo la conexión entre el hombre y Dios, no se puede hacer nada a sus espaldas- para que, a través de Nejushtán, este monstruo benévolo, se cure la enfermedad. Y la enfermedad se cura.

-¿Y después qué pasa con Nejushtanito?

-Nejushtanito no se va. Lo llevamos con nosotros. Tú nunca escuchaste acerca de Nejushtanito, porque su historia no se enseña en las clases de Torá y judaísmo con la morá Rujl. Es que seguramente tienen miedo que los chicos después se vayan a fabricar sus propios Nejushtanitos. Una linda actividad para los sábados en la tnuá: “Chicos, así como el sábado pasado fabricamos bolitas de chocolate para alegrar a mamá, hoy fabricaremos un bicho precioso: Nejushtanito”…

Lo cierto es que al Nejushtán de Moisés lo volvemos a encontrar en el Primer Templo, sonriendo a la gente…

-¿Qué era? ¿La mascota del Primer Templo?

-Mascota tu madre: él se encontraba en el recinto más sagrado del Templo, y velaba por nosotros. Es decir, que dentro del Recinto Sagrado se encontraban Dios, las Tablas de la Ley, el Sumo Sacerdote y… Nejushtanito. Leemos que después de la época del Primer Templo, profetas como Isaías y Ezequiel se quejaban justamente del uso que se hizo de Nejushtán, porque en la época del rey Jezequías la gente empezó a ofrecerle sacrificios. Y por ende sostenían que había que destruir a Nejushtán, despedazar el monstruo, el ídolo, el ser, como lo quieras llamar.

¿Cómo es que no se habla de Nejushtán? Después de todo, yo no lo inventé, está ahí en nuestras fuentes. Parece que todo lo monstruoso, de lo que nosotros podemos fabricar para nuestros fines, tiene justificación. Los fines son buenos en el caso de Moisés: Nejushtán curó al pueblo. Lo mismo en el caso del Golem, supuestamente fabricado por el rabino Iehuda Lau a fines del siglo XVI, que era un ser fabricado de barro y arcilla y que supuestamente cuidaba al pueblo de los pogroms; de él ya hemos hablado en otra clase. En el judaísmo intentamos de algún modo modificar los aspectos de lo monstruoso, en tanto lo podamos controlar.

Es interesante que Jezequías llame a destruir a Nejushtán, pues si no lo hacemos, quizás él acabe adquiriendo poder, como que hemos entrado en terreno peligroso. O sea, en el judaísmo, la idea de tener dominio de nuestra creación, es que canalicemos a ésta hacia buenos fines. ¿Pero qué hizo Moisés cuando fabricó a Nejushtanito? ¡Clonó una serpiente! Usamos otro lenguaje, pero básicamente Moisés fabricó una serpiente de modo artificial. ¿Qué diferencia hay entre Nejushtanito y Dolly?

-Frente a todo lo que conocemos que el hombre puede hacer, se nos presentan contundentes todas las pruebas que nos ha dado de su falta total de sentido ético. Por un lado la modernidad, y por otro el Holocausto, esa forma de industrializar y racionalizar la muerte, que es eminentemente moderna. Por un lado la energía nuclear, el ejemplo clásico, con todos los avances que conlleva, y por otro la bomba. La clonación plantea un desafío similar. Por un lado los usos médicos, hasta quizás la mejora de la especie humana, si se quiere, en un sentido positivo. Pero por otro lado esto podría conducir a un nuevo tipo de darwinismo social.


-Y entonces Nejushtanito nos está mirando desde el confín de los siglos…

-Sí, nos está mirando y diciéndonos: “¡Cuidado!”. Nos mira y nos pregunta: “¿Todo lo que puede hacer el hombre, lo debe hacer, sólo porque puede?” ¿No hay un punto, Sharona, en que el hombre va a tener que decirse a sí mismo: “hasta acá”?


-Ese es el punto, Marcelo, nos has llevado al punto principal: mientras Moisés dirija a Nejushtán, todo está bien. En el desierto Nejushtán era benévolo, pero cuando se vuelve objeto de idolatría, se vuelve fuerza maléfica y surge la necesidad de destruirlo. Del mismo modo, mientras se utilice la teoría de la clonación con fines benéficos, no hay por qué oponerse a ello. En el hecho de clonar un hígado para trasplante, o la técnica que fue aprobada en Inglaterra, no veo ningún problema.

-Sí. Actualicemos la información: el parlamento de Gran Bretaña acaba de aprobar una ley por la cual se permite la fabricación de embriones humanos por métodos artificiales de hasta 14 días -o sea, por ahora el hombre se sigue poniendo límites- para usar esas células embrionarias como material genético fresco a ser utilizado con fines curativos. Después de ese término se debe poner fin a la vida de esos embriones.

-O sea, Nejushtán II…

-Está bien, pero entonces ¿qué hay que hacer? ¿Dejar vivir a los embriones? Del otro lado, ¿es asesinato terminar con esos embriones a los 14 días?


-¿Fue asesinato matar a Nejushtán? Mira, puedes matarte de la risa si quieres, pero en el siglo XVII y XVIII hubo en el judaísmo una polémica halájica acerca de la posibilidad o no de incluir al Golem en el “minián”, el quórum de rezo, el mínimo de diez varones en la sinagoga para efectuar un servicio religioso completo. Ello señala que la gente creía sinceramente que existían seres hechos de barro y arcilla que tenían el aliento de la vida concedido por Dios, es decir, fabricados por seres humanos pero poseedores de conciencia y autonomía. Este ser podía incluso rezar, y como tal, se discutía si invitarlo a la sinagoga, dejarlo subir a la Torá y hasta leer de ella. Es decir, que la existencia de estos seres semi-humanos era dado por hecho. Para que mis lectores entiendan la magnitud de esta concepción: para esa época, nadie se había atrevido a elevar a discusión la posibilidad siquiera de integrar a ese minián a una mujer. Es decir, el Golem era más humano que una mujer.

-Una última producción cultural que viene al caso es la película Blade Runner, de Ridley Scott, 1981, que protagonizara Harrison Ford. Trata de la creación de robots para trabajos, pero que se les da fisonomía humana, sangre y demás, así como la capacidad de aprender por sí mismos y hasta de sentir. Los androides terminan rebelándose -es decir la pesadilla del Golem, de Frankenstein, y ahora también de Nejushtán-, la rebelión es aplastada y Harrison Ford está encargado de liquidar a los últimos sobrevivientes. Pero se acaba enamorando de la más avanzada de las androides, a la que se ha implantado memoria: recuerdos de infancia, seres queridos, y la creencia de que es efectivamente humana. Este robot semi-humano, ¿es “humano”? Y por lo tanto, matar a uno de ellos, acabando con su conciencia y sus deseos, ¿no es homicidio? Harrison Ford -su personaje- se desgarra en el dilema, pero el final no se los cuento.


-Bueno, justamente en muchas leyendas del Golem se habla del rabino Iehuda Lau que decide matar, adormecer, hacer “desaparecer” para usar un triste eufemismo argentino y chileno -en días en que volvieron a decidir no someter a juicio a Pinochet-, precisamente en el momento en que al Golem se le ocurre enamorarse de una joven de la comunidad, lo que nos lleva al punto que marcaste en Blade Runner…

-O sea, ¿hasta qué punto les vamos a permitir ser “uno de nosotros”?

-¿Y quiénes somos nosotros para decidir quiénes van a ser “uno de nosotros”? Por eso entramos en el terreno de lo nítidamente moral. Aquí me voy a remitir a Rambam, Maimónides, porque era científico y también rabino. Reniego tanto del fanatismo religioso oscurantista que niega la ciencia, como el fanatismo laico que ve en toda la religión y en todo lo espiritual un fósil obsoleto. En hebreo ciencia, “madá”, viene de la misma raíz de la palabra “ieda”, conocimiento, y de la de “ladaat”, que es saber y también amar. Cuando en la Torá hablan de la primera relación sexual entre una pareja se utiliza la palabra “ladaat”, porque el amor y el conocimiento íntimo van juntos. Como dijo el Rambam, a través de la ciencia uno va entendiendo la Creación y se acerca más a Dios, lo alaba más.

Entonces, volviendo a la clonación, en tanto se use para fines benéficos, como puede ser los transplantes o la curación de órganos dañados, incluso quizás, algún día, poder darle una nueva pierna a alquien que la perdió en un accidente y cosas por el estilo, que nos parecen hoy bien descabelladas, vamos por buen camino. No hay que terminar con los experimentos, pero sí hay que asegurar que Moisés dirija por siempre a Nejushtán.

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Una de Piratas

febrero 17, 2007

Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

Quién no ha pasado sus tardes post-escolares leyendo, o viendo por TV, historias de piratas. Pocos saben que entre esos temerarios personajes hubo también judíos. ¡Al abordaje!

Dedicado a un rebelde, el Nano, Joan Manuel Serrat

-Mirá, Sharonah, una vez más me dejás anonadado. Te invito a mi casa, te sirvo café e incluso chocolate, porque hace frío, ¿y vos, sin más ni más me espetás que vamos a hablar de piratas judíos? Primero me vas a tener que explicar de dónde diantre sacaste ese tema.

-Chocolate en mano te cuento, para empezar, que tengo suma debilidad por los piratas. Admiro esa imagen varonil, y admito también que la última película sobre Piratas del Caribe con Johnny Dep ha hecho lo suyo. Confieso que fue esa película la que me dio el empuje para investigar el tema. Y pensé que sería lindo charlar de piratas, descansando un poco del fango del Medio Oriente, aunque nuestros lectores pueden quedarse tranquilos, ya vamos a llegar allí también.

-Yo no vi la película, ¿había algún motivo judío?

-Para nada. El único estímulo fue que Johnny Dep estaba guapísimo. Así que me interesó investigar si habría alguna conexión entre nosotros y esa guapa gente. Y fíjate que uno de nuestros más ilustres historiadores, Flavio Josefo, dedica un capítulo entero de su libro Las guerras de los judíos, ¡a la piratería judía! Pero primero tenemos que definir qué es un pirata.

-Definamos, pues.

-Olvidándonos del asunto de la imagen física del hombre super guapo con espada…

-Para mí es más bien un hombre contrahecho, con pata de palo, un ojo tapado, loro al hombro y bastante histérico…

-¡Basta, cállate! Esos serán tus piratas, no los míos. Pero definitivamente, fuera de eso tenemos la imagen de un forajido, puede ser al estilo Robin Hood o bien al del criminal más bajo, que ataca barcos que pertenecen a alguno de los imperios del momento histórico dado. Es el ejemplo de los piratas ingleses de los siglos 16 y 17, que atacaban embarcaciones españolas, que eran vistos en Inglaterra ni más ni menos que como héroes luchadores por la libertad. En España, obviamente, eran vistos como criminales de la peor calaña. Cuando Flavio Josefo escribía acerca de piratas judíos, relataba sus ataques a barcos romanos, partiendo del puerto de Yafo. Es decir que en la época romana, Yafo tenía una onda súper pirata. Y se trata de piratas que eran admirados por los judíos, pues eran marineros judíos que atacaban y luchaban contra el enemigo romano. Este, como todo imperio, era una fuerza opresora, y también los judíos de la época veían a estos piratas, que atacaban barcos romanos y los saqueaban, como grandes héroes. Es decir, ellos estaban robándoles a aquellos que desposeían a su pueblo, por lo tanto la piratería es glorificada en momentos en que la situación política así lo justifica.

Ahora bien, ya estoy escuchando a lectores paranoicos diciendo que con esto estoy justificando a los palestinos. Nada más lejos de la verdad, una de las cosas que caracterizaban a los piratas judíos, es que eran unos perfectos caballeros. Respetaban mucho el honor de las mujeres… Ello es así, si vamos a creer a Josefo, pero a Josefo hay que creerle muchas cosas: también nos dio la ubicación exacta del Segundo Templo, y del Kotel (Muro Occidental) y del 99% de los sitios arqueológicos que tenemos aquí en Jerusalem. El hecho era que estos piratas judaicos no mataban civiles y no robaban a los pobres sino a los acaudalados, bien al estilo de lo que hoy llamaríamos Robin Hood. Me podrás decir que es una imagen romantizada, y probablemente lo es en cierta medida. Pero no nos podemos olvidar que en la época de la piratería del Caribe en la época de la colonización española, cuando ese mar estaba infestado de piratas, existía lo que se llamaba el código del pirata. Y en ese código había una buena dosis de honor, lo que los convertía en no tan mala gente.

-Como diría Joan Manuel Serrat, el cantante catalán, “un poco bestias, pero buena gente”.

-Sí, probablemente no habían terminado la secundaria, y hablaban de un modo callejero, pero definitivamente se podía hablar de un código de honor. Obviamente no todo pirata respetaba el código de honor, así como en cualquier profesión, hay profesionales que no respetan la ética de esa profesión. Yo puedo estar segura de que hay más cantidad de piratas que lo respetaban que los de cualquier otra profesión. Bueno, ya creo que queda claro mi favoritismo. Ya veo tu mano levantada para preguntar, pero antes déjame que te agregue un punto. Tito, el general romano, sobrino y también yerno del emperador Vespasiano, y el que destrozó el Segundo Templo, puso tanto énfasis en el aspecto naval de la guerra contra los judíos, que se acuñaban monedas en Roma describiendo las victorias sobre Jerusalem, en las que se leía “Victoria Navalis”. Interesante, porque Jerusalem muy “navalis” no es. El puerto naval en todo caso era Yafo. Los remito para ver esta curiosidad a la Enciclopedia Judaica, en el valor “Seas”, mares, y en la versión española “Comercio marítimo”. De ahí aprendemos el valor que los romanos le asignaban a la piratería judía en el marco de toda la guerra. Tu pregunta.

-Sí, profesora. ¿Qué decían los rabinos a todo esto? Porque después de todo se trata de robo, una flagrante violación del octavo mandamiento.

-Sí, pero ahí entramos en otra discusión: ¿cómo se define “robo”? Porque si un imperio viene y te quita todos tus bienes, como hicieron los españoles con los indígenas y los romanos con nosotros, o de nuevo los españoles a los judíos españoles, ¿cómo es vista la lucha por recuperar esos vienes? Ahí empieza la discusión, porque, para empezar, había piratas de toda índole. Tal como hoy en día hay buenos y malos psicólogos, entonces había buenos piratas y malos piratas. Algunos piratas eran luchadores ideológicos por la libertad, después voy a hablar de uno muy famoso. También hubo criminales que se sumaron felices a la carrera del saqueo. O sea, si el poder dominante es corrupto, y despoja de sus bienes a sus conquistados, llegaremos al punto en que cualquier opositor será un héroe, lo cual también es una deformación.

-Así es, porque surge la pregunta acerca de la justicia de la distribución del botín. ¿Acaso aquellos que definimos como “buenos piratas” robaban a los romanos injustos y malos y luego volvían a su tierra y devolvían cada cosa a sus legítimos dueños?

-Ahí está la gran pregunta. Josefo, al describir a los piratas judíos, habla de gente luchando para recuperar lo suyo, ya sea su tierra, sus bienes económicos. Esta cuestión me hace recordar un caso de la historia posterior, cuando en Zaragoza en la época de la Inquisición un grupo de judíos decidió asesinar al inquisidor, y efectivamente hubo asesinatos de inquisidores. Tú tienes que decidir si se trata de asesinato, o de lucha por la libertad. Yo veo a la Inquisición como un régimen brutal y opresor, pero desde el punto de la ley española eran asesinos.

-¿Cuál es la siguiente manifestación de piratería judía?

-Por lo que sabemos se da alrededor del sexto siglo. El mundo judío se desarrolla fuera de Palestina y la piratería no desaparece. Al contrario, en el siglo VI hay testimonios de sacerdotes de la Iglesia que cuentan acerca de piratas judíos que operan en las costas del norte de África, en las épocas en que nosotros y nuestros primos musulmanes nos llevábamos mejor y atacábamos barcos cristianos. Estoy convencida que hoy los fundamentalistas musulmanes no estarían dispuestos a recordar semejantes episodios, pero la verdad es que hemos luchado juntos mucho tiempo y en muchas batallas. Lo extraordinario del caso son los testimonios de piratas que se negaban a navegar en Shabat. Eso suena muy chistoso.

-Robar sí, navegar en Shabat no. ¡Es genial!

-Sí, un poquito inconsistente de su parte. Es más: hay un documento clerical del sexto siglo que da cuenta de la toma de Cairruán, en Túnez, que fue probablemente uno de los más grandes centros de la cultura sefardí en el norte de África. Un clérigo, el obispo Sinesio, cuenta de su captura por piratas judíos, y dice que lo trataron muy bien. O sea, seguramente despilfarraron todo lo que llevaba el cura, pero eso sí, lo trataron dulcemente. Obviamente, por ser judíos, los piratas le habrán dado de comer suculentamente también.

