Compañero Terrorista

octubre 1, 2007

El pelele de Hugo Chavez,  Evo Morales lo llamo al Hitler Irani

“compañero revolucionario y hermano”

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Política e ideología nazi II

julio 26, 2007

David Bankier 

Curso “EL HOLOCAUSTO: IDEOLOGIA, POLITICA Y MORAL”

El Profesor David Bankier es el Director del Centro de Investigación del Holocausto en el Memorial Yad Vashem, Director del Departamento de Estudio del Holocausto en el Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Univesidad Hebrea de Jerusalem, integrante de los Consejos Editoriales de numerosas publicaciones profesionales, entre las cuales cabe mencionar “Holocaust and Genocide studies” y “Yad Vashem Studies”. Asimismo es profesor visitante en prestigiosas universidades de Europa y América Latina.

Política e ideología nazi II

En este segundo encuentro analizaremos el interrogante: ¿cómo pasaron los nazis de una política de segregación a una política de exterminio? La política antisemita nazi de 1933 a 1938 se puede comparar con el apartheid, la segregación racial impuesta en su momento en Sudáfrica y en Rhodesia. En la medida que nos adentramos en los años 1939-1945, disponemos de menos documentos relativos a la toma de decisiones sobre la cuestión judía. Sin duda alguna, hubieron muchos más de los que tenemos hoy en día pero fueron quemados. En su juicio en Jerusalén, Eichmann declaró que a fines de 1944 el archivo de su oficina – el departamento que se dedicaba a la “solución de la cuestión judía” en la SS – fue transferido a Theresienstadt, un ghetto al norte de Praga en el Protectorado de Bohemia-Moravia. El archivo fue trasladado hacia allá considerando que los aliados no bombardearían un ghetto judío y así los documentos se hallaban protegidos. No obstante, en 1945, cuando los nazis se dieron cuenta que iban a perder la guerra, quemaron esa documentación. Sabemos que en los años 30, antes de la guerra, los nazis ya barajaban la idea de adoptar una política genocida en un contexto de conflicto bélico – y no solamente respecto a los judíos. A fines de los años 20, en un artículo publicado en un periódico nazi, Hitler se refirió al exterminio deseado de un millón de alemanes, que según sus criterios no reunían las características necesarias para la raza aria. Así pues, a partir de 1933, comenzó una política de esterilización de aquellos que padecían enfermedades hereditarias. Pero en 1935 Hitler ya declaró que si llegase a estallar una guerra, no se conformaría con esterilizar y comenzaría con un programa de eutanasia. El comprendía que la guerra le permitiría hacer cosas que no podían hacerse en época de paz. Está claro, entonces, que la idea genocida de exterminar grandes masas humanas estaba ya en la mente de los nazis antes de empezar la guerra. Por ello – y no por casualidad – la orden de Hitler de comenzar el programa de eutanasia será firmada un mes luego de estallada la guerra. Ese programa, en su primera etapa hasta agosto de 1941, exterminará alrededor de 76.000 alemanes. Ese exterminio se llevó a cabo con todos los métodos que se conocerán más adelante en los campos de concentración: gas, inyecciones de fenol en el corazón, etc. Respecto a la cuestión judía, también en los años 30, mientras se llevaba a cabo la política de segregación, expropiación y emigración forzada, los nazis se referían a ellas como políticas temporarias, nunca las veían como la solución al problema. Era lo que podían hacer por ahora. ¿Qué harán más adelante? En los documentos nazis se explica: cuando estalle la guerra – dicen – arreglaran cuentas con los judíos. En 1939, cuando estalló la guerra, existía para la elite nazi lo que yo llamaría “una fantasía política”. En esa fantasía no existirán judíos sobre la faz de la tierra. ¿Cómo realizarlo? No había planes todavía; solo existía esta fantasía. El estallido de la guerra llevará a que los impulsos ideológicos genocidas, que se encuentran en el centro político, conjuguen con una práxis genocida pragmática en la periferia. Por ejemplo: Yugoslavia será conquistada en abril de 1941 y casi inmediatamente comenzará el movimiento de resistencia de los serbios contra la ocupación alemana. Hitler dará la orden de que por cada soldado alemán matado por los partisanos, se ejecute a 100 serbios. Consecuentemente las tropas nazis arrestaban en forma arbitraria rehenes serbios y los mantenían encerrados. Siempre había alguien que mataba a algún soldado alemán, por lo cual se tomaba a 100 rehenes y se los fusilaba. Los generales nazis comprendieron que este tipo de represalia no era productiva pues incrementaba la fuga de los serbios a los montes para unirse a los partisanos. No obstante, los generales alemanes deberán cumplir lo que Berlín les ordenaba. Por ello, llegarán a la conclusión que si matan judíos, por un lado cumplirán la orden, y por otro lado daban a los serbios una cierta tranquilidad, ya que no serán ellos los ejecutados. Así comienza una política sistemática de matanza de hombres judíos en Serbia. Entonces quedaban las mujeres y los hijos de esos judíos. Estos, que están en un campo de concentración debían ser