-Danos la plata, pero comete ese guefilte fish, que estás muy flaco…

-No, eran sefardíes, Marcelo, así que lo obligaban a comer kube… Volviendo a la seriedad, el hecho es que el cura cuenta que los piratas lo devolvieron a su familia. Pero mientras estaba en cautiverio en el barco pirata judío, anotaba que llegaba el viernes a la noche y cesaba toda actividad. Aunque hubiera una tempestad, los marineros judíos se negaban a trabajar en la cubierta, al punto que el sacerdote temía que la embarcación se hundiera. Y agregaba casi con enojo que la barca no se hundía, como si contara con alguna clase de protección divina o sobrenatural.

-Lo único que falta: Dios está del lado de los bucaneros judíos...

-Sí, pero yendo a ese punto justamente, estamos en un terreno en el que la moral, el bien y el mal, se confunden. Mientras la piratería no traspase los límites de vida o muerte, todavía podemos vivir con ella. Pero también tenemos historias de piratas que son horribles, donde mataban y pillaban a granel. Tengo que decir con pesar, también, que esos eran la mayoría. Pero había piratas caballerosos a lo largo de toda la Edad Media. Es más, Rambam…

-¡…Era pirata!

-No, entiendo que como periodista inescrupuloso que eres buscas el titular, la gran revelación: “Rambam era pirata”. Pero no, lo tuyo roza la herejía. Maimónides no era pirata, Marcelo, pero tenía un hermano de nombre David, David Ben Maimón, que viajaba frecuentemente a la India, país con el que estaban en contacto los judíos de la costa. Allí el fenómeno de la piratería era bien conocido, y dependiendo de parte de quién estabas, el pirata era o no tu amigo. Maimónides le escribe a su hermano una carta, también citada en la Enciclopedia Judaica, donde le advierte que hay embarcaciones piratas, de propiedad tanto de judíos como de musulmanes, en las que los judíos podían llegar a tener hasta la tercera parte de la propiedad de cada barco. Eso también nos habla de una etapa de estrecha colaboración entre judíos y musulmanes. En este contexto, los judíos solían llegar a posiciones de mando, sobre todo porque los piratas eran personajes que estaban al margen de la ley, y los judíos eran gente que no gozaba con la protección de la ley en tierras cristianas. Es decir había menos piratería judía en tierras musulmanas, pero sí piratas judíos que junto con los musulmanes atacaban a cristianos. No lo digo para ofender a nuestros lectores cristianos, pero esa era la situación.

-Demos otro salto en el tiempo. ¿Cuál es nuestro próximo puerto pirata?

-Siglo XVI, en el que ya los piratas han adquirido la forma que conocemos y queremos: botas de cuero, espadas espléndidas, cabellera larga…

-Sombreros con dibujos de calaveras y dos huesos cruzados.

-Exacto. No nos olvidemos que había una de las tribus perdidas de Israel asociada directamente con los marineros y los piratas, que era la tribu de Zevulún. En la Biblia, la tribu de Zevulún está recordada como aquella que navegará los mares y buscará los tesoros debajo de las arenas. Esa misma tribu está asociada a comunidades judías lejanas, como la de la India, a nivel de comercio y vida marítima. Y te cuento algo más para aturdirte otro poco. Hay una tribu en el Japón que se llaman los Makoya. Ellos son admiradores y colaboradores apasionados del Estado de Israel, incluso tienen una sede aquí en Jerusalem, y vienen a visitar el país cuando muchos de nuestros lectores judíos no lo hacen, aun cuando la economía se los permite. En fin, los Makoya sostienen -puede ser leyenda o verdad- que descienden de japoneses y de la tribu de Zevulún que navegaron hasta las costas del Japón en la Edad Media. Te cuento también que sí hubo una comunidad judía en China, en la ciudad de Kai Fen, y eso está absolutamente documentado, una comunidad que existió hasta la invasión japonesa en 1937. Así que judíos en el Lejano Oriente había. Y si de la Europa inquisitorial me tengo que ir con lo puesto porque si no me queman, no voy a ser tan selectivo de negarme a viajar en un barco pirata. Así entraban en contacto judíos y piratas, y era inevitable que algunos judíos, que debían iniciar una nueva vida sin tener nada para perder, se convirtieran también en tales.

-¿Tenemos algún ejemplo de piratas judíos conocidos?

-Sí, tenemos al primer pirata judío registrado en el siglo XVI, que era el capitán piloto de uno de los marineros o piratas ingleses más conocidos de todas las épocas, Sir Walter Ralley.

-Perdón, pero los ingleses lo recuerdan como un gran explorador.

-Sí, pero depende de tu óptica, porque en España, cuyos barcos atacaba sin piedad en el Caribe, lo recuerdan como el más sanguinario y criminal de los piratas. El Caribe era un punto clave para la piratería, porque toda la riqueza de Perú y de Méjico iba para España vía el mar Caribe. Sir Walter Ralley tuvo como capitán piloto a un judío español de nombre Simón Fernández, que se había escapado de la Inquisición. De nuevo: para los ingleses este judío español era un héroe, y para los españoles era un traidor. Desde el punto de vista inglés, quién mejor para luchar contra el imperio español que un judío que ha huido con lo puesto de las garras de la Inquisición: primero porque tenía su ira personal contra España; segundo, entendía muchas cosas de España que los ingleses no; tercero, hablaba el idioma. Es decir que judíos españoles y piratas (o bucaneros, o marineros, o exploradores) ingleses, se juntaron ya por esos días. Seguimos con Sir Walter Ralley, porque se llegó a enamorar de una mujer judía llamada María Núñez, también fugada de España. Ralley estaba loco por ella, pero al final no se casaron por diferencias religiosas. Al final María Núñez se quedó viviendo en posesiones inglesas en el Caribe y Ralley volvió a Inglaterra.

-¿Es decir que la piratería judía en el Caribe tenía matices de protesta política contra la Inquisición?

-Sí, pero además eso les confería en el lado inglés aceptación social, no tanto en Inglaterra misma, donde había una pequeña comunidad judía con status dudoso, como sí en las posesiones inglesas en el Nuevo Mundo. Ahí estaba el asunto, los judíos preferían el Nuevo Mundo porque era grande: no se podía capturar tan fácilmente a la gente. Todos buscamos la aceptación social. Y si los únicos que nos aceptan son piratas ingleses, pues vamos con ellos.

Así llegamos a la época de oro de la piratería, fin del siglo XVII, en la isla de Jamaica. El imperio español es grande, pero ya en decadencia. Los ingleses están atacando a los galeones españoles por todas partes. Y hay muchos cripto-judíos esparcidos por todo el Nuevo Mundo. Para mis lectores argentinos: ya había por ejemplo una colonia bien grande de estos judíos en Sacramento, otra muy grande en Tucumán, la famosa Ibatín, como se llamaba en el idioma calchaquí. Y muchas de estas comunidades judías se unían por rutas de piratería, porque ser judío en un país dominado por España o Portugal era ilegal. Es decir que el judío tenía el mismo status que el pirata.

Pues bien, en una isla que se llama Curazao, que pasó a control holandés, ya había sinagoga. Es decir que ya había judíos que lo eran abiertamente. Y los judíos, como solía suceder, trabajaban en el comercio, porque siempre tenían que estar de un lado al otro.

Voy a decir algo problemático: había judíos que también eran esclavistas. Obviamente, también habían muchos musulmanes que lo eran, y los judíos no superaban en número a los musulmanes esclavistas. Condeno la tendencia de ciertos historiadores a destacar el papel judío en el tráfico de esclavos. Los musulmanes eran bien activos en el tema, tal como lo eran, y más, los esclavistas cristianos. Pero al unirte con piratas no podías ser esclavista, porque los piratas también aceptaban a esclavos escapados. ¿Ves qué buena onda la de los piratas? Aceptaban a esclavos, y también a judíos.

-Defensores de los derechos humanos…

-Sí, Martin Luther King con espada. Bueno, no exactamente. Como quiera que sea, volviendo a Jamaica, cuando pasó a control inglés, muchos cripto-judíos vieron la posibilidad de pasar a esa isla. Era -y es- una hermosísima isla, y también era centro de contrabando. Los judíos de por sí ya eran semi-contrabandistas, por ser judíos, y por lo tanto tener status ilegal. Y había un pirata inglés, muy famoso, el más famoso de la historia inglesa, que se llamaba Henry Morgan.

-¡Ah, el pirata Morgan! Lo estaba esperando.

-Claro, a ese lo conocen todos. Henry Morgan era un tipo… Bueno, digamos que no lo invitarías a tu casa para Shabat porque se robaría la mesa. Pero eso sí: no era antisemita. Entre sus tripulantes tenía a muchos judíos, principalmente fugados de Portugal, y también a muchos negros. Era muy tolerante, ¿ves? Morgan nació en Gales, llegó muy joven a la zona del Mar Caribe y vio que esa era la zona ideal para construir su carrera. Atacó a los barcos españoles por doquier y se le unieron muchísimos judíos, al punto que se llegó a formar una colonia judía en la zona pirata de Jamaica. O sea, ya estábamos indeleblemente identificados con los piratas. El mismo Henry Morgan, luego de una carrera fulgurante en la piratería, fue nombrado alcalde de la capital de Jamaica. Deja de reírte, Marcelo, sé que no es una historia extraordinaria y que muchos de nuestros lectores podrán aportar comparaciones con sus políticos locales.

-Los nombres quedan reservados en nuestra redacción…

-Ya siendo alcalde de Port Royal, la antigua capital de Jamaica (hoy es Kingston), convirtió la isla en zona abierta, tanto al contrabando y al ahorro ilegal, como a judíos y a negros fugados de la esclavitud. Comenzaron a construirse sinagogas, incluso escuelas judaicas, así como albergues para esclavos escapados. Aquí entonces tenemos un problema, porque por un lado no queremos identificar a los judíos con los piratas, pero por otro el pirata ya no nos parece tan horrible. Henry Morgan es conocido en efecto como un gran amigo de los judíos, al punto tal que años después de su muerte, en año 1692, cuando hubo un terremoto horrible en Jamaica, que destrozó totalmente a Port Royal, los judíos, que estaban rezando en Shabat cuando empezó el temblor, fueron todos en masa a lo que se conocía como la Fortaleza de Morgan, lugar que a ojos de la comunidad judía se había convertido en símbolo de refugio. Es decir, Morgan, un pirata, tenía una mujer en cada puerto, pero trataba muy bien a las mujeres… y también a los judíos.

¿Qué te parecen ahora los piratas? ¿Tienes todavía algún reparo para con ellos?

-Ninguno, en absoluto. He quedado prendado de su espíritu excelso.

-¿Entonces, por qué crees que la historiografía oficial no quiere que conozcamos este capítulo de los piratas judíos? ¿Por qué no se enseña en las escuelas judías?

-¿Tal vez porque es herético pensar en un pirata como una buena persona? Supongo que a los establishments judíos de todas las épocas ni se les habrá pasado por la cabeza estudiar el tema. También habrá habido falta de información.

-Falta información y quizás sobra censura, porque los historiadores sí lo han estudiado. Un ejemplo: había un gran escritor e historiador israelí de nombre Rafael Patai, que antes de la creación del Estado de Israel, en 1938, escribió un libro increíble que en hebreo se llamó Hasapanut HaIvrit, La Vida Marítima Hebrea, que incluye la magnífica historia de todas las aventuras de los piratas judíos. Pero ningún líder judío ha querido jamás que eso formara parte del currículum. Las historias de Morgan y los judíos son muy conocidas en Jamaica, y son parte de la historia de ese país. Pero no de la nuestra.

-¿Entonces?

-Quizás tiene que ver con el modo en que el resto del mundo nos ve, con la imagen que queremos proyectar.

-La de que el judío es alguien que no roba. El pirata tiene que ver con la riqueza. Si unimos lo judío a la piratería, estamos dando “pasto a los leones” del antisemitismo, como que también está en nuestra naturaleza robar y piratear.

-Eso podría ser, si bien en Jamaica todos se ven a sí mismos y a los piratas como Robin Hood, y la gente pobre allí está encandilada con los piratas, porque robaban a los ricos y daban a los pobres. También los piratas judíos del siglo XVI y XVII eran generosos con los pobres.

-Otra autoimagen del judío, tal vez, es la del judío legal, hasta sumiso, que no hace problemas al estado, al poder. Aquel judío que se dedicaba a trabajar, a rezar y a estudiar. Aquel con el que el sionismo quiso romper. Y sin embargo, el sionismo tampoco destaca la imagen rebelde hacia el poder que tuvo el pirata judío, tal como sí destacó la imagen de los rebeldes macabeos.

-Aquí no estoy hablando de una censura conciente, sino de algo más inconsciente. Hice esta pregunta a estudiantes judíos israelíes en una conferencia sobre este mismo tema. Su respuesta fue muy interesante, que nos lleva al tema de nuestra normalización como pueblo. Ellos dijeron que en la piratería se ponía de manifiesto un aspecto que no era nítidamente intelectual, como sí lo es la imagen que hemos querido siempre proyectar, tanto en Israel como en la diáspora: el judío médico o abogado; el israelí científico, con adelantos en la medicina y la alta tecnología. Por el contrario, el tema de la piratería está ligado con algo muy interesante que jamás ha sido enfatizado: la sexualidad. No es casual que tantas veces, como en la última película que me empujó a este tema, los piratas sí son retratados como increíblemente guapos y sensuales. Como la sensualidad de cualquier rebelde. Y la sensualidad no es aceptable a nivel de la educación formal en ningún lugar. No es casual que en Inglaterra, la tierra del victorianismo, se enseñe a Sir Walter Ralley mucho menos de lo que se enseña en Jamaica, donde él pirateaba, y donde se lo recuerda con mucho amor. Mira, hay un tema en la sexualidad que espanta. En las escuelas musulmanas tampoco enseñan sobre sus piratas, pues allí también reprimen todo lo que es cambio y sexualidad. Y aquí voy a citar a uno de los chicos israelíes, en la universidad, que me dijo: “La sexualidad es el elemento que más expresa la libertad humana. Cuando reprimes la sexualidad, esclavizas el espíritu”. Interesante. Así que levantemos nuestras copas de vino, que sensualiza nuestros sentidos, y brindemos con mucho amor por los piratas judíos.

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Los estereotipos y el miedo a la realidad

febrero 6, 2007

Las clases de Sharona
Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

A lo largo de la historia los estereotipos han alejado a los hombres al punto de provocar matanzas y guerras. Ellos son el fracaso del hombre en afrontar la realidad compleja que los rodea, optando por etiquetas a modo de tranquilizantes.

-Sharona, estamos grabando esta charla en tiempos de la Convención Mundial de la Tierra, y me entero que hay un grupo de diálogo israelo-palestino. A raíz de ello, si hablamos de estereotipos, te pregunto: cuál es esa personalidad que vive de estereotipos y cómo es la personalidad que puede trascenderlos para encontrarse con el otro.

-Flor de pregunta, porque allí en Johannesburgo tienes varios tipos de grupos israelíes y palestinos. Hay un poco de estudiantes, algunas bandas estudiantiles bastante radicalizadas de ambos bandos, que se gritan unos a otros y no logran prácticamente nada, bien envueltos en toda una telaraña de juicios y slogans. Nada mejor que un lema para no tener que pensar. Es un deprimente ejemplo de cómo un estudiante que supuestamente está en una etapa que cuestiona los estereotipos y busca otras avenidas, puede ser el que más apaga su mente.

Junto a ellos tenemos a otros israelíes y palestinos que son ecologistas, metidos en un trabajo ecológico a nivel mundial, no jugando a ser ecologistas en la universidad sino que lo son realmente. Han podido trascender los estereotipos de “israelí” y “palestino” para ver la realidad ecológica que amenaza a todos en el Medio Oriente, empezando por la falta de agua. Esa gente, más seria, con menos colorido que los dramáticos estudiantes que se lanzan maldiciones mutuas, pero con un trabajo constante y con espíritu de colaboración, ya han iniciado varios proyectos que incluyen la colaboración de la juventud israelí y palestina en programas de conservación de agua y protección del medio ambiente.

Así que en la cumbre de Johannesburgo tienes la respuesta perfecta a tu pregunta. Los que allí viven de estereotipos, los estudiantes radicalizados de ambos bandos, son “nenes de mamá”, y perdón que lo digo así, pero lo digo con todas las letras, porque se relaciona mucho con la atracción por el estereotipo. Son “niños bien”, no son pobres refugiados palestinos, no son sufridos judíos. Son chicos de clase media-alta de ambos bandos: de otro modo no hubieran podido siquiera llegar a Johannesburgo. Son también aquellos que no tienen que lidiar con la realidad de la que supuestamente están hablando.

Precisamente, el que vive a través de los estereotipos es aquel que no quiere lidiar con la realidad. En el caso del estudiante, muchas veces se puede escapar de la realidad porque vive en un mundo de conceptos e ideas. Pero en el caso de los ecologistas, que ya no están en la universidad, sino que están atestiguando la falta de agua lisa y llana, el aire contaminado y el peligro mutuo que acecha a ambos pueblos, ya no necesitan del estereotipo. El que prescinde de estereotipos es la persona que está dispuesta a pensar. El que necesita de los estereotipos, por todo el dramatismo que contienen, es una persona que tiene un miedo infernal a asumir la responsabilidad por su propia vida. Porque los estereotipos lo que tienen es que te liberan de responsabilidad de todo. Te permiten meter todo en un rótulo y dejar de pensar.