alimentados y el ejército empezará a calcular cuanto tiene que gastar para alimentar a esta población que no produce. En este caso, el ejército contactará a Berlín, solicitando recibir expertos que ayuden a solucionar el problema de la existencia de 10.000 mujeres y niños en Belgrado, para que no tengan que alimentarlos y el aprovisionamiento sea dirigido a sus soldados. Justamente en este momento la unidad que se dedicaba a la eutanasia terminaba su primera etapa, después de haber matado a esos 76.000 alemanes, y estaba desocupada. Y así pues llegó un camión de gas – un camión que tenía el caño de escape orientado hacia adentro y con la polución de monóxido de carbono se matará a su carga humana. Este ejemplo demuestra que el militar que estaba en Belgrado no tenía un plan para aniquilar a todos los judíos de Europa. El se enfretaba a un problema concreto – 10.000 mujeres y niños en el campo de concentración de Semlin – y para ese problema concreto pedirá una solución. La solución que se dará en un régimen de este tipo para un problema de este tipo, será una solución genocida. La situación de aquellos que administraban económicamente los ghettos era similar. Toda persona que administraba un ghetto – como toda persona que administra cualquier empresa – quería obtener un balance positivo entre inversión y ganancia. ¿Qué se invertía en un ghetto? Se invertía comida. En un ghetto como el de Lodz con 200.000 personas, o Varsovia con 500.000 personas, el número de calorías que se daba a cada una de estas personas era muy reducido, unas 300 calorías díarias. Pero aún con 300 calorías díarias, el ghetto tenía que ser abastecido por las fuerzas de ocupación y el administrador del ghetto debía calcular cuánto azúcar, cuantos carbohidratos y cuantos oleaginosas necesitarían los judíos recluidos en el ghetto. Estos trabajaban en fábricas instaladas por los alemanes que tenían una producción determinada. Evidentemente, el número de personas que comía en un ghetto era mayor al número de personas que trabajaba, ya que los trabajadores eran aquellos que estaban en condiciones físicas de trabajar. Pero además estaban los niños, los ancianos, los enfermos, los lisiados, que no trabajaban. El administrador del ghetto llegaba a la conclusión que él perdía en esta empresa. Su empresa no era rentable desde el momento que el traía comida y no sacaba producto. Por tanto, sugerirá a Berlín una política por la cual se quedará solamente con aquellos que trabajen, lo que significaba terminar con toda la población de niños, enfermos, lisiados, etc. Exterminar esa población que no producía. Para el Dr. Fischer, Bibow, Auerswald o cualquier otro administrador de ghettos en Europa Oriental, las sugerencias de genocidio eran parte de un plan para crear eficiencia en la administración de una empresa económica. Para Bibow – un importador de café de Bremen que se fue a hacer millones administrando el ghetto de Lodz – Lodz era “El Dorado”. La misma codicia que llevó a Almagro, a Cortes y a Pizarro a Latinoamérica a hacer millones, llevó a estos alemanes al Este de Europa. El razonaría : “Yo aquí vine a hacer dinero y la existencia de elemento humano que no trabaja va contra mi interés de enriquecerme”. Y por lo tanto sugerirá a Berlín que en su ghetto de Lodz se acabe con todos los niños. Y así exigirá en septiembre de 1942 matar a todos los niños, mandándolos a Chelmo para ser gaseados. Su iniciativa no era todavía parte de su plan para terminar con el judaísmo de toda Europa, de Grecia, Dinamarca, o España sino una solución pragmática a su problema personal de cómo convertir al ghetto de Lodz en rentable. O el médico que iba a trabajar como experto en epidemiología al ghetto de Varsovia a efectos de prevenir epidemias. El ghetto de Varsovia estaba muy congestionado porque a la población local se le sumaban los judíos traídos de las provincias, como parte de la política alemana de concentrarlos en centros urbanos. La congestión era gigantesca y ya en el primer verano aparecerán el tifus y la disentería, productos de la mala nutrición, de la congestión y de las condiciones sanitarias. Enfermedades endémicas no se podían controlar de manera que solo los judíos murieran por ellas; también los alemanes se podían contagiar. Un judío con tifus en un fábrica podía contagiar a su capataz alemán. Con este problema se enfretaba el médico, ¿cómo descongestionar el ghetto para mejorar las condiciones sanitarias? Y su sugerencia a Berlín – para descongestionar el ghetto – será exterminar a cierto número de la población y así crear condiciones sanitarias soportables. ¿Qué parte de la población deberá desaparecer? Evidentemente, su sugerencia coincidirá con la del administrador del ghetto, deberán desaparecer los no-productivos: los niños, los viejos, los enfermos, etc. Este punto es importante conocerlo pues aquí no estamos hablando solamente de una camarilla de criminales que se encontraba en Berlín y tenía su locura fantástica de terminar con el problema judía. Estamos hablando de una periferia de burócratas, que, sin ser ideólogos, llegaba a las mismas conclusiones genocidas por razones pragmáticas y prácticas.

Ahora ¿por qué a los judíos? Tomemos el caso de Bielorrusia, Rusia Blanca. En los planes nazis, la campaña contra la Unión Soviética debía haber sido una guerra relámpago, como fue en Francia, en Bélgica y en Holanda. De tal forma que para octubre de 1941 terminara. Pero eso no terminó así y se quedaron atascados frente a Moscú, sin seguir recibiendo transportes de comida desde Berlín, pues las líneas férreas estaban copadas por la necesidad de transportar municiones y soldados. Al consumir las tropas alemanas lo que había en los territorios conquistados, ello era en detrimento de la población local – pues no había para todos, menos en época de guerra, cuando las cosechas eran quemadas y el ganado sacrificado o evacuado. En ese momento, los nazis decidirán quien dejará de comer, para que sus soldados coman. Y se decidirá que toda la población judía de Bielorrusia será la que dejará de comer. En teoría ello no tenía que ver con antisemitismo, pero no era así. Aquí se daban dos hechos paralelos: por un lado una decisión pragmática de terminar con cierto grupo de personas para permitir abastecer a los soldados, y por otro lado, se establecía una jerarquía de grupos o de personas y se decidía en esta jerarquía que los que tenían que desaparecer eran los judíos. Teóricamente no había ninguna razón por la cual matar justamente a los judíos. ¿Por qué no se mataba otro grupo sino que se elegía a los judíos? Esto tenía que ver con el lugar otorgado al judío en esa jerarquía. Todos merecían vivir menos éste. Si ya alguien tenía que desaparecer, el grupo judío era el que tenía que desaparecer. Y de esta manera se conjuga la decisión pragmática por un lado, con el pensamiento racista de los alemanes por el otro. Un ejemplo en Europa Occidental era Francia. En ese país tenemos hasta 1941 un alto grado de colaboración con la ocupación alemana y los comunistas no se oponían porque luego de firmarse en agosto de 1939 el pacto Ribbentrop-Molotov, Alemania y la Unión Soviética estaban en paz. En 1941, comenzará la guerra contra la URSS y también comenzara la resistencia de los comunistas contra los nazis: ponían bombas, mataban soldados alemanes, etc.. Hitler dará la misma orden para los franceses, como aquella que dió para los yugoslavos: por cada soldado que muriera asesinado en las calles de París, 100 franceses serán fusilados, con el mismo procedimiento de la toma arbitraria de rehenes en las calles, para encerrarlos y fusilarlos llegado el caso. Esta política de Hitler no agradaba al general Stuelpenagel, comandante en jefe de las fuerzas de ocupación alemanas en París. Servir en París era muy placentero, no solamente porque no había contra quien luchar; el cuartel general se hallaba en el hotel Majestic y se podía gozar de la ciudad. Por ello Stuelpenagel quería llegar a un modus vivendi con los franceses, para que éstos no se opusieran al gobierno militar y colaborasen. Lo que menos interesaba a ese general era reprimir una población civil. Si este general hubiera empezado a fusilar parisienses para satisfacer las órdenes de Hitler desde Berlín, crearía antagonismo en la población. Al encontrarse ante el mismo dilema de aquel general en Yugoslavia, llegará a la misma conclusión: se dará cuenta que en lugar de matar rehenes franceses, podía matar judíos. De ese modo cumplía con lo ordenado por Berlín sin antagonizar con la población francesa. Esa línea llevaba consecuentemente al fusilamiento de judíos en París o a su deportación hacia el Este, tanto como represalia como para prevenir ataques contra las fuerzas alemanas en París. Quisiera acotar que a este general nunca le gustó Hitler; él no era nazi ni fanático racista. Más aún, en 1944 estará entre aquellos que conspirarán contra Hitler. Entonces ¿cómo explicar su actitud hacia los judíos? Diría que los mataba por razones pragmáticas, no por ideología. Para calmar a la población francesa por una parte y para no antagonizar con Berlín. Desde Berlín siempre se daba luz verde a la solución más radical posible, y los que se hallaban en la periferia comprendían esa luz verde. Por eso cuando el administrador del ghetto pedía el envío de una fuerza que terminara con el “problema” de las mujeres y niños, él entendía que estaba pidiendo que se exterminara a esa población y desde Berlín veían con beneplácito este tipo de solución.