-Muy bien. Queda claro lo de la responsabilidad de pensar. Pero no me queda claro el tema de eludir la realidad. Una persona que está oprimida, palestino o de cualquier lado, y que estereotipan a su opresor: todos los nazis son una basura, todos los alemanes son una basura…

-Todos los nazis sí; todos los alemanes no…

-Muy bien, o todos los sionistas son una basura, todos los israelíes también, en el caso de los palestinos…

-O todos los palestinos son la misma basura, en el caso de los israelíes…

-Está bien, esa es otra cuestión. Yo hablo de un pueblo oprimido, y no me meto en la complejidad de que su propio liderazgo es más una desgracia que un liderazgo. Pero más allá de quién tiene la culpa, ellos sí están viviendo y lidiando todos los días con una realidad terrible: la ocupación y la miseria. Entonces ahí me parece que se pone en juego un mecanismo de unificación de todos contra ese enemigo ocupante y que está estereotipado para que podamos estar de acuerdo. Una especie de mecanismo de defensa.

-Sí, pero es un mecanismo de defensa contra un análisis complejo de la situación. Y vamos a quedarnos un momento en el Medio Oriente y después vamos a llevar a nuestros lectores al Yucatán, y van a ver que hay una conexión.

El palestino que quiere un estado independiente, que es cualquier palestino, pero que sí está dispuesto a llevar a cabo un trabajo de análisis para poder entender al judío, porque solamente entendiendo al judío va a poder conseguir su estado, este palestino no va a estar dispuesto a reducir todo a estereotipos. Por ejemplo, si de repente entra un tanque a su aldea para demoler una casa, y él cree que todos los judíos somos una inmundicia, por supuesto va a odiar a los judíos y se va a olvidar que hay muchos organismos dentro de Israel, sea Shalom Ajshav (Paz Ahora), o más de cien organismos fundados por judíos israelíes para proteger los derechos civiles de los palestinos, se va a olvidar que estos organismos existen. Pero si piensa bien y sale del reduccionismo de que todos los judíos son una porquería, va a decir: muy bien, soldados israelíes demolieron una casa sin justificación; pero yo me voy a dirigir ahora a Shalom Ajshav para reportar este incidente, y Shalom Ajshav va a abogar por mi caso y lo va a llevar hasta la Corte Suprema.

-No solamente eso, sino que si yo creo que todos los judíos son una inmundicia, como lo insinuó Saramago, que todos son nazis, está cerrando la puerta a la negociación y a la paz, porque si lo que ocurre en los territorios es un Holocausto, entonces no hay con quién hablar. Saramago hizo algo muy peligroso y terrible para los propios palestinos a los que dice defender. Porque si no hay con quién hablar, la única salida es el terrorismo. Ergo, Saramago incitó al terrorismo suicida.

-Sí, Saramago cayó en uno de los estereotipos más burdos posibles contra el israelí. Tal como un filósofo israelí, Eliezer Sweid, cayó en uno igual contra los palestinos, olvidándose que la ocupación va a llevar a consecuencias que son, antes que nada, dañinas para los propios israelíes. Pero tanto Saramago como Sweid, a pesar de ser altísimos intelectuales, se refugiaron totalmente en el mundo de los lemas. En cambio, un intelectual palestino de la talla de Basam Eyd, que tiene tantas críticas hacia la Autoridad Palestina como amigos en el sector de la paz israelí, nunca va a decir algo como lo que dijo Saramago. Cuando sucede una violación de derechos humanos en los territorios, Basam Eyd se dirige directamente a Iosi Beilin y a otros políticos israelíes de la izquierda para alertar al público israelí de dichas violaciones. Basam Eyd ha conseguido muchos más logros para los palestinos que cualquier agrupación terrorista. Alguien como Basam Eyd está en una situación bastante espinosa porque él ve ambos lados, más allá de los estereotipos. Como él dice, por más que esté furibundo contra el gobierno israelí nunca va a olvidarse de amigos suyos de la izquierda israelí que están luchando por él. Y por ende, dice Basam Eyd, él siempre va a decir al joven palestino que no sea terrorista. Entonces, fíjate cómo el rechazo al estereotipo también conduce al rechazo al terrorismo.

Ser como Basam Eyd implica mucha honestidad intelectual, y no cualquiera es capaz de ser tan honesto. Quizás te sorprendió que Saramago hubiera hablado como habló. A mí no me sorprendió para nada. Porque al leer a Saramago, sus libros están llenísimos de horribles estereotipos acerca de los latinoamericanos. El parte de toda la tradición portuguesa imperial, a pesar que él niega que la tenga. Cuando escribe sobre Brasil o Latinoamérica en general, le salen tantos estereotipos, como el “sensualismo desenfrenado”, como si cada latinoamericano tuviera una relación sexual por minuto. ¿No es así, queridos lectores? Si fuera así no tendrían tiempo ni para leer nuestros artículos. Pero es la fantasía eterna de lo que el europeo supone que va a encontrar al llegar a Latinoamérica.

Y si escribe así sobre el Brasil, qué sorpresa hay que, siendo portugués, haya abrevado de la herencia fascista a la ibérica. Y lo digo no con la intención de estereotipar a los portugueses, sino porque creo que hay un problema en el sistema educativo de Portugal, que es toda la herencia fascista del Portugal de Salazar, así como la España de Franco, que estereotipa a todo ser humano no católico y europeo. El ser humano católico y latinoamericano no entra en esta ecuación, y Saramago no tiene ninguna comprensión para con el cura teólogo de la liberación brasileño que vive en una favela y ayuda a los pobres, no como Saramago que da limosna, sino viviendo la basura de la favela con ellos. Es un fenómeno latinoamericano y él no lo entiende.

Y si es tan ciego respecto de la realidad latinoamericana, por qué te sorprende que caiga tan fácilmente en el antisemitismo, dado que parte del problema de toda la península ibérica por los últimos 500 años ha sido un antisemitismo galopante, por más que se trate de un antisemitismo sin judíos, porque ya no quedaron judíos para echar después de fines del siglo XVII.

Te sorprendes, porque Saramago es inteligente. ¿Quién dijo que una persona inteligente no tiene el mismo miedo a asumir la responsabilidad por la realidad que un pobre tonto?

-O sea que el tema del estereotipo encierra toda una sicología determinada por parte del que los sostiene, un problema emocional, antes que racional.

-Sí, es un tipo de personalidad y no una cuestión de intelectualidad versus sencillez. Lo puedes ver del lado judío también. Un asesino como Baruj Goldstein, que masacró a 29 palestinos. Era médico recibido. ¿Eso le impidió ser un terrorista? No. Igal Amir, que asesinó a Itzjak Rabin, era estudiante de leyes. Y en el mundo islámico, los terroristas de Al Qaeda, eran todos estudiantes universitarios; el doctor George Habash, extremista palestino de lo más sangriento, es pediatra. Un título no te exime del miedo de enfrentar la realidad.

Fue Erich Fromm el que lo detalló más claramente que nunca. Fromm, el gran psicólogo judío, yanqui, izquierdista, pro-sionista de la izquierda, en uno de sus más hermosos libros, traducido al español como Fuga de la Libertad , dice que la persona, sea cual fuere su nivel intelectual, y todos nosotros, tú y yo y todos nuestros lectores, estamos carcomidos por el miedo a enfrentarnos con la realidad. Y por eso, dice Fromm, están los que admiten que están muertos de miedo, y los que no lo admiten. Los primeros, cuando sacan un estereotipo de sus bocas –y hasta la persona más liberal a veces lo hace- se sienten mal. En el momento de decir este exabrupto, sabe que hay por lo menos una persona del grupo étnico difamado que no encaja en el estereotipo. En cambio, la persona que no admite su debilidad y su miedo, es una persona que no solamente se rinde a los estereotipos sino que los difunde.

Tanto los intelectuales de Al Qaeda como George Habash, como por ejemplo el intelectual hindú que mató a Mahatma Gandhi, porque éste era un hindú que quería paz con los musulmanes, tanto ellos como Baruj Goldstein, o los cabezas rapadas, o los analfabetos del este de Alemania, comparten mismo miedo. Lo que nos recuerda Erich Fromm es que ser intelectual o inteligente, no significa del más mínimo modo que tú sabes lidiar con este miedo.

-Vamos a nombrar ejemplos contrarios, intelectuales que se atrevieron a enfrentar este miedo y sobreponerse a los estereotipos.

-Sí, vamos a nombrar a un argentino muy grande, Manuel Puig, autor entre otros de El beso de la mujer araña . Puig era alguien que jugaba con la idea del estereotipo hasta el punto de despedazarlo. Si lo pienso en ese mismo libro, él toma todos los estereotipos y los deshace uno por uno. Te deja en un vacío tremendo, pero de este vacío surge una libertad total. Primero empieza con el estereotipo del homosexual; como saben todos mis lectores, ser homosexual en una sociedad latina no es la cosa más aceptada del mundo… Uno de los protagonistas del libro es un homosexual encarcelado en la época de la dictadura argentina. Comparte su celda con un activista político de la izquierda que mantiene todos los prejuicios con respecto a los homosexuales.

En primer lugar, ambos tendrán que enfrentar sus propios estereotipos. El machista psicobolche tiene que extender por primera vez sus ideas de igualdad también a los homosexuales, aunque eso desafíe su propia masculinidad, lo que no le es fácil. El homosexual no tiene mucha comprensión de la demás gente por pertenecer él a un grupo oprimido. Es más, le gusta ver películas nazis. Hasta que el activista le advierte que los nazis lo hubieran matado a él por ser homosexual. Hasta tal punto despedaza Puig todos los preconceptos, que incluso hay un encuentro sexual entre el homosexual y el activista que, subrayo, no es homosexual. Ni siquiera bisexual. Pero en algún momento de bondad humana en la cárcel, ellos comparten una noche de amor. Eso ahí te deja helado, porque ¿dónde quedaron sus estereotipos? Lo que está intentando decir Puig es que somos todos humanos, y que las actitudes que a nosotros nos parecen escritas en piedra pueden ser asumidas momentáneamente.
-Y por lo tanto relativas…
-Y si son relativas, ello te obliga a examinar cada situación a la luz de sí misma.

-¿Cuál es el límite entre la generalización sana y el estereotipo? Vos impartís seminarios antropológicos y hablás de una cultura. Describís su idiosincrasia y sus características. ¿No estás cayendo también en estereotipos?

-Hay una diferencia. Los pueblos tienen características visibles…

-¿Pero entonces el estereotipo es solamente cuando la característica señalada es negativa a los ojos del observador? Si yo digo que todos los judíos son tacaños no queda duda que es un estereotipo. Pero cuando decimos que los brasileños tienen alegría de vivir a pesar del sufrimiento, o cuando los israelíes dicen que todos los argentinos son simpáticos…

-Sí, más simpático que el general Videla nunca hubo…

-O cuando señalo una característica neutra: los chinos consideran de mal gusto que los miren fijamente a los ojos cuando se conversa con ellos. Tampoco deben ser todos así, ¿no?

-Muy buena pregunta. La respuesta es triple. Primer punto: hay una diferencia entre hablar de una faceta de comportamiento aceptado en una cultura. Los chinos inclinan la cabeza al saludar. En Occidente es más aceptado tomar la mano. Lo que sí es estereotipo es decir que por extender la mano, los occidentales son más abiertos que los chinos. O porque los chinos inclinan la cabeza, decir que son más honorables que los occidentales. No. Los chinos inclinan la cabeza, porque de acuerdo con el comportamiento oriental, es un modo de expresar respeto. Y en Occidente el sujeto extiende la mano porque en la cultura europea es el modo de dar la salutación. Pero eso no significa que el occidental es más cálido o el oriental es más respetuoso. Segunda diferencia: cuando se dice “los judíos son tacaños” o “los cabecita-negra no quieren trabajar” o que “todos los árabes son terroristas”, o los que dicen que “los israelíes son imperialistas”. En estos casos tenemos que ver la situación que generó cierto comportamiento antes de criticar únicamente el comportamiento en sí.

Por ejemplo, es verdad que la mayoría de los judíos en América Latina se dedican al comercio. Pero eso tiene que ver con procesos en los que, al ingresar en sociedades católicas, el cultivo de la tierra les quedaba bastante lejos, con la excepción de experiencias momentáneas como la de los “gauchos judíos” en la Argentina, cuyos hijos en general se urbanizaron. La entrada a una sociedad católica implicaba de por sí que el judío iba a estar enajenado de ciertos campos de actividad. Por eso hubo más tendencia hacia el comercio. También, porque en los países de los que llegaban los judíos ya se habían ocupado del comercio también debido a la presión de la Iglesia Católica.

-Por la prohibición de poseer tierras, que venía desde la Edad Media.

-Exacto. Entonces, si yo sé todo el trasfondo no voy a sacar de la boca algo tan tonto como: “Sí, los judíos se ocupan del comercio porque sólo les gusta el dinero”.

-Por no mencionar a todos los judíos acá en Israel que se dedican a la agricultura y a ocupaciones no comerciales.

-Sí, y además quiero destacar que la economía israelí es una maldición, así que los que siguen creyendo que los judíos tienen talento con la plata, que se den una vuelta por estas santas tierras, para ver qué confundidos están.

-Muy bien, ¿cuál es la tercera diferencia?

-La tercera diferencia es que un estereotipo es el juzgamiento de todo un colectivo por la desviación de un miembro del grupo. El ricachón latinoamericano que dice que hay que subir la ventanilla cuando uno pasa por una villa miseria porque “toda esa gente roba” o “toda esa gente es violenta”, esa persona está cometiendo el mismo error que los pobres que dicen que todos los ricos son avaros. Porque el que dice eso no lo dice por un miedo verdadero al crimen, sino por un desprecio económico por alguien que no pudo acceder a la educación que él sí pudo conseguir, y no por mérito propio sino por herencia. Ellos no están preocupados por la situación de pobreza que produce estos actos de violencia. Y no estoy justificando ninguno, pero hablemos sin tapujos. No les preocupa el hecho de que más de la mitad de la gente en muchos de sus países no pueden comer. Les preocupa el asaltante. Bueno: pues a mí también me preocupa el asaltante, pero me preocupa también el 50% del país que no come. Porque si no resuelvo el problema de la pobreza, nunca voy a poder resolver el problema del asaltante.

Entre ellos, a muchos judíos de buen pasar he escuchado decir estas cosas contra los “goim”. Y estos judíos, que creen ser aceptados por las clases altas de sus países, que no se llamen a engaño. Los ricos no judíos también previenen a sus hijos contra los “pobres de piel oscura”; pero también los previenen contra los judíos: “Cuidado con los villeros, que te roban. Y cuidado con los judíos, que te roban también. Pero el judío es peor, porque te roba con cuello blanco”. Eso es un estereotipo. Sí hay judíos estafadores. También hay católicos estafadores. Sí hay gente en las villas miseria que roba. También hay ladrones de barrios ricos.

Esa es la tercera diferencia. Cuando generalizamos con respecto al comportamiento de un grupo entero juzgándolo por el comportamiento de un solo miembro del grupo, estamos cayendo en el peor pecado de lo que es el estereotipo. Y el judío tiene que tener mucho miedo de eso, pero no lo tiene, y cae en ellos todo el tiempo, tanto en Israel como en la diáspora.

-Llevanos entonces a Yucatán.

-Bien. Hablando de estereotipos, a mí como judía me es muy fácil estereotipar a todo el pueblo español, tanto por su pasado asqueroso con respecto a los judíos en la época de la colonia, como por su asqueroso pasado con respecto a los indígenas, que son mi campo de investigación. Como judía sefardí y antropóloga, lo único que me cabría hacer con España debería ser quemarla, porque quemaron a judíos y masacraron a indígenas.

Pero fíjate que en Yucatán, en Chiapas, en el mismo lugar donde la Inquisición quemaba libros de los mayas, torturaba a indígenas y quemaba a cualquier cripto-judío que pudiera encontrar, había un obispo español llamado Bartolomé de las Casas, que cada día de su vida se dedicó a combatir los abusos contra los indígenas. Desafió a todos los encomenderos y a todo el imperio español. Un pobre fraile, odiado tanto por su propia Iglesia como por todos los políticos poderosos de su época. Estamos en la segunda mitad del siglo XVI. Bartolomé de las Casas escribió la obra más hermosa y estremecedora que tenemos sobre la destrucción de las culturas indígenas en las Américas. Se llama La destrucción de las Indias .

Escucha bien. Yo no puedo ignorar el hecho de que el testimonio más irrefutable del genocidio español viene de otro español. No puedo cerrar los ojos al hecho de que, si bien España esclavizaba al indígena, el que primero señaló la maldad de dicha esclavitud antes de que cualquier otro país lo reconociera…

-Era normativo en esa época, ningún otro país se opuso a la práctica como tal.

-Claro. El primero en denunciar, digo, fue Francisco Victoria, otro español. Y otra vez en Yucatán, no puedo olvidar que el que encabezó la resistencia maya a la conquista española fue otro español que se pasó al bando maya, y se llamó Gonzalo Guerrero. De hecho, él se casó con una mujer maya, y sus hijos fueron los primeros mestizos del Nuevo Mundo. Seguro que todos mis lectores conocen el nombre de Hernán Cortés, o Solís, o Pedro de Mendoza, y la mayoría de ustedes no conocen a Gonzalo Guerrero. Porque Gonzalo Guerrero fue el que desafió al estereotipo. Entonces, lo que yo te puedo decir es que odio al conquistador y al inquisidor, pero no puedo ni quiero odiar a cada español.

Te doy otro ejemplo. Es cierto que Portugal tiene un pasado antisemita tremendo. Pero tampoco queremos olvidar que el gran campeón de la lucha contra la Inquisición, que salvó a más de 500 judíos durante su vida, fue un cura portugués que luchó contra la Inquisición tanto en Brasil como en Portugal, el padre Antonio Davera. Fue un gran intelectual jesuita portugués de pura cepa, que decía que la Inquisición era una afrenta a la idea de Cristo, que había que respetar al pueblo judío por ser un pueblo hermano de los cristianos. Decía que cualquiera que matase a un judío es como si matase a su propia madre, y encabezó una lucha encarnizada contra la Inquisición hasta el final de sus 92 años.

-¿Cómo es que la Inquisición no lo quemó a él también?

-No podían, porque le tenían miedo. Antonio Davera pasó a ser un personaje tan ilustre que trajinaba entre el Vaticano, Portugal y Brasil con tanta frecuencia, levantaba tanto revuelo que no se atrevían a tocarlo. Entonces, ¿cómo puedo decir que odio a los portugueses? No puedo, porque si pienso en los portugueses pienso también en Antonio Davera. Del mismo modo como no quiero que un palestino, cuando piensa en un judío, piense únicamente en Baruj Goldstein. Y tampoco quiero que un judío, cuando piensa en un palestino piense únicamente en George Habash y no en Basam Eyd. Tenemos que poner esta gota extra de esfuerzo para no caer en los estereotipos.

Erich Fromm ya nos decía que eso iba a ser muy difícil: no hay nada más fácil que fugarse de la libertad de pensamiento, que no pensar en términos complejos en los palestinos y en los judíos, en los españoles y en los portugueses. Es más fácil odiar a todos y listo. Pero cuando empiezas a ver a los Antonio Davera y a Paz Ahora, y a Basam Eyd, y a Gonzalo Guerrero, ahí se te estropean tus fáciles estereotipos.

Te quiero contar algo personal. El otro día estuve en uno de los lugares más feos de Israel: la nueva terminal de ómnibus en Tel Aviv. Es un asco, pero lo que vi allí desafió todos mis prejuicios. Un chico bien punkista, con todas las mechas de su cabello en crespones con gel, un penacho de plumas, aritos en todos lados, chaqueta de cuero descarada, un aspecto bien tosco y callejero. Daba miedo, y yo decidí alejarme de él porque tenía miedo que se pusiera violento. Fue entonces que se puso a ayudar tiernamente a un pobre viejo que nadie más ayudaba. Su aspecto era raído, cojeaba y le hablaba al joven en inglés, en ídish, y el punkista no entendía nada, pero le decía palabras de aliento, que lo iba a llevar a su casa y que no se preocupara. Si yo hubiera visto a este punkista solo en la calle, hubiera cruzado a la otra vereda. Sin embargo, él estaba ayudando a este pobre viejo saparrastroso con todo el amor del mundo. O sea, a la miércoles con los estereotipos.


El pacífico pueblo del libro y el arte de la guerra

enero 31, 2007

Las clases de Sharona
Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

En esta clase, nuestra profe de historia favorita se dedica a desmenuzar otro mito de la conciencia colectiva judía: el de nuestro pacifismo inherente. No sólo cuando tuvimos nuestro estado supimos luchar, dice, sino que también durante el exilio de dos mil años, cada vez que se nos dio la oportunidad o se nos impuso la necesidad.

-Sharona, la primera pregunta de hoy tiene que ver con la imagen que el pueblo judío tiene de sí mismo, y con la presunción, quizás el mito, de que por ser el “Pueblo del Libro”, somos pacíficos por naturaleza. Pero cuando vemos en el relato bíblico el desarrollo que tuvo el “arte de la guerra”, entramos en un dilema. ¿Nos podrás ayudar a resolverlo?

-Primero quiero destacar dos hechos. Uno, que dada su existencia de poquito menos de dos mil años en la diáspora, generalmente -no siempre, pero sí en general- el judío careció de acceso a los medios de guerra por razones sociopolíticas. El segundo hecho que quiero destacar es que cuando sucedió en la diáspora que el judío sí pudo acceder a los círculos bélicos, no sólo lo hizo, sino que fue guerrero sobresaliente. Aclaro antes de dar ejemplos: esto no es un llamamiento a la guerra, todos mis lectores saben que amo la paz. Sólo vengo a rebatir una idea errónea, según la cual el judío por naturaleza no tenía tendencia a la guerra. Tristemente la tenía como cualquier pueblo.

Vamos a ver, entonces, tres ejemplos en la diáspora y luego volveremos a la Biblia donde vemos la tendencia guerrera a flor de piel.

El primer ejemplo en el que pienso data del octavo siglo. Estoy hablando de un rey de nombre Ovadia, de la tierra de los Kúzares, en las orillas del Mar Negro. El era miembro de una nación turco-mongola que se convirtió en masa al judaísmo en el octavo siglo. Ovadia mantuvo estrechos vínculos con los judíos de la diáspora, en especial con los del Imperio Bizantino, y luego de su muerte, su nación mantuvo relaciones con los judíos de España y de Italia. Los kúzares tuvieron un ejército propio que debió combatir y combatió contadas veces contra los mongoles. La última vez perdieron y fueron aniquilados, pero mientras tanto su existencia estuvo basada en lo militar, y era un ejército judío.

Lo interesante es que esta tribu venía ya de una tradición guerrera, en las planicies del centro de Asia, con una tradición muy fuerte de los jinetes de guerra…

-Muchos dirán: los kúzares no son ejemplo, porque no son judíos originales, sino una tribu “medio salvaje” que se convirtió, pero no “de los nuestros”.

-Y yo les respondo que sí son ejemplo, porque los kúzares se basaron casi exclusivamente en la Biblia como fuente religiosa. Y por ende ellos sí encontraron justificación para mantener su modo guerrero de vida basados en el Antiguo Testamento. Si me van a seguir discutiendo que un judío converso no es tan válido como los demás, tendremos que volver a recordar que Abraham Avinu también se convirtió, pues el nació pagano.

Pero vamos al segundo ejemplo, más conocido. El de España, entre el octavo y el duodécimo siglo, el famoso poeta y guerrero Shmuel Hanaguid, Samuel el Príncipe, judío español de Andalucía, que luchó con los musulmanes contra los cristianos. El era un general, no un mero soldado, así que no es que el judío era reclutado por la fuerza o algo así. Shmuel Hanaguid era un general, y un general temido. También fue un poeta muy famoso, que dedicó más de la mitad de su obra a epopeyas militares. La poesía de Shmuel Hanaguid se destaca entre la poesía militar más importante de Europa, y él, siendo un líder religioso judío, no veía la menor contradicción entre ser guerrero y ser judío. Al contrario, para él su judaísmo allanaba el camino hacia el ser guerrero.

Otro ejemplo, muy conocido para los etíopes, es el de la famosa reina Judith de Etiopía, que vivió supuestamente -porque no tenemos fechas exactas, aunque seguro existió- alrededor del siglo XV. Una mujer judía en una época, los siglos XV y XVI, en la que los judíos habían alcanzado la cumbre del poder político en Etiopía, incluyendo en muchos casos el control de las fuerzas militares. Y no te tengo que explicar, porque eres argentino, que controlar las fuerzas militares equivale a controlar el país.

Judith había asido el control en casi la mitad de Abisinia, la antigua Etiopía. Era reina guerrera y, de acuerdo con la leyenda, se cortó un seno, como en el mito de las amazonas. Según las crónicas históricas etíopes, Judith perdió a su amante Iosef, otro príncipe judío, cuando fue muerto por los cristianos. Entonces ella emprendió una guerra de venganza contra los cristianos, quemando en el camino muchas iglesias antiguas de Etiopía. Ahora bien, en ese país eso es un acontecimiento histórico. Unicamente los europeos lo ponen en tela de juicio, pero para los europeos, cualquier persona que no es blanca es puesta en tela de juicio. El hecho es que la reina Judith, como personaje judío, es justamente una figura histórica muy controvertida en Etiopía, porque hasta hoy en día la iglesia etíope, la Iglesia Copta, denuesta frecuentemente a los judíos por los pecados de la reina Judith. Así que ahí tenemos el ejemplo no sólo de un guerrero judío sino de una guerrera judía.

Como respuesta a la campaña militar de la reina Judith, el reino cristiano copto de Etiopía respondió con una campaña de venganza muy virulenta contra los judíos y los redujo a un nivel social y político de humillación, en el que se encuentran hasta hoy en día. Lo que importa aquí, es que todo esto fue resultado de una campaña militar de una reina negra judía: Judith.

De modo que vemos que incluso en la diáspora, cuando tuvimos la posibilidad de acceder a las fuerzas armadas y, como en el caso de Judith incluso controlarlas, lo hicimos.

-Entonces, ¿de dónde surge el pacífico mito de “el Pueblo del Libro”?

-Yo voy a proponer dos posibilidades. Una está originada en nuestra debilidad política desde el exilio romano en el año 70 ec., cuando el judío quedó virtualmente inerme. No por elección, eso es algo que la gente a veces se olvida. El pueblo judío luchó con armas, y muy violentamente, contra los romanos, hasta el último momento que les fue posible. No se trató jamás de un pueblo al estilo Gandhi. El pueblo judío nunca -algunos me van a decir a excepción del Holocausto- practicó la resistencia no violenta. Nunca. Contra los romanos el judío se sublevó con la fuerza de las armas.

-Ese paréntesis que abriste sobre el Holocausto como al pasar, no puede quedar ahí…

-Entraremos en eso también, pero más tarde. Pero aquí quiero insistir en que el judío dejó de actuar en el escenario militar no por voluntad propia, sino por la fuerza de las circunstancias.

Otra posibilidad que voy a sugerir viene de la otra tendencia dentro del judaísmo. El judaísmo bíblico se ve a sí mismo dividido en dos ramas. Una es la rama del rey David y otra es la de su hijo el rey Salomón. No se olviden que el rey David, que es supuestamente el más significativo de los reyes de Israel, fue duramente castigado por Dios por haber derramado sangre. Y cuando David declara su intención de construir un Templo por el honor de Dios, el profeta Natán se lo prohibe tajantemente, y uno de los muchos motivos es que David ha derramado sangre. Natán estipula que únicamente manos no contaminadas con sangre humana pueden construir el Templo. Así que, definitivamente, encontramos dentro del judaísmo una corriente antimilitar también. Entonces, ¿quién va a construir el Templo? No es casual que sea el hijo de David, Salomón, que nunca ha derramado sangre humano. Y es Salomón, no David, el considerado como el rey más sabio. Allí tenemos, a mi entender, un juicio de valor muy progresista, el hecho de que dentro del judaísmo en un momento tan temprano vemos el surgimiento de una corriente que pone la paz por encima de la guerra. Pero es una corriente, hay que destacar que siempre existieron ambas corrientes. La otra también existió, y era muy militarista. En este sentido, el pueblo judío era y es tan normal como cualquier otro.

¿Y por qué la época del rey Salomón está tan idealizada dentro de la historia judía? Porque ha sido la única en la que el pueblo conoció la paz total. ¿Y sabes qué? Hasta hoy en día sigue siendo la única. Y la Biblia, que es un libro muy valorativo, daba el valor supremo al hecho de la paz.

-Lo que a mí todo esto me sugiere es que en una época de pueblos guerreros, donde la guerra era casi la medida de todas las cosas y de todas las vidas, el pueblo judío no podía quedarse atrás. Y esto incluyó hasta órdenes divinas, como en el Exodo, o de matanza total, como fue el caso de Amalek…

-Vamos por partes. Tú señalas aquí un hecho importante: estamos en época de pueblos guerreros, y Dios incluso en la Biblia aparece como dios guerrero, en su forma más primitiva de Yahwe. Tú sabes que en la Biblia, cada vez que aparece Dios bajo otro nombre, también está representando corrientes distintas de pensamiento.

Tú dices que el pueblo judío no podía ser pacífico en tiempos de pueblos guerreros. Sin embargo, en una época salvaje, la singularidad del pueblo judío era que precisamente a pesar del militarismo de la época surgieran visionarios como los profetas Isaías, Mija, Daniel, que previeron una época de paz universal. Y eso es, creo yo, un logro inmenso.

Pero lo que dices es cierto: los judíos no podían ser endebles ante un océano de pueblos guerreros, y mencionas la salida de Egipto. Vamos a tomar un episodio muy feo del Exodo y vamos a verlo analíticamente. Marcelo, ¿qué era la décima plaga?

-La muerte de los primogénitos…

-¡Bravo, alumno! La explicación tradicional es que vino el Angel de la Muerte y mató a todos los primogénitos menos a Ramsés II, el Faraón, que fue salvado para que sea testigo de la grandeza de Dios.

-Pero sí mató a su hijo, según Los Diez Mandamientos, la película con Charlton Heston…

-Ahora tienes un “aplazado”, hijo mío, porque nosotros sacamos nuestro judaísmo de los textos y no de las películas de Hollywood, hazme el favor. Son los midrashim, las interpretaciones escritas entre los siglos I y VIII ec., los que dicen que Ramsés II fue salvado para atestiguar la gloria de Dios.

Intentemos sacar este episodio de su contexto teológico y veámoslo, como decía Spinoza, mi querido hereje sefardí, en el sentido político. En ese sentido, no fue más que una venganza porque años antes había sufrido la muerte de cada niño que naciera en cierto año, el mismo año en que el pobre Moisés fue tirado al río Nilo en su canasta. Esto fue, pues, una venganza política. No soy la única que propone esta línea de pensamiento. Una rebelión de esclavos, como ha ocurrido en la historia, suele tener instancias por el estilo. Lo vimos con la rebelión de los esclavos negros en EE.UU., o la de los esclavos, también negros, en Brasil del siglo XVII liderados por Zunbí.

Digamos entonces que la muerte de los primogénitos egipcios fue una operación militar muy bien coordinada no solamente por los esclavos hebreos, sino también por los otros pueblos que salieron con el pueblo judío. No te olvides que en el texto bíblico leemos que una “multitud mixta” salió con los hebreos. Había bastante gente que había sido maltratada y que no habrán titubeado en ejecutar una venganza contra los egipcios de la misma magnitud del sufrimiento que éstos les infringieron.

-¿Qué nos puedes contar de Amalek?

-Muy bien. Amalek aparece siempre en la Biblia como antítesis del pueblo judío. Todas las órdenes divinas relacionadas con Amalek son sangrientas en su máximo extremo, obligando a los judíos a matar hasta al último hombre, mujer, niño e incluso animal, y sabemos que Dios castiga al rey Saúl por no haber completado la masacre de Amalek. O sea que, desde el punto de vista moderno, deberíamos establecer el club de fans del rey Saúl, porque nos cuesta mucho, hoy en día, tragar la perspectiva sobre Amalek, y es interesante cómo hoy, tanto los judíos de la derecha como de la izquierda, no logran salir de ese dilema.

Y como me gusta basurear tanto a unos como a otros, te voy a dar un ejemplo. Los lunáticos de la derecha dicen: “¿Quién es Amalek? Los árabes, así que matémoslos”. Y sabemos claramente que no es así, porque está escrito en el libro de Bereshit (Génesis), que Amalek desciende de Efraim, uno de los hijos del patriarca Jacobo, mientras que los árabes provienen de Ismael, el primer hijo de Abraham. Dos exégetas eminentes de la Torá, Rambam (Maimónides) y Rashi, estipularon que los árabes son de la tribu de Ismael. Así que los lunáticos que dicen que hay que matar a los árabes porque son Amalek, falsean deliberadamente los hechos, para sus intereses racistas y nacionalistas.

Y ahora, en cuanto a los lunáticos de la izquierda. Ellos en general van a intentar evitar por completo el tema de Amalek. Ellos preferirían presentar al judaísmo como una religión netamente humanista…

-La de los profetas, y no la que llama a matar a otro pueblo…

-Sí. Pero Amalek es mencionado precisamente también por los profetas. Y entonces, cuando gente de la izquierda -y lo he escuchado y me ha provocado asco- dice que el judaísmo carece de valores militaristas, sencillamente no sabe nada de judaísmo. Los hay, y en gran forma. Por supuesto que hay una rama sumamente antihumanista, que es la que enfatiza la lucha hasta la muerte contra Amalek.

-Pero, ¿no habrá trampa? Definitivamente no encaja este odio mortal contra Amalek en la tradición judía como un todo. ¿Qué es lo que representa Amalek?

-Veamos entonces quiénes eran los de Amalek. De acuerdo con la Biblia, Amalek salió de la semilla de Efraim. Esto es interesante: ya desde el vamos, Amalek tiene una raíz judía. Y el Rambam, nuestro gran sabio halájico, dijo que esto es sumamente significativo, porque él lo veía todo simbólicamente: el pueblo judío tenía la maldad dentro de su alma y ésta era la que debía ser erradicada. Está muy bien, pero el Rambam vivió en el Siglo de Oro español, que no tenía nada que ver con el contexto salvaje de la época bíblica.

Históricamente, Amalek era otro pueblo canaanita, por ende étnicamente ligado con los judíos, y creo que la advertencia bíblica de que provenían de Efraim es bastante atinada. Después de todo, creo que la Biblia es una crónica bastante exacta de las relaciones históricas entre los pueblos semitas, y las muchas crónicas de guerra contenidas en ella son un intento de registrar para la posteridad las luchas armadas entre los pueblos de la región.

Entonces, Amalek son semitas, son también nuestros primos. Como los árabes, que son nuestros primos de buena onda. Nuestros primos de mala onda fueron los amalekitas. Ahora puede que logremos reconciliarnos con nuestros primos de buena onda. Los de mala onda ya no son pregunta…

-… porque los matamos a todos.

-Oh, Marcelo, ¿cómo te atreviste a decir… lo que probablemente es cierto? Ese no es el judaísmo de Iosi Sarid, líder del frente pacifista Meretz, sino más bien como el judaísmo de Baruj Goldstein el asesino de la Cueva de los Patriarcas en Hebrón. ¿Qué ocurre? Que en el judaísmo conviven ambas tendencias, una rama fanática y otra tolerante. Pero creo que tanto Sarid como los admiradores de Goldstein son igualmente deshonestos en elegir solamente una parte y presentarla como la totalidad.

Entonces, Amalek habitaba la misma tierra que los hebreos. Allí las guerras ocurrían por razones territoriales. Un sinfín de pueblos diminutos peleando por una parcela igualmente pequeña de tierra, muchas veces infecunda, y todos los pueblos luchaban por su mera existencia física.

-Pero también estaban luchando por una tierra que era un paso estratégico al comercio internacional de la época.

-Exacto. No por nada Jerusalem fue derribada y reconstruida no menos que diecisiete veces en su historia, aunque se habla de Jerusalem como ciudad de paz, y toda la palabrería: Jerusalem controlaba el comercio entre tres continentes, así que no era tanto luchar por una supuesta santidad, sino por motivos bien mundanos. Pensemos, si no, en el caso opuesto, cuando una guerra fue evitada en la Biblia. Abraham le propone a su tío, Lot, separarse, dividir el territorio…

-Probablemente el primer acuerdo de separación de fuerzas de la historia…

-Seguro. Y la Biblia no intenta vendernos ninguna historia de santidad, está claro que los motivos que habrían conducido a esa guerra eran materiales, y la sabiduría está en haberla evitado. El motivo era que no había suficiente grama para alimentar a los rebaños de ambos. Entonces, en lugar de guerrear, se separan, y mantienen la paz.

Así, con cada pueblo que se presenta en el camino, el judío se muestra dispuesto a hacer un acuerdo. Con los filisteos hay acuerdos. David va a luchar contra y con los filisteos. Sabemos todos que nuestro querido Sansón tuvo su buen affaire con los filisteos. Con ellos, como hoy con los palestinos (pues ellos reclaman que son descendientes de los filisteos, así como nosotros reclamamos ser descendientes de los antiguos israelitas, pero vamos a ver que hay un poco de verdad y bastante de embuste en ambas reclamaciones), puede haber acuerdos. Con Amalek no, con ellos es “guerra hasta la muerte”, ellos no conceden misericordia, nosotros tampoco. Y cada vez que aparecen en la Biblia, por ejemplo cuando lees en los capítulos sobre Josué en Jueces, verás que no existe misericordia alguna: Josué los mata como moscas a cada paso. Los aniquila, tal como Amalek aniquila a Israel: nos aniquilamos.

En ese contexto se invoca a Yahwe, la formulación más primitiva de Dios. Como lo decía Spinoza, el primer intento del hombre de formular el concepto de Dios, entonces es este Dios de la guerra, Dios vengativo del desierto, no como el más sofisticado Jehová o Adonai, el Dios más filosófico y elevado de Isaías.

Ahora bien, las guerras siguen, y siguen hasta la época de Shlomó, el rey Salomón. El es el único rey que consigue una tregua a las guerras. Su nombre también significativo: viene de Shalom, paz.

-¿Cómo consigue poner Shlomó fin -por lo menos temporario- a las guerras de la zona?

-Oh, Karl Marx estaría muy contento con Shlomo. Lo logró a través de acuerdos económicos…

-Sí, también es el héroe de Shimón Peres, el autor de “El Nuevo Medio Oriente”…

-Yo creo que Salomón fue mucho más exitoso que Peres. El rey Salomón pudo percibir lo que hasta el siglo XX mucha gente aún no ha percibido: cuando hay estabilidad económica, los motivos de guerra se minimizan.

-Cuando hay algo que perder, tanto de un lado como del otro.

-Pues bien, Salomón dio al pueblo, precisamente, algo que perder. Mira lo que les dio, les dio el Templo. Luego hizo muchos acuerdos con los príncipes de Arabia Saudita, también con los del Líbano y con Egipto. Entonces, todos los antiguos reinos entraron en una convivencia económica con el antiguo Israel. Desapareció la guerra. Y cuando Salomón muere, y sube al trono un hijo mimado que es un tonto, que no sabe mantener la misma estabilidad que Salomón, el reino se divide en dos y empieza incluso una etapa de guerra civil entre los judíos, que condujo rápidamente a un deterioro económico, que derivó más tarde en las invasiones al reino de Israel y luego al de Judea.

Y fíjate, Marcelo lo que pasa entonces. Cuando perdemos la estabilidad económica, ya no tenemos lo que perder, entonces vamos a la guerra. Estoy hablando incluso en términos marxistas, pero la Biblia me da la razón. ¡Caramba, estoy usando la Biblia para justificar el marxismo!

-Sí, que no te escuche don McCarthy. Sharona, hasta aquí hemos visto al pueblo judío, en su etapa bíblica, como un pueblo que no le hace asco a la guerra. Frente a esto existe el mito colectivo de Occidente, según el cual, en el Holocausto, el pueblo judío no sólo fue pacífico sino pasivo y hasta cobarde. El mito de “como ovejas al matadero” dominó la historiografía sionista hasta hace muy poco.

-Me llevas con tu pregunta a mi tema favorito, que es basurear a la historiografía sionista, pero antes tengo que recalcar que es el sionismo el que me da la seguridad para decir lo que estoy diciendo ahora.

El hecho es que el sionismo necesitaba una justificación histórica. A mi juicio ya la tenía. Pero el sionismo no veía que su justificación histórica radicaba en la existencia judía en el Medio Oriente, hecho incontrovertible, pero el sionismo era ya legítimo sin asirse al mito al que se asió, que tiene que ver con la guerra. En lugar de solamente basarse en sus fuentes bíblicas para sostener legítimamente que Israel era su hogar ancestral, al sionismo esto no le fue suficiente y agregó, por ejemplo que: hasta el sionismo el judío careció de orgullo propio; hasta la construcción del Estado de Israel el judío no sabía luchar; el mito del judío diaspórico, débil, que va como oveja al matadero, y que justamente la creación del Estado de Israel mostraba la nueva cara del judío.

Ya entendimos al recorrer la historia que esta cara no era tan nueva. Si mi disquisición histórica ha servido para algo, espero que haya servido para entender eso.

Pero además, este mito se basaba en el error. Los historiadores sionistas antiguos sostenían que el Holocausto era la prueba suprema de la sumisión judía en la diáspora a la coerción del poder local. O sea que el judío no era capaz de dominar su propio destino y no sabía levantar ni una pistola para protegerse…

¡Pamplinas! Hay tres hechos con respecto al Holocausto que recién ahora la historiografía israelí está reconociendo, entre otras cosas como reacción a toda la falsificación anterior.

Primero, que hubo un montón de sublevaciones armadas, realizadas por gente que en general no tenían medios para llevarlas a cabo. Quiero destacar que incluso en Auschwitz, y más de una vez, hubo intentos de sublevación violenta.

Segundo, Sobibor no es el único ejemplo exitoso de una revuelta armada en un campo de concentración, así como Varsovia no es el único ejemplo de una resistencia armada dentro de un gueto. Si logramos dejar de lado el mito de la debilidad judía anterior al Estado de Israel, nos vamos a asombrar de la cantidad de sublevaciones armadas, todas organizadas con escasez total de medios para luchar.

Tercero, un hecho muy triste que el sionismo no quiso enfrentar, porque el sionismo se basaba en la unión del pueblo judío. Vamos a arrojar una piedra en esta serena laguna, para ver que una de las razones por las que los judíos no lucharon fue que fueron vendidos por otros judíos. Aquí señalo dos hechos concretos. Uno en Hungría, el otro en Bulgaria, los judíos fueron vendidos por la dirigencia comunitaria. En Hungría sabemos del famoso caso de Kastner, miembro del Judenrat (la asamblea comunitaria), un personaje controvertido, que sabemos que vendió a familias judías más pobres y las envió a las cámaras de gas.

El caso de Bulgaria es más interesante, porque en general la gente piensa que los judíos de Bulgaria fueron salvados. Sí, el problema no fueron los búlgaros, sino que los judíos búlgaros vendieron a sus primos, los judíos griegos que vivían en Bulgaria, que por orden de los nazis fueron subidos todos a los trenes rumbo a Auschwitz.

Marcelo, cuando un judío sabía que estaba siendo vendido por otro judío, se puede decir que su voluntad de luchar también disminuye.

-¿Existía semejante conciencia? ¿Los judíos sabían fehacientemente que estaban siendo llevados a la muerte en lugar de otros que comerciaron con sus vidas?

-La había. En Hungría los judíos lo sabían de sobra. Lo sabían. Cuando Kastner fue asesinado por otro judío aquí en Israel, muchos entendieron que se trataba de una venganza personal. Los judíos sabían que la dirigencia judía manipulaba la información para que la gente no se sublevara, y la gente sentía que sus hermanos les estaban mintiendo: eso solo ya les restaba fuerza de voluntad de resistir.

Y sin embargo hubo resistencia judía armada en el norte de Italia, en Grecia, hasta en Polonia, donde la resistencia armada antinazi polaca era tan antisemita, que cuando los judíos les pidieron socorro, fue esa resistencia polaca la que los frió a tiros. En el gueto de Lodz surgió más de una revuelta violenta contra los nazis. Los judíos fueron, igual que los gitanos, arrinconados. No tenían medios. Eso no significa que cuando sí tuvieron acceso a los medios, no los hayan utilizado.

-Tu vehemencia me lleva a otro tema. Cuando se habla del heroísmo en el gueto de Varsovia y en el mismo respiro se canta “David Melej Israel” (David Rey de Israel), se corre el riesgo de una romantización del pueblo judío como un pueblo que pelea, y siempre, por causas justas. David defendiendo el reino de Dios, los judíos del gueto contra los nazis, la encarnación reconocida y verdadera del mal más atroz, e Israel peleando en sus guerras de supervivencia.

-Me alegra mucho que hayas tocado el tema. Yo también me quiero asegurar de que no caigamos en una romantización. Cualquier persona cuerda que lea la historia judía va a comprobar que la guerra no era el ideal. Muchas veces se trataba de una fea normalidad, como en la época bíblica, quebrantada por ráfagas de visiones universalistas. Pero la guerra no era el ideal: Salomón era el ideal. En la Edad Media, como en los casos de Shmuel Hanaguid, o los kúzares, o la reina Judith en Etiopía, fue siempre en casos de ser amenazados, el ideal no fue nunca salir a la conquista. En las fuentes se habla de “miljemet mitzvá”. Eso no significa guerra santa, sino “guerra obligatoria”, que se define únicamente como guerra de supervivencia, nunca de conquista.

Es cierto, sin embargo, que la conquista de la Tierra Prometida fue hecha de la forma más sangrienta imaginable. Y no hay forma, aunque lo quiera Iosi Sarid, líder de Meretz, de emblanquecer este hecho. Josué aniquiló a poblaciones enteras, no sólo a los soldados. Pero el judaísmo se desarrolló, evolucionó, y el ideal es Salomón. De otro modo, a David le habría sido permitido construir el Templo. Esa es la belleza del judaísmo: el militarismo primitivo -para mí todo militarismo es primitivo- existió en el judaísmo, pero éste siempre aspiró a otra cosa.

-Para terminar, ¿qué nos dice todo esto respecto de la negativa de los ultraortodoxos o jaredim en Israel a defender el Estado de Israel yendo al ejército? Aun desde el punto de vista religioso las guerras de supervivencia son una mitzvá.

-No quisiera trazar un paralelismo entre dos contextos históricos distintos. Yo no veo a las guerras de Israel como obligación religiosa. Yo veo el tema en su contexto sociopolítico. Pero aun desde el punto de vista de su concepción de mundo, creo que no tienen ninguna base para sostener su actitud. Porque justamente los que desde el punto de vista religioso tienen mucha base son los del Mafdal (sionistas religiosos), que dicen que, siendo ciudadanos del estado judío, van a luchar por él. Los jaredim no tienen base para su actitud.

-Aclaremos que ahora se creó la unidad de Tzahal llamada el Najal Jaredí, una unidad de infantería y colonización, formada por ultraortodoxos…

-Sí, 50 años después de creado el estado, y cuando la época de guerras de supervivencia ya ha quedado atrás. Pero cuando hubo peligro esa gente se ocultó muy bien. Desde su propia perspectiva es injustificable, porque si bien en la Biblia hay una tribu que a veces es exenta de ir a la guerra para cuidar los demás asuntos del pueblo, los jaredim no constituyen una tribu y ellos lo saben muy bien. Ellos se comparan con la idea de una tribu que cuida los asuntos terrenales, pero ellos no cuidan ningún asunto terrenal, sino que parasitan, chupan el bienestar del estado. Ya lo dijo el Rambam, que es mejor autoridad halájica que los jaredim: las tribus se perdieron. Los jaredim no son ninguna tribu, y Dios no los designó para cuidar los asuntos del pueblo mientras éste muere en las guerras. Sólo Dios los puede designar, y Dios no dijo nada al respecto.


Las espantosas -y ciertas- profecías de Nostradamus (que además era judío)

enero 24, 2007

Las clases de Sharona

Es evidente que la clarividencia es un invento de los charlatanes, pero que la hay, la hay. Nostradamus, un profeta demonizado por la Iglesia y rechazado por el establishment judío de su época, supo predecir los más terribles eventos de los últimos cinco siglos, desde la muerte de su rey hasta el Holocausto. Y como todo buen profeta hebreo, instaba al arrepentimiento y las buenas acciones, que podrían mitigar la severidad del veredicto. Una nota para el horror.

-Sharona, ¿no se le fue la mano al mundo con todo el tema del eclipse y el cuento de Nostradamus?

-Mi querido Marcelo, el eclipse fue vaticinado hace casi quinientos años, y ocurrió en el mismo día y a la mismísima hora que Nostradamus lo predijo…

-Pero eso se puede sacar por cálculos matemáticos y astronómicos. Se puede decir que era un astrónomo muy capaz…

-Sólo los extraordinarios astrónomos mayas lograron esta hazaña. Pero más allá de eso no puedes menoscabar el logro de alguien que hace unos 450 años pudo predecir algo con una exactitud deslumbrante, cuando además no era astrónomo sino médico.

¿Te digo la verdad? Si no fuera por el eclipse no tengo idea siquiera de quién es Nostradamus. Y mucho menos que era judío.

-Pues bien, empecemos por lo peor entonces. No sólo era judío, sino encima sefardí. Era un judío de origen provenzal, ambos abuelos suyos eran judíos muy religiosos y practicantes de la tradición sefardí. Su familia fue convertida a la fuerza a fines del siglo XV por presión de la Iglesia Católica francesa, cuando Provenza fue anexada por Francia. Hasta entonces formaba parte de la zona de Cataluña, y luego cayó bajo la égida, ya sea de la Iglesia Católica o de la Inquisición española. Nostradamus nació en 1503 y murió en 1566 en Francia. Sus padres lo criaron como católico. Su nombre completo era Michel de Notre Dame, porque vivía a la sombra de la iglesia de Notre Dame. Después de la muerte de su esposa y de sus hijos en una de las pestes negras que asolaron a Europa, volvió a la tradición judía. Incluso, cuando tome contacto con los cabalistas en Italia va a cambiar su nombre al hebreo Mijael. Su fama principal es como profeta, todos hablan de sus profecías, que incluyen la muerte de los hermanos Kennedy, el ascenso de Hitler y varias cosas que te van a dar pesadillas para varias noches. Pero su primera fama partió ante todo de sus logros como médico. A pesar de haber salvado a mucha gente durante la peste negra, desgraciadamente no pudo salvar a su esposa y a sus hijos, lo que lo sumergió en una congoja muy profunda. Partió entonces de Francia hacia Italia, donde se reunió con sefardíes cabalistas, los de la generación de Abarbanel, que se habían ido de España luego de la Inquisición. Ahí, podemos decir, Nostradamus volvió a su judaísmo. No como cualquier familia de criptojudíos, que sabía muy bien que era judía y regresaba a sus viejas prácticas. Nostradamus abrazó el judaísmo y también la cábala, la rama mística. Nostradamus era lo que podríamos decir un psíquico. Y al volver a Francia, en muy poco tiempo se convirtió en miembro de la corte del rey Enrique II por el poder de sus profecías. La mayoría de las profecías no eran muy tranquilizadoras que digamos. La primera, precisamente, no le hizo cosechar muchos amigos en la corte real. El vaticinó la muerte del rey de Francia Enrique II. Dijo que moriría en un torneo real a una edad muy joven. Esa no es una profecía que declaras al rey si quieres hallar favor a sus ojos, y menos aún dentro de la corte. Poco tiempo después Enrique II murió en un torneo en la corte real. Esto se puede ver de dos maneras. O bien Nostradamus estaba envuelto en alguna conjura, tesis sostenida por sus enemigos antisemitas, o se trató de una profecía verdadera.

-Supongo que también habrá tenido problemas con los rabinos de la época…

-Efectivamente. De acuerdo con la Halajá, la época de las profecías se acabó hace más de 2000 años. Y realmente después de la época bíblica ninguna persona ha sido capaz -a excepción de una profetiza que se llamó Julda, en la época del Segundo Templo- de recibir profecía clásica por parte de Dios. Pues bien, Nostradamus vivió mucho después de la época bíblica, más de 1.600 años después. Y repasando sus profecías, empezando por la muerte del rey Enrique II, encontramos una exactitud espantosa. La reina Caterina de Medicis, la casa real de Italia, respetaba muchísimo a Nostradamus, y ella, que era católica, lo protegía. La Inquisición en Francia no era lo que era en España. No perseguía judíos y, en general, los judíos vivían más o menos abiertamente en Francia. Caterina de Medicis fue la que evitó que Nostradamus pasara a ser blanco de atentados antisemitas después de la muerte de Enrique II. Tenemos que agradecerle a Caterina de Medicis, porque si no fuera por ella no conoceríamos a Nostradamus. Gracias a su protección y a su mecenazgo, Nostradamus llegó a escribir el libro “Las Centurias”, su libro clásico de profecías. Este libro está escrito de un modo muy particular. Está escrito en latín y en “cuatrens” una palabra acuñada específicamente para definir al tipo de estrofas que escribía Nostradamus: estrofas de cuatro versos, seguidos cada uno por un estribillo que apremiaba a la gente diciendo que cualquier profecía, por más desastrosa que fuere, podía ser anulada por el libre albedrío del ser humano. Esto es muy interesante, porque recuerda algo de la tradición judía. El Día del Perdón, cuando le pedimos a Dios que anule, cambie o mitigue la severidad del veredicto, decimos que “caridad y buenas acciones” pueden lograr ese efecto de anular el decreto más terrible.

-¿Crees realmente en las profecías de Nostradamus?

-Yo, con todo lo racionalista que soy, creo que Nostradamus era un profeta de veras, del modo más espeluznante, y lo vamos a ver cuando veamos las profecías una por una. Tú no quisieras tener los poderes de clarividencia que él tenía porque no sabrías como dormir de noche. Veía el futuro de la humanidad. No es fácil para mí decirlo porque no soy del bando de los cabalistas para nada.

-Dame ejemplos. Si no lo escucho no lo creo.

-Muy bien, entonces vamos a ver las profecías una por una. “Las Centurias” es de hecho un mamotreto enorme que ha sido traducido a todos los idiomas del mundo, así que nuestros lectores pueden ir a consultarlo en español. Para empezar él profetizó el gran fuego de Londres de 1666. Dijo que toda la ciudad de Londres sería arrasada por un fuego que cambiaría también el orden social. En 1666…

-Exactamente un siglo después de su muerte…

-Así es, así que ya nadie lo podía acusar de estar conspirando para prender el fueguito. Exactamente en ese año Londres fue arrasada por lo que se dio en llamar “the great fire of London”, el gran fuego de Londres. Ese fue uno de los acontecimientos más señeros de la historia inglesa, y como consecuencia, se produjo también la revolución puritana en Inglaterra, que cambió la faz de la sociedad inglesa de modo total. Sería muy difícil llamar a esto una coincidencia. Esta fue una de sus profecías más notorias. Saltemos hacia el siglo XVIII. El dijo que en 1789 el rey de Francia perdería su cabeza, la reina también. Habría una conmoción de todo el pueblo, se produciría un reino de terror que duraría cuatro años. Nombraba también a los revolucionarios por sus nombres: Dantón, Robespierre. Y describía muy bien los procesos de la revolución, empezando con los degollamientos masivos, siguiendo con el derrocamiento del poder real, la instauración del poder del pueblo, el deterioro de este poder y la restauración en el siglo XIX. No hay que olvidarse que Nostradamus era francés. Su libro fue más leído en Francia y luego pasó a ser folclore popular entre los sefardíes, pero nuestros rabinos no permitían que se lo leyera. Pero era como “Las mil noches y una noche”: las autoridades musulmanas tampoco permitían que se leyera, y los árabes lo leían igual. Lo de la Revolución Francesa fue una profecía completa que se cumplió al pie de la letra en el mismo año en que lo predijo. Para el siglo XIX él profetizó el ascenso al poder de un tirano bajito y chaparrito en 1800 que llegaría a las puertas del reino del zar en Rusia y ahí sería derrotado. Napoleón subió al poder en Francia a principios del siglo XIX, y luego de una campaña sumamente victoriosa e insigne en todos los países de Europa, llegó a Rusia donde fue derrotado. ¿Coincidencia? Tal vez, pero las coincidencias se empiezan a acumular. De nuevo: no soy del bando místico, pero sí creo que hay personas -pocas- que son clarividentes y voy a agregar un dato, para que mis lectores no crean que ingresé en el partido Shas. La policía de mi “aldea”, Nueva York, utiliza gente que son psíquicos para ubicar cadáveres o rehenes. Eso no es leyenda, sino un hecho desde hace 70 años. Hay personas dotadas de una visión más grande. Lo que pasa es que son pocos, y no son los mentecatos que venden sus servicios con una bola de cristal. Nostradamus era uno de esos pocos. Estaba muy consciente de su don y no estaba muy cómodo con él; por el contrario sufrió mucho por su causa, porque ver la historia de la humanidad, tal como la misma fue, no debe ser algo muy placentero. El también utilizaba la deducción a base de lo que veía en su propia época. Las conquistas en el nuevo mundo, las inquisiciones, las guerras fratricidas entre católicos y protestantes. La humanidad no era un gran regalo, y Nostradamus no era optimista con respecto al futuro ni tenía que serlo. Pero como buen judío creía que el libre albedrío podría revocar el peor de los designios.

-Entonces eso le da la excusa para los errores también: toda profecía que no se cumple es por el libre albedrío de los hombres. Muy conveniente…

-Definitivamente se podría decir. Pero también se puede decir que sencillamente se equivocó. No estamos diciendo aquí que se trataba de un dios, sino que Nostradamus estaba dotado de un don psíquico, que acertó horriblemente bien en ciertas cosas. Pero dado que era un ser humano, no un mesías, se equivocó en muchas otras. Están también los que quieren ver en Nostradamus un santo, lo que me parece también exagerado, porque él mismo no se veía así. Ellos van a decir que las profecías están escritas en un lenguaje tan recóndito que sólo cuando logremos descifrarlas entenderemos mejor y veremos que sí se cumplieron. Yo diría pues, que Nostradamus acertó en algunas de las cosas más importantes y en otras se equivocó. Eso para mí no quita el poder de clarividencia que tuvo.

-Avancemos un poco más, ya estoy preparado para lo peor.

-Mejor, porque aquí llegamos al siglo XX y la cosa se pone espantosamente fea. De todo el libro de “Las Centurias”, las cuaternas más famosas tratan de la profecía acerca del príncipe austríaco de nombre Hister. Así lo llama Nostradamus. No es Hitler pero le pasa raspando. ¿Qué profetizó Nostradamus, y por qué es ésta la profecía más famosa? El hecho es que después de la Segunda Guerra Mundial estalló obviamente un interés mundial por las profecías de Nostradamus que hasta entonces en nuestro siglo no se había dado. Nostradamus profetizó, y no en idioma simbólico sino literalmente, que en 1932 -da el año, se equivocó por uno, pero no es nada- subiría al trono del “Tercer Imperio Romano”, que era el modo en la Edad Media de llamar al imperio alemán, un tirano de nombre Hister, que asolaría a su propio pueblo, arrasaría a todos los demás, y mataría a 6 millones de judíos. Ese es el número que da. Sí, ahora te quedas mal. Porque aquí Nostradamus no se fue por las ramas, esta fue su profecía exacta, y creo que aquí otra vez el racionalista más empedernido, como yo, que me considero rambamista, tendrá que admitir que Nostradamus era un psíquico monumental, como los que utiliza la policía de Nueva York -cuyo horrible poder no quisieras tener-, pero mucho más poderoso.

-¿Qué otros detalles dio sobre la Segunda Guerra?

Muchos. Habló de una nube de hongo que cubriría la tierra del Oriente después de la caída del tirano Hister. Podrías decir que se trata de una nube cualquiera, a mí sí me parece una buena profecía de Hiroshima, y decía que esa no sería la última vez que se vería la nube. Aquí la cosa se pone realmente fea, pero no te preocupes, porque nos quedan cuatro meses más. -… -Tranquilízate, te voy a prestar todos mis amuletos sefardíes, ya te veo colgándolos por toda tu casa… El decía que después de la “guerra de todas las naciones” existirían tres grandes bloques. El bloque del “Imperio del Occidente” que nacería en “las tierras descubiertas por Colón”, no hace falta ser adivino como lo era él para saber de qué país está hablando; el “Imperio de los Zares” (Rusia) y el “Imperio Chino”. El hablaba de tres potencias que guerrearían entre sí. El también dibujaba paralelos con situaciones de antagonismos en su época: el Imperio Español, el más cruel, al que Nostradamus como judío odiaba más que nada, porque era el imperio que quemaba judíos; el imperio inglés, al que odiaba menos porque no quemaban judíos, y los franceses, con los que obviamente tenía que llevarse bien porque estaba comiendo de su mano. El decía que en el siglo XX, en la década de los ’60, veinte años después de la caída de “Hister”, una dinastía irlandesa subiría al Imperio del Occidente. Ya, otra vez, cálmate, te dije que te ibas a poner mal.

-Sigue, sigue, estaré bien.

-Está bien, tú lo pediste. El decía que habrían cuatro hermanos irlandeses. Uno moriría en la guerra contra Hister. Pues bien, el hermano mayor de J. F. Kennedy murió en la Segunda Guerra Mundial. Dijo que el segundo moriría por un disparo “de arcabuz” en la cabeza. Los arcabuces eran las armas de fuego de la época. Y que moriría en la zona norteña de México. El dijo en la zona norte del “Imperio de Hernán Cortez”. ¿Dónde murió Kennedy? En Dallas, Texas. Y sabemos que Texas es tierra ocupada, robada a México. Y dijo que ocurriría en 1962, otra vez se equivocó por un año. Como se dice en inglés, y discúlpame, “big deal!”. Con el tercer hermano vemos la profecía más interesante y lo que más nos atañe, aquí en Israel, y aquí en Jerusalem. Ya que el tercer hermano moriría en 1968 -aquí no se equivocó- por alguien venido de Jerusalem con turbante verde. ¿Quién mató a Bobby Kennedy? Sirhan Birhash Sirhan, un palestino extremista de la zona que vemos por esta ventana, en el este de Jerusalem. Mató a Bobby Kennedy el 5 de junio, aniversario de la Guerra de los Seis Días, a causa de su simpatía con Israel. Por último, Nostradamus dijo que el cuarto hermano irlandés moriría pacíficamente en su cama. Teddy Kennedy es el único hermano de entre los cuatro que por ahora está vivo. Obviamente después del doble asesinato, de John y de Bobby, en EE.UU. otra vez resurgió la locura de las profecías de Nostradamus.

-¿Qué pasa después? ¿Ya llegamos al fin de siglo y al eclipse?

-Sí, pero agárrate de la silla si no te quieres caer. Primero predijo que el 11 de agosto iba a haber el eclipse, exactamente el día y la hora en que ocurrió. Y luego, en diciembre de 1999, el pronostica el comienzo de la “tercera guerra de todas las naciones”. Comenzará el 31 de diciembre de 1999. Dijo que será el principio de 300 años de guerra. Pero también modificó la profecía, se vuelve simbólico y hay dos maneras de tomarla. El decía que exactamente un mes después del eclipse, el 11 de septiembre, se acabaría el mundo tal como lo conocemos y nacería un nuevo mundo, que será mejor. ¿Tú sabes lo que ocurre el 11 de septiembre de 1999? Es el primer día de Rosh Hashaná, el Año Nuevo judío. Eso no hay que tomarlo por magia, porque Nostradamus como judío hubiera podido calcular Rosh Hashaná para los próximos 2000 años. Pero es interesante que para él como judío fue importante fijar el comienzo del nuevo mundo en Rosh Hashaná. Y aquí vemos otro aspecto de la personalidad de Nostradamus. Ante todo él era producto de su época, tiempos de Inquisición, y odiaba a la Iglesia. El aquí niega tajantemente el advenimiento de Jesús. El año 2000 para el católico es el año del segundo advenimiento de Jesús, porque la Iglesia lo calcula por milenios. Los clérigos ya se habían equivocado en el año 1000, cuando todos en Europa dejaron de arar las tierras y abandonaron todo porque tenía que llegar Jesús y ya no habría necesidad de trabajar. No vino, y en el 1001 la gente volvió a sus trabajos. Por lo menos tuvieron un año de vacaciones… Parece que para el año 2000 va a pasar lo mismo.

-A menos que se acabe el mundo…

-Sí, o a menos que venga Jesús, con lo cual también se acabaría nuestra columna en Hagshamá, pues de cualquier modo no tendremos que trabajar más. Para Nostradamus, como hijo de conversos, con todo el resentimiento que eso le suscitaba, con la Inquisición y las presiones de la Iglesia Católica, le era importante pronosticar algo que no tuviera nada que ver con la perspectiva clerical. El segundo advenimiento de Jesús no juega ningún papel en las profecías de Nostradamus, y por eso los católicos creyentes lo rechazaron. Mientras tanto los judíos fuimos igualmente estúpidos y lo rechazamos diciendo que la época de las profecías se había acabado porque así lo dijo la Halajá. Podemos decir que Rosh Hashaná es el comienzo de una nueva era mundial. Lo puedes tomar espiritualmente, porque este siglo, que ha sido un horror, mejor que termine de una vez. El siglo que nació con la Primera Guerra Mundial y terminó con Kosovo, no es una joya de siglo precisamente, por decirlo con delicadeza. O bien lo puedes tomar en su sentido literal, y entonces el 31 de diciembre estallará una guerra entre el reino del Oriente, China, y el reino de los zares, Rusia. El decía que la tensión surgiría en la frontera con Manchuria, entre Rusia y China; y que el reino del Occidente, o sea mi ex patria (con excepción del Spanish Harlem, mi barrio, que es zona ocupada), tomará partido por los rusos. Es sumamente interesante. Si te fijas en los alineamientos de poder geopolítico actuales, en los que EE.UU. teme mucho a China, a la que ve como una potencia super antidemocrática, que también es una incógnita, pues nadie sabe para qué lado dispara, entonces verás que es concebible que EE.UU. apoye a Rusia. Al menos no es descabellado. Si eso sucede estamos realmente fritos, porque ahí Nostradamus vaticinó 300 años de guerra constante, que envolverá la Tierra, habrá nubes de hongo por doquier y todo, decía Nostradamus, por la codicia y la maldad del hombre. Es que él vivía en una época de gran codicia, con cosas tan horribles en su época, la conquista de América, la Inquisición y la guerra fratricida en Francia, con miles de cadáveres alfombrando las calles, como el Holocausto en la nuestra. Y el no veía que la humanidad fuera a cambiar para mejor. Como hijo de conversos, veía que cuando en Italia se hablaba de Renacimiento, en España se hablaba de Contrarreforma, de expulsiones, de matanzas, masacres por doquier en el Nuevo Mundo; los ingleses y los franceses no fueron mucho mejores en este sentido. Así que él sí veía un deterioro. ¿Y el siglo XX fue mejor que el XVI? ¡Vamos, el siglo XX es para llorar! El decía que esta guerra de nubes de hongo duraría 300 años. Se salvarían ciertos lugares: Jerusalem, el “Imperio de los Incas y todo lo que hay al sur” (mis latinoamericanos están a salvo), y el Oriente. Ergo, Europa se acaba. Nostradamus no menciona lo que va a pasar con el Imperio del Occidente, EE.UU., deja la incógnita, pero con Europa sí tuvo chinche. El decía que después de 300 años nacería una nueva raza humana que no sería parecida a la anterior. Eso lo puedes entender de la peor forma: como mutantes después de una conflagración atómica, y que Rusia, China y EE.UU. se van a hacer realmente papilla; o lo puedes ver de modo optimista: que el mundo entrará en la era de Acuario, y que estos años son una metáfora de una lucha interna y purificadora del hombre consigo mismo.

-¿Allí se acaban las profecías? ¿Con el comienzo de una nueva era? –

Sí, y él lo deja como interrogante, como diciendo que de el ser humano depende si habrá o no habrá guerra. Aquí te quiero traer un dicho sefardí que me parece muy interesante, y creo que Nostradamus, como partía de esta tradición, lo habrá escuchado o tal vez habrá pensado así. En el libro de Génesis leemos que Dios prometió a Noé que nunca más destruiría el mundo, y por eso colocó el arco iris en el cielo, como señal de su pacto. Pero el ser humano sí puede destruir el mundo. Nostradamus no tenía miedo de que Dios destrozara al mundo, estaba seguro que Dios cumpliría con su parte del pacto. Pero no estaba para nada seguro de que el ser humano cumpliría con lo mismo. Al mismo tiempo, creía que el ser humano podía mejorar, y nunca se cansó de pedir a la humanidad que cambiara. Luego de la muerte de Enrique II, su sucesor Carlos II fue muy tolerante con los judíos, y convirtió a Nostradamus en asesor oficial de la corte. Era la primera vez desde la época de oro de los musulmanes y los judíos en España que un judío ascendía a tal honor. Eso es una prueba de que la gente de la época lo tomó muy en serio. Nostradamus murió en 1566 siendo famoso, él sí gozó de reconocimiento en vida. Y luego siguió siendo un personaje de estudio en círculos judíos y cristianos no oficiales. Recuerda que los cristianos no lo querían porque no hablaba de Jesús, y los judíos no lo querían porque supuestamente ya no podía haber profecías…

-Y además tampoco hace referencia alguna a la era mesiánica desde una óptica judía…

-Para nada. Nostradamus te deja en duda, y desde ese punto de vista es absolutamente moderno, porque no te da la certeza que es típica de la Edad Media. El espíritu moderno de Nostradamus es de inquietud, búsqueda constante y mucha incertidumbre. Pero también de libertad para fraguar tu destino. En eso era, también, absolutamente judío: todo esto es una porquería, lo puedes cambiar, ¡actúa!, y entonces incluso la peor de las profecías quedará sin efecto. Hasta ahora no hemos actuado mucho, así que, queridos lectores, no sean demasiado optimistas para el año 2000.

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Las diez tribus perdidas: cuando de ilusiones también se muere

enero 23, 2007

Debido al debate de el judio de camerun y el de los lemba voy a publicar para debatir y polemizar las clases de Sharona.

Las diez tribus perdidas: cuando de ilusiones también se muere

Las clases de Sharona

Por Sharona Fredericko

Aprendió y editó: Marcelo Kisilevski

En épocas de crisis, el pueblo judío se ha aferrado a sus mitos como a la última tabla de salvación. Uno de ellos es el de las Diez Tribus Perdidas, cuyo hallazgo habrá de acelerar la llegada del Mesías. Es también el mito de la solidaridad judía que, según nuestra profe de Historia, no existe. En la clase de hoy, Sharona pega duro a los judíos que se llenan la boca con que somos un solo pueblo, pero que no se juegan a la hora de la verdad. El que no lee la siguiente nota tiene ausente.

-Sharona, me he convencido de que el Mesías está realmente por llegar. ¿No te parece signficativo que haya tantas tribus perdidas encontrándose por todos lados? Aparecieron los etíopes, que parece que son de la tribu de Dan, y en Pakistán está la de Naftalí, que son como tres millones, y en Japón la de Zevulún. Y hay también en Sudamérica. La profecía dice que se reunirán todas las diásporas de todos los confines de la tierra. Más claro, echale agua. ¡Llega el Mesías!

-Primero, Marcelo, quiero preguntarte dónde tomaste esas drogas tan poderosas y por qué no me invitaste a una sesión. Veo que estás inspirado por un ardor mesiánico que te ha hecho perder varios tornillos. Hay ciertas organizaciones como la Sojnut, el Joint y otras, que viven de los números demográficos del pueblo judío, que están bastante trastornados por el supuesto descenso demográfico, y que siempre tienen que estar descubriendo nuevos agregados al pueblo, porque por el hecho de estar dominados por los ultraortodoxos, no pueden aceptar a los que se identifican como judíos que son producto de conversiones reformistas y conservadoras. Con todos esos miles, no tendríamos que buscar ni a las tribus perdidas ni a los cubiertos de tu abuela, sin intención de insultar a tu abuela.

-Por no hablar de los hijos de matrimonios mixtos, que son rechazados en los marcos comunitarios por no judíos a pesar de declarse judíos, vivir toda su vida en la conciencia y en la práctica de judíos, y ser muchas veces más fervorosos que muchos judíos “halájicos”.

-Sí, es otro desperdicio monumental. Yo creo que hoy en día, cuando judíos y palestinos estamos enfrentando una situación de crisis total, en lugar de volcarnos hacia la escapatoria de siempre, que es la esperanza mesiánica de las Diez Tribus Perdidas, un mito que nos ha acompañado a lo largo de toda nuestra historia, y que nos ha impedido siempre actuar con claridad, sería mucho mejor enfrentarnos con la verdad, con la realidad de hoy. El pueblo judío tiene una tendencia espantosa a lidiar con un futuro inexistente en lugar de encarar los problemas actuales.

Las Diez Tribus Perdidas son el tema esotérico número uno que ocupa a centenares de intelectualoides judíos. Y perdón que los llamo intelectualoides, pero lo hago porque no se refieren al tema desde el punto de vista de un mito antropológico, que es interesante, sino que se refieren al tema como si se tratara de un hallazgo actual pasible de hacer. Es gente un poquito trastornada de mente, que a mi juicio están desperdiciando muchos recursos económicos del pueblo judío, que podrían ser mejor canalizados hacia el mejoramiento de comunidades judías existentes.

-Como la argentina, por ejemplo…

-Sí, no veo a la Sojnut invirtiendo para levantar a la comunidad empobrecida de la Argentina. En cambio, se van a Pakistán a buscar a los descendientes de la tribu de Naftalí. Mandan gente a Japón a buscar a los descendientes de Zevulún. Cuando honestamente, todo esto les importa un comino tanto a paquistaníes como a japoneses.

-Pero, ¿qué hacemos, Sharona? ¿Abandonar a nuestros hermanos paquistaníes y japoneses? ¿Sólo porque pasaron miles de años y probablemente no se acuerdan su origen tenemos que dejarlos a su suerte?

-Mira, Marcelo, te recomiendo que leas un libro de Jean Paul Sartre, escrito en 1946, Antisemita y Judío. Yo diría como dice Sartre en ese libro que uno, al fin y al cabo, es judío cuando se identifica como judío, y no cuando alguien externo lo identifica a uno como judío. Si puedo elevar un tema controvertido, porque al grabar esta clase acabamos de conmemorar un nuevo Día del Holocausto, diría que habría que recordarles a los ortodoxos, que tanto se llenan la boca con los seis millones, que si fuera por ellos, más de dos de esos seis no serían reconocidos por ellos como judíos, porque no eran de madre judía. Ellos murieron porque Hitler los definió como judíos, a través de las leyes de Nürenberg. Así que hablar de los paquistaníes y de los japoneses como nuestros “hermanos judíos”… Bueno, como antropóloga obviamente soy hermana de ambos pueblos como ser humano que soy, pero no como judía.

-¿Cómo surge el mito de las Diez Tribus Perdidas? ¿Por qué siempre surge en momentos de crisis?

-Como ahora, que estamos en crisis, y están apareciendo un montón de libros que hablan de la búsqueda de las Diez Tribus Perdidas. Todos se enfocan en Sudamérica, en Pakistán o en Japón. Mira, la idea ya se remonta a lo que yo llamo la primera gran tragedia nacional del pueblo judío. En el año 701 aec., los asirios invaden el territorio del reino de Israel. Para ir despedazando un par de mitos muy queridos por la historia oficial judía pero no por los historiadores serios, ya no éramos un pueblo: éramos dos. Ya antes nos habíamos dividido en dos reinos que hacían la guerra entre sí. O sea, al diablo con la idea de la solidaridad judía. Éramos doce tribus, descendientes del patriarca Jacobo, dos en el sur, Judá y Biniamín, que formaban el reino de Judá con Jerusalem como su capital, y en el norte las otras diez, que formaban el reino de Israel.

Los asirios, pues, invadieron el reino del norte, Israel, en el año 701 aec. ¡Judá no movió siquiera un meñique para salvar a sus supuestos hermanos! Así que resulta, mientras hoy en día tantos se llenan la boca acerca de los sacrificios que hay que hacer por el bien del pueblo, que jamás fuimos un pueblo unido. Así como no lo son tampoco los palestinos, que más que uno son 36 pueblos distintos. Israel cayó en manos de los asirios y Judá quedó ileso. Judá no desafió a los asirios, y los asirios no tocaron a Judá. Pregúntame por qué.

-¿Por qué?

-Porque, al contrario de lo que dicen los paranoicos de la educación judía, que gustan de ver en todos los acontecimientos bíblicos ejemplos de antisemitismo, aquí se trataba de netas rivalidades políticas. Que los asirios tuvieran un problema con Israel no significa que lo tuvieran con los judíos de Judá.

-Pues bien, ¿qué pasa con estas Diez Tribus?

-De acuerdo con la crónica bíblica, los asirios los llevan al norte de Asiria, y ahí desaparecen. Más bien, la historia no los menciona más. Ni siquiera vuelven a aparecer en la Biblia ni en el Talmud. Es decir que toda la continuación histórica del pueblo judío es acerca de Judá y Biniamín, más los pocos refugiados que lograron huir a Judá después de la derrota de Israel. ¿Qué pasó con ellos? Váyase a saber. Nadie tiene la menor idea. Que hayan sido todos masacrados, honestamente no es muy factible, a pesar de lo que Jabotinsky y sus seguidores del movimiento Betar querrían creer. Los asirios a los cautivos los usaban como esclavos. Lo más lógico es que los esclavos se mezclaron con la población local y sencillamente desaparecieron como pueblo. No estoy defendiendo aquí a los asirios, eran uno de los pueblos más sanguinarios del mundo antiguo. Pero hablando del destino final de las Diez Tribus Perdidas, lo más probable es que se hayan asimilado, sometidos a una esclavitud sumamente despiadada, más que haber sido masacrados.

-Pero si se habla de las Diez Tribus Perdidas, quiere decir que en algún nivel pudieron mantenerse como tales…

-Lo cual es completamente imposible y te digo por qué. Los asirios no los ubicaron a todos juntos en el norte de Asiria, porque en ese caso habrían constituido una amenaza para ellos. Habrían tejido alianzas con los enemigos de los asirios y hubieran podido volver a pelear contra Asiria. En cambio, tal como lo dice la Biblia, los dispersaron por el norte de Asiria, mezclándolos con otros pueblos cautivos, y los mantuvieron como esclavos. Dejar que siguieran existiendo como tribus hubiera sido ridículo. Fíjate en el ejemplo más reciente. Cuando los portugueses, los españoles y los ingleses trajeron esclavos negros de Africa al “nuevo mundo”, ¿qué fue lo primero que hicieron? Mezclaron las tribus, para evitar que formaran una entidad unida para sublevarse. Lo último que hubieran hecho los asirios es dejarlos juntos, para evitar el ejemplo conocido por ellos de un éxodo de esclavos, como había sucedido en Egipto.

Pues bien, ¿qué pasa con la memoria de las Diez Tribus Perdidas? Probablemente, nada. No vuelven a aparecer como tema. En el libro de Isaías, que era un profeta universalista y pacifista -lo recalco porque su visión de redención abarcaba a todos los pueblos, no solamente al judío- hablaba de ellos de modo simbólico. Hablaba de devolver a todos los remanentes del pueblo judío a su tierra como señal del advenimiento del Mesías, el cual redimiría a todas las naciones, “kol hagoím”. Lo subrayo también para un buen par de judíos ultraortodoxos que utilizan la palabra “goi” como palabra condenatoria. Que sepan esos amigos, que la Biblia, en la cual ellos supuestamente creen, no utiliza la palabra “goi” en un sentido peyorativo sino positivo. “Goi” significa pueblo, y todos los “goim”, todas las naciones, fueron creados por Dios. Así que paren con su xenofobia.

Entonces, Isaías habla de los “remanentes”. A partir de ahí nació una creencia filosófica en las Diez Tribus Perdidas, por la cual había que encontrarlas como antecedente para la era mesiánica. Pero era una idea simbólica. Nadie creía en la época bíblica que se las pudiera encontrar otra vez.

-Hablás como si en la época bíblica los hebreos hubieran sido un pueblo con mayor poder de abstracción que los judíos actuales.

-Sí, o tal vez al contrario. En la época bíblica éramos un pueblo más sano. Éramos un pueblo que se enfrentaba con la realidad. Nuestra aproximación a Dios era a una fuerza cósmica viviente que era parte de nuestras vidas. No como los que hoy en día se refugian en las ieshivot (casas de estudios rabínicos) para huir de la realidad sino más bien, al estilo Rambam, lidiábamos con la realidad manteniendo nuestra fe. En la época bíblica a nadie se le hubiera ocurrido salir a buscar a las Diez Tribus Perdidas. Ya estaban perdidas, y entendían que la era mesiánica –que no está mencionada en la Torá, el Pentateuco, sino en Isaías, en una parte posterior de la Biblia- vendría en un modo simbólico.

Con la destrucción del Segundo Templo en el año 70 dec., el pueblo judío se sumergió en un abatimiento y una desorganización total, y como es nuestra costumbre, cada vez que estamos en una época de pesadilla, preferimos huir de la realidad y refugiarnos en mitos. Y ahí surge el mito de las Diez Tribus Perdidas.

Hoy en día también estamos en una época de crisis, nos refugiamos en el mito de la solidaridad judía. Y perdonen todos los “míticos” de los factores oficiales de Israel y el sionismo, pero fíjense qué solidaridad judía tenemos, que en una época de semi guerra, los primeros que anulan todas sus visitas, tanto de turismo como de estudio, son los judíos. Perdonen, pero cada vez que escucho esos slogans de “somos uno”, mi respuesta es: “¿somos un… qué, exactamente?”

Pero como es época de crisis, cuando estamos más divididos, nos aferramos al mito de la unidad, cuando está perfectamente claro que unidad no hay.

-¿Cuáles son algunos de esos eventos, en los que el mito reaparece?

-Mira, hablemos de la Edad Media, hace cerca de un milenio, cuando todo el mundo europeo estaba sumergido en la fiebre mesiánica, cuando todos los católicos dejaron de cultivar sus campos porque creían que iba a llegar Jesús por segunda vez. Pero Jesús no llegó en el año 1000, no llegó en el 2000, y honestamente me voy a sorprender mucho si llega en el 3000. Si eso ofende a mis lectores cristianos, que sepan que tampoco creo que venga un Mesías judío. Creo mucho más en la idea de Maimónides y de Spinoza de que puede venir una “época mesiánica” por la fuerza del hombre aquí en la tierra, no creo que Dios “mande” un Mesías. Creo en Dios, pero creo que Dios quiere que movamos nuestras mentes y nuestros traseros, y no que todo dependa de una sola persona.

Pues bien, hace mil años surge un tipo llamado Eldad Adani que empieza a andar por toda Europa. ¿Qué sabemos de él? Era judío, probablemente etíope, si nos atenemos a las descripciones que tenemos provenientes de España, Francia e Italia, donde se cuenta que era “más negro que los moros”, que eran los “negros” que conocían los estúpidos pueblos de Europa de la época. Y digo estúpidos porque eran efectivamente muy primitivos.

Eldad Adani declaraba ser descendiente de la tribu perdida de Dan. Muchos judíos etíopes sostienen como una de las posibles teorías de su procedencia, ser descendientes de esa tribu, cosa que podría ser verdad. Pero ellos no sostienen que “son” la tribu de Dan. Eldad Adani, en cambio, sostenía otra cosa. Y Eldad Adani, perdonen el lenguaje argentino, era un “chanta”. El sabe que el mundo está esperando ansiosamente al Mesías, a Jesús. Y sabe que todas las comunidades judías están infectadas de la misma fiebre. Lo sabía porque Etiopía era un país cristiano que también estaba sumergido en la fiebre mesiánica y estaba en contacto con Europa. Adani, aparentemente, quería hacer fortuna. Empezó a dar vueltas por todas las cortes de Europa proclamándose el Mesías provocando un ardor mesiánico entre los judíos y miedo entre los cristianos, porque el peor miedo de los cristianos era que la idea judía fuese verdad, que las Diez Tribus Perdidas se unificaran para proclamar la verdad del Dios judío. Sería su peor pesadilla. Por eso, Eldad Adani no desarrolló buenas relaciones con las cortes cristianas, pero sí adquirió una gran fama. Tuvo muchos seguidores. Pero un buen día desapareció y nadie volvió a saber jamás que fue de Eldad Adani.

Desapareció, sin embargo, dejando una profunda huella en los judíos, tanto de Sefarad como de Ashkenaz. Pues ahí nació la locura de buscar a las Diez Tribus Perdidas, para cumplir con la profecía de Isaías de reunificarlos remanentes y traer al Mesías.

A veces ello condujo a hallazgos interesantes que nada tenían que ver con las Diez Tribus Perdidas. Por ejemplo, en el siglo XII, salió de España, del país Vasco, de la ciudad de Tudela, un viajero llamado Biniamín. El famoso Benjamín de Tudela, que salió en la búsqueda de las Diez Tribus Perdidas. El buen hombre jamás encontró a las tribus, pero nos dejó una de las descripciones del mundo judío más completas que se conozcan de esa época hasta Marco Polo. Llegó hasta Irak, donde investigó la situación de los judíos de Bagdad en el siglo XII; llegó hasta Chipre, Egipto, Arabia Saudita. En este último país encontró incluso a judíos que todavía vivían como tribu, la tribu de Jáibar, que vivían más o menos como sus vecinos musulmanes, incluidas las guerras fratricidas intertribales. Benjamín de Tudela murió sin haber encontrado su ideal, las Diez Tribus Perdidas, pero no importa: la idea mítica lo impulsó a explorar y a descubrir.

-Las Diez Tribus Perdidas existen, en este imaginario colectivo, en un lugar geográfico determinado, ¿verdad?

-Sí, pero eso es un poco más tarde. Una idea interesante comenzó a circular por la comunidad judía de Bagdad, por muchas comunidades judías del este de Europa, tanto las más asiáticas de Rusia como las ashkenazíes de Polonia. La extensión geográfica de la idea nos habla de un fervor mesiánico tremendo. Es la idea mítica del río Sambatión. Aquí en Israel sería un río ultraortodoxo por excelencia, porque es un río un poco nefasto. Supuestamente, las Diez Tribus Perdidas habían sido exiliadas a un lugar al norte de Asiria, por las estepas de Asia Central, que vivían rodeados por un río mítico llamado Sambatión. Supuestamente, el nombre, sin un origen etimológico claro, tiene que ver con Shabat. Pero te cuento el mito porque hoy en día sería el sueño mojado de la gente de Lubavitch: este río tira piedras a todos los que intentan cruzarlo para descubrir la morada de las Diez Tribus Perdidas durante los seis días laborales de la semana, y no lo hace en Shabat. Eso es sumamente interesante, porque hoy en día, cuando se trata de las batallas por el cierre de las calles o de los comercios, los ultraortodoxos tiran piedras en Shabat sin ningún cargo de conciencia. En Shabat el río sube tan alto que simplemente no se lo puede cruzar. Por eso, las Diez Tribus Perdidas seguirán allá perdidas y encerradas hasta el advenimiento del Mesías. O hasta que haya un viajero lo bastante justo y piadoso como para lograr cruzar el río y traer a las tribus.

En la Edad Media y el Renacimiento los mundos judíos de Ashkenaz y de Sefarad –fuera del de Babilonia- se sumergieron en un caos total, por los pogroms en Polonia y la Inquisición en España. Y perdón que lo tengo que subrayar, pero la destrucción surgió del mismo punto en ambos casos, la opresión del catolicismo romano, por eso el fervor mesiánico de los judíos en países católicos siempre fue mucho más fuerte que entre judíos de países protestantes. No encuentras a judíos de países ingleses que salgan a buscar a las Diez Tribus Perdidas, porque los protestantes anglicanos no persiguieron a los judíos.

Pero en lugar de canalizar sus recursos hacia una reconstrucción de las comunidades destrozadas por el fanatismo católico en España y el fanatismo católico en Polonia, los judíos enloquecen con la búsqueda de las Diez Tribus Perdidas, por el deseo de encontrar una respuesta al caos que los amenaza con la extinción. Es comprensible desde el punto de vista psicológico: si estás mal, buscas un refugio en el esoterismo. Hay un gran escritor alemán, casado con una judía, en la época de la Segunda Guerra Mundial, que sé que muchos de mis lectores lo van a reconocer: Herman Hess, que escribió el famoso libro El juego de los abalorios. Trata de una cofradía de intelectuales que juegan con abalorios mientras el mundo se les viene encima. Pues bien, el mito de las Diez Tribus Perdidas sirvió como juego de abalorios para los judíos. De hecho hay muchos que acusan al propio Herman Hess de participar en el juego de abalorios, porque él se fugó a Suiza con su esposa durante la época del nazismo. Se refugió, pero tampoco adoptó una postura activa contra el nazismo.

-No sé si es bueno meternos a juzgar aquí las actitudes individuales frente al nazismo…

-De acuerdo, yo sólo lo menciono. Sé que vamos a recibir ochenta mil cartas enojadas por eso pero me hago cargo.

Pero siguiendo con nuestro juego de abalorios, es fascinante verificar lo que sucede cuando el mismo llega al Nuevo Mundo. Porque debo decir que desde los principios del siglo XVI, misioneros españoles en grandes cantidades propagaron la tontería de que todos los indígenas eran descendientes de las Diez Tribus Perdidas. Muchísimos lectores habrán escuchado estupideces por el estilo. Sabemos que es una estupidez, porque todas las evidencias arqueológicas señalan que todos los pueblos indígenas llegaron a los continentes americanos hace por lo menos 20.000 años.

Tiro los datos porque sé que hay todavía algún par de intelectualoides que siguen con esta tontería en Israel. En muchos sitios en Sudamérica, incluyendo el Monte Verde en Chile, tenemos evidencia de presencia indígena desde hace más de 20.000 años, de hecho 33.000. Estos pueblos han existido desde antes del retroceso de los grandes glaciares, y no llegaron ahí hace apenas dos mil años.

Pero hubo un misionero que aparentemente influye en varios intelectualoides judíos, que era un inquisidor, de nombre Jerónimo de Mendieta. Fue un misionero durante la conquista de México, una de las conquistas más sangrientas que hayan tenido lugar jamás en la historia. Jerónimo de Mendieta estaba convencido que todas las civilizaciones indígenas de México –para que sepan mis lectores, eran más de 40- eran descendientes de las Diez Tribus Perdidas. ¿Por qué? ¿Cuál era la lógica? Porque solamente un judío se opondría al cristianismo con tanta porfía. O sea, el hecho de que también el indígena quería aferrarse a su religión significaba que era judío. Esa, Marcelo, es lo que yo llamo una lógica para los fumadores de marihuana y demás yerbas. Significa que si un budista en el Japón del siglo XVI no quería convertirse al cristianismo, es porque era judío. Justamente los mencionados intelectualoides sostienen que también los japoneses son descendientes de las Diez Tribus Perdidas. Es otra tontería, porque sabemos que los japoneses son una mezcla de pueblos que llegaron de la China desde hace más de 3.000 y un pueblo indígena que se llama los Aíno.

-Pero Sharona, los que sostienen la presencia judía en esos lugares, ¿dicen que “hay presencia judía” o que todos los habitantes de la América precolombina y del Japón son descendientes de judíos?

-Los lunáticos de entre nosotros sostienen que todos nuestros hermanos de ojos sesgados son judíos. Se lo he contado a una amiga japonesa aquí en Israel, Emico Súguita, y por poco se me atraganta de la risa. Y eso que los japoneses no son precisamente muy expresivos que digamos, pero la mujer no podía casi levantarse de la silla. En Japón todo lo que existe es una religión de nombre Makoya que, de hecho, mandan cada año a Israel por lo menos 30 chicos para estudiar en la Universidad Hebrea de Jerusalem. Pero los Makoya no son descendientes de ninguna tribu perdida, sino una religión que surgió en Japón en la época de la pos-guerra, cuando muchos japoneses se sintieron asqueados por la actitud pro-nazi de su gobierno durante la Segunda Guerra Mundial, y se agruparon en una nueva religión que enfatizaba un vínculo simbólico con la tribu de Zevulún. La religión makoya es una interesante mezcla de doctrina budista, cristiana y creencias japonesas nativas. Es una religión muy humanista, pero no son descendientes de Zevulún. Son muy pro-israelíes. De hecho, en esta época en que la Sojnut no logra traer a muchos grupos de judíos a visitar Israel, los Makoya sí vienen.

-Ellos y muchos peregrinos cristianos protestantes…

-Muchísimos. Que lo sepan bien mis lectores cristianos: yo no culpo al mundo cristiano del colapso del turismo israelí, sino más que nada a los judíos. Ya saben lo que pienso de la solidaridad judía: que no existe. Sólo agrego que tampoco existe la solidaridad árabe: por algo somos primos. Pero ése es otro tema.

Pero volviendo a Sudamérica, lo cierto es que la fiebre de las Diez Tribus Perdidas llegó a su cúspide en el siglo XVII, época de la cumbre de la actividad de la Inquisición tanto en España como en América por su crueldad, cuando un viajero muy interesante, un judío portugués que ya vivía en Holanda, de nombre Antonio de Montesinos, escribió un texto sosteniendo que había encontrado a remanentes de las Diez Tribus Perdidas, de piel blanca, en la jungla de Ecuador.

Ahora bien, alguien preguntaría qué se había fumado Antonio de Montesinos, pero hay que explicarlo bien. Antonio de Montesinos era un tipo bastante desafiante de la Inquisición y tuvo muchos motivos políticos para escribir este mito. Recuérdese que la Inquisición tenía jurisdicción sobre los cripto-judíos, judíos que se habían convertido pero que secretamente seguían practicando el judaísmo. Oficialmente la Inquisición no podía tocar a un judío, solamente lo podía expulsar, que es también un acto de crueldad, pero no lo podía matar por ser judío. Eso también es, obviamente, un juego semántico: en la expulsión murieron miles. Ya vimos, y lo vemos nuevamente en nuestro tiempo, cómo en Serbia y en Ruanda la expulsión también conduce a la muerte.

Pero Montesinos colocó a la Inquisición en Sudamérica frente a un dilema muy interesante. Se fue a Ecuador como judío declarado, en una época en la que Ecuador, obviamente, era parte del virreinato español. Las autoridades españolas no sabían cómo reaccionar. Cuando intentaron capturarlo para expulsarlo, el hombre ya se había ido. Y lo encontraron río arriba en las junglas de Ecuador, entablando pactos políticos con los indígenas. ¿Qué es lo que estaba haciendo, probablemente, y con toda la justificación del mundo? Seguramente estaba incitando a los indígenas contra el colonialismo español. ¡Y qué bien que hacía! Es decir, estaba tejiendo un mito basado en motivaciones políticas que, honestamente, son eximibles de culpa y cargo.

Pues bien, cuando volvió a Holanda escribió una serie de cartas que supuestamente probaban la existencia de las Diez Tribus Perdidas en el Ecuador. ¿Quién leyó estas cartas? Un rabino que era un político señero de la época, el rabino Menasse Ben Israel, dirigente de la comunidad judía holandesa. El también tuvo sus motivos políticos: conseguir la entrada legal de los judíos a Inglaterra, porque quería que los judíos refugiados de la Inquisición tuvieran otro punto de refugio, porque Holanda ya estaba un tanto atiborrada con refugiados judeo-españoles.

Es cierto que de modo no oficial ya vivían judíos en Inglaterra desde los tiempos de la reina Elizabeth, que era bastante tolerante con ellos. Pero él quería conseguir el permiso oficial. ¿Entonces qué hizo? Volvió a la Biblia y dijo que Isaías había dicho que vendría el Mesías cuando todos los remanentes del pueblo, incluidas las Diez Tribus Perdidas, se encuentren en el mundo antes de reagruparse en la Tierra de Israel. Los cristianos protestantes creían lo mismo, solamente que, a diferencia de nosotros, creen que ese Mesías es Jesús, que vendrá por segunda vez, y nosotros no.

¿Qué hizo Menasse Ben Israel? Escribió una carta al líder protestante de Inglaterra, Oliver Cromwell, porque sabía que Cromwell mismo estaba sumido en el fervor mesiánico cristiano, y le dijo: “Querido Oliver, ya hemos encontrado a las Diez Tribus Perdidas en el Ecuador”. Es decir: Oliver, Jesús está al caer. Y si Jesús viene, puedes admitir a los judíos en Inglaterra, porque igual es la época mesiánica. Y si tú declaras oficialmente que los judíos pueden volver, estarás acelerando la profesía de Isaías porque entonces se encontrarán judíos en todos los rincones del mundo.

Menasse Ben Israel sabía lo que hacía. Sabía que Cromwell lo interpretaría para el lado de la venida de Jesús. Todo el mundo juega con la política, judíos, cristianos y budistas. La jugada del rabino tuvo su efecto, y Cromwell autorizó la entrada a Inglaterra de judíos refugiados de España. No fue una declaración abierta sino un aligeramiento de las restricciones. Pero vemos una nueva forma de jugar con el tema de las Diez Tribus Perdidas con fines políticos.

En el caso de Oliver Cromwell el mito fue utilizado para una buena y humanitaria causa. Hoy en día en el Medio Oriente, por ambos lados, lo estamos utilizando para mal.

-¿Qué tiene que ver? ¿No te habrás fumado algo vos, ahora? Que yo haya escuchado, con esta Intifada aquí no se habla de tribus perdidas sino de piedras y tiros, de tanques y morteros, de territorios y colonias en los territorios, y de lugares santos. Admito que del Mesías sí se habla, pero no de nuestro mito de hoy.

-Ah, Marcelo, pero tú sabes que para que llegue el Mesías primero deben hallarse las Diez Tribus Perdidas.

-¿Pero eso lo afirman también los ortodoxos colonos de los territorios?

-Sí. El impulso de ir a vivir en lo que bíblicamente se llamó Judea y Samaria y donde por los últimos casi dos mil años han habitado mayoritariamente nuestros primos árabes, tiene una enorme resonancia bíblica. No por eso creo que tengamos que arruinarnos la vida hoy en día, pero el impulso ciertamente es mesiánico.

Para dar algún ejemplo, los colonos que fundaron el asentamiento de Bet El, en los territorios, una de las colonias más reñidas entre judíos y palestinos, fueron allí por su fe mesiánica. Todo el movimiento de colonización de los territorios ocupados tiene ese fundamento. Gush Emunim, el Bloque de los Fieles, movimiento político que representaba en los años ’80 a los colonos religiosos, fue impulsado por el fervor mesiánico. Lo puedes ver en los documentos de Gush Emunim. Creían que la captura de los territorios en 1967 fue el antecedente para el advenimiento del Mesías. Y no estoy insinuando que Israel no estuvo obligado a luchar en aquel momento por defenderse. Obviamente lo tuvimos que hacer. Pero también debimos haber devuelto los territorios enseguida. Porque lo que surgió de eso fue una vez más un mesianismo enloquecido.

-Yo diría que es una lógica macabra: si la “liberación” de los territorios fue parte de un plan divino con vistas a cumplir la promesa hecha a Abraham y con vistas a la llegada del Mesías, cualquier pacto con los palestinos, cualquier concesión de territorios, es una traición a la palabra de Dios, rebelarse contra el plan divino, una herejía que, además, pone en peligro la vida de otros judíos. De allí al asesinato de Itzjak Rabin hubo sólo un paso.

-Exactamente. Y hoy en día, los colonos que siguen insistiendo en que nunca debemos conceder ni un ápice de territorio, porque eso va en contra del plan mesiánico, son iguales que los locos que fueron detrás de las Diez Tribus Perdidas en lugar de tratar de resolver los problemas del pueblo judío. Y déjame agregar también un dardo para nuestros primos palestinos. Los fundamentalistas que nos atacan a nosotros lo hacen en contra de lo que está escrito en el Corán. Si me está leyendo algún lector musulmán, que vuelva a sus propias fuentes y lea cómo Mahoma nos designó a nosotros los judíos como Pueblo del Libro, y que está tajantemente prohibido tocar incluso el pelo de un judío. Al final, los musulmanes fundamentalistas son iguales que nuestros mesiánicos enfebrecidos, pues sostienen que al liberar toda la tierra para convertir a toda piedra en musulmana se acercarán a la era mesiánica del Islam. O sea que los idiotas fundamentalistas que nos tiran tiros y misiles son iguales que nuestros colonos: están sacrificando lo que podría ser un presente convivible para ambos pueblos, y lo están convirtiendo en una pesadilla. Están sacrificando el presente en aras de un futuro que no vendrá jamás.

Bibliografía

Tomado de Hagshama E-zine