Es así como en enero de 1942, se llega a la así llamada conferencia de Wannsee, en la cual se reunirán representantes de diversos organismos del estado y la SS a efectos de poner en marcha el extermino total del judaísmo europeo. Es así como se convertían aquellas iniciativas pragmáticas en diversos países de Europa, en una política general que abarcaba todo el continente europeo y solucionaba la cuestión judía. Desde la primavera – verano de 1942 se aclaró a los alemanes que estaban embarcados en la II guerra mundial. Hasta entonces era una “gran guerra” al estilo de la I guerra. Esta guerra mundial no se sabía cuanto duraría, y para los alemanes se convertía en vital no permitir que ninguno de sus aliados abandonara la lucha y se rindiera, que no se repitiera la situación de la I guerra mundial en la cual los italianos pasaron de un bando al otro; los búlgaros, los franceses, los rumanos, los húngaros, debían quedar firmes dentro del eje. Los alemanes entendían que la mejor forma de tener a esos aliados atrapados era convertirlos en criminales tales que nunca pudieran ser perdonados por los aliados. Hacer entender a los eslovacos, a Mussolini y a los líderes de Vichy que ellos quemaron los puentes con los valores de la civilización occidental y que estaban ahora comprometidos en una guerra hasta el fin, sea cual fuere este fin. La mejor forma de hacerles entender era decirles a sus aliados “dadme los judíos”. Desde el punto de vista nazi, cuando los eslovacos o los húngaros o los franceses entregaban a los judíos – a la muerte – esto jamás sería perdonado por los americanos y británicos; ellos se convertirán así en criminales de guerra. Esto era también comprendido por los aliados de Hitler. Por ejemplo en 1941 Ion Antonescu, el líder de Rumania, había colaborado con Hitler asesinando a unos 150.000 judíos. Pero desde septiembre de 1942, cuando Hitler le volvió a pedir judíos, Antonescu se negó pues entendió que la guerra no iba a terminar bien para los alemanes. Este modelo de conducta se repetirá en otros lugares, también Franco empezará en cierto momento a flirtear con los aliados respecto al salvamento de judíos. Aquellos no eran tan importantes en 1940, cuando Alemania conquistó Francia, pero sí lo serán en 1943 o 1944. En 1943, Churchill le hizo saber a Franco que no hiciera tonterías pues Alemania perdía la guerra y cuando la guerra terminara, cada país tendría que demostrar de que lado estuvo. Llegar a la conferencia de paz luego de haber participado en la política genocida era contraproducente. Por ello yo sugiero no ser demasiado creyente en teorías altruistas sobre la motivación desinteresada de distintos regímenes a ayudar a los judíos. Desde 1943 en adelante, no fue el altruismo el que llevó a darles refugio o a negarse a entregarlos a los nazis, sino su comprensión de que la guerra terminaría con una victoria de los aliados.

El disertante responde a preguntas de los presentes

Respecto a Stalingrado, posiblemente solo aquellos que tenían mucha visión estratégica se dieron cuenta que este fue un punto de cambio. Luego de la batalla de Kursk en 1943, la batalla de tanques más grande de la historia, en la que los alemanes fueron derrotados, ya muchos más tomaron conciencia que Alemania perdería la guerra. Por eso en 1943 todos esos regímenes aliados a los nazis comenzaron a pensar dos veces si convenía entregar judíos a Hitler.

A partir de 1940, comenzará la política de concentración territorial de los judíos en ghettos con la idea de eventualmente evacuarlos a algún lugar de ultramar, como la isla de Madagascar, en el Océano Indico.

La política demográfica de los nazis trataba de desplazar alrededor de 17 millones de personas. Pensaban tomar a “los alemanes étnicos” – aquellos alemanes cuyos antepasados emigraron en la Edad Media a Europa oriental, al Volga, a Dobrudja en Bulgaria, a los países bálticos o a Transilvania y traerlos a la patria alemana expandida en Polonia ocupada. La población polaca que vivía en esas zonas, debía consecuentemente ser reubicada. ¿En dónde? En las casas de los judíos que irán eventualmente a la isla de Magadascar. Pero antes de ser transportados hacia esta isla eran concentrados en los ghettos. Como ese plan de concentración en Madagascar fracasó – pues la única forma de llegar allí era a través del Canal de Suez y en tanto el Canal estaba dominado por los ingleses no se podía llegar. No obstante la no evacuación de judíos a la isla, se los seguía concentrando cada vez más en los ghettos y allí aparecían los médicos y administradores que recomendaban exterminar esa población.

Respecto a la así llamada “arianización”. Desde el punto de vista de aquel que gozaba de ella – el alemán, francés, holandés – éste ganaba un negocio o un terreno; esa era una política económica. Para el que implementaba esa política, su motivación no era económica sino ideológica-antisemita. No por razones económicas se le quitaba al judío su empresa o se le obligaba a vender sus obras de arte, sino que ello se hacía para terminar con el “problema judío”. El beneficiario de esta política era aquel que entonces tenía un departamento de un judío en Paris; pero el político o burócrata pro-nazi francés no lo hacía para que este ganara una casa u otro obtuviera un negocio o una pintura de Renoir. El lo hacía para resolver su “cuestión judía”. Que un no judío adquiriera una casa o un cuadro era un derivado de la política antisemita, que llevaba necesariamente a una colaboración de aquel que quería un cuadro y aquel que quería una casa. Cuanta más gente se beneficiara de ese estado de cosas menos oposición encontraría la política antisemita.

La política de eutanasia nazi tiene paralelos con la “solución de la cuestión judía”. En el asesinato de alemanes enfermos o minusválidos, se mataron unas 76.000 personas. Los nazis calcularon, en base a informes que tenían de psiquiatras y médicos de los hospitales y asilos que ese era aproximadamente el número de incurables a ser exterminados, en una primera etapa, para purificar la raza. El exterminio de judíos según los nazis era para purificar la humanidad; no obstante había una diferencia esencial. Los nazis no fueron a asesinar lisiados en Noruega o Grecia, sino que se ocuparon de los enfermos y minusválidos en Alemania, pero si fueron a buscar judíos a Noruega o Hungría y mandarlos a Auschwitz. Eso se debía a la concepción nazi que el enemigo racial – los judíos – debía desaparecer de todo el mundo.


Política e ideología nazi I

julio 22, 2007

David Bankier
Curso “EL HOLOCAUSTO: IDEOLOGIA, POLITICA Y MORAL”

El Profesor David Bankier es el Director del Centro de Investigación del Holocausto en el Memorial Yad Vashem, Director del Departamento de Estudio del Holocausto en el Instituto de Judaísmo Contemporáneo de la Univesidad Hebrea de Jerusalem, integrante de los Consejos Editoriales de numerosas publicaciones profesionales, entre las cuales cabe mencionar “Holocaust and Genocide studies” y “Yad Vashem Studies”. Asimismo es profesor visitante en prestigiosas universidades de Europa y América Latina.
Política e ideología nazi I

Los nazis llegaron al poder en 1933 sin contar con una mayoría, el número máximo de votantes que recibieron, aún en las elecciones no democráticas de marzo de 1933, no llegaba al 40 % de los votos y este es un dato importante pues indica que más del 60 % de los alemanes no votaron por Hitler. Ello debe ser comprendido para entender porque la política hacia los judíos, por lo menos hasta 1938, se condujo al ritmo que se condujo; los nazis en principio no estaban solos en el gobierno. Alemania contaba con un sistema parlamentario y para gobernar Hitler tuvo que formar una coalición con elementos conservadores y nacionalistas. Cargos muy importantes dentro del gobierno fueron concedidos a representantes de dichos partidos. El primer gabinete de Hitler contaba solo 3 nazis : el ministro de Relaciones Interiores, un ministro sin cartera y Hitler como Canciller. Ministerios muy importantes tales como Relaciones Exteriores, Defensa y Economía estaban en manos de conservadores, quienes no eran nazis.

Tenemos que distinguir entre como un conservador nacionalista veía la cuestión judía y como la veía un nazi. Si yo tuviera que evaluar cuanta gente veía la cuestión judía desde una perspectiva nazi, diría que alrededor de un 5%. Y este es el porcentaje que tenían los partidos antisemitas radicales desde el nacimiento del antisemitismo político, a fines de siglo XIX, cuando se constituyeran los partidos políticos antisemitas, cuyo punto central en su programa era la solución de la cuestión judía. En ese entonces, ellos no lograron más de un 5% de representación en los parlamentos europeos. La solución radical de la cuestión judía fue. por tanto, una idea compartida por un pequeño núcleo de personas en Europa y ese pequeño núcleo llegó al poder en 1933. No tengo que suponer que cuando tomaron el poder ese grupo se reprodujo, llegando a reunir la mayoría de la población alemana. Los antisemitas conservadores, al ser antisemitas convencionales, subordinaban la solución de la cuestión judía a la solución de problemas críticos que afectaban a Alemania. El ministro de Economía entendía que el país no podía correr el riesgo de un boicot a sus productos en el exterior; y que a resultas de la persecución de los judíos, organizaciones judías en Nueva York boicotearan los productos alemanes. A pesar de su antisemitismo, comprendía que primero estaba la necesidad de exportar y hacer lo posible para que esas exportaciones no sufrieran de boicot de judíos en el exterior, y después llegaría la solución a la cuestión judía. La misma postura mantenía el ministro de Relaciones Exteriores : entendía perfectamente que su función era velar por la imagen de su país en el exterior, y que el país no fuera comparado con algún estado subdesarrollado del mundo. Por lo tanto, los excesos de los radicales en Alemania producían malos titulares en los diarios; alguien que era antisemita convencional en el Ministerio de Relaciones Exteriores también comprendía que lo primero era la imagen del país y después venía la solución de la cuestión judía. Por ello, en los primeros años tras la subida de los nazis al poder, no había una política hacia los judíos sino que había varias políticas hacia los judíos, políticas tomadas por los distintos representantes del gobierno y cada uno la aplicaba según sus distintos intereses. Por un lado, encontramos los elementos nacionalistas conservadores que trataban de estabilizar el sistema, y quienes veían en la Italia de Mussolini un modelo. Por otro lado, los radicales del partido, aquellos activistas que predicaban la violencia. Algunos se dedicaban a la violencia por razones ideológicas, otros por razones políticas. Sea cual fuere la motivación, el hecho era que había violencia. Pero la violencia se ejercía con ciertos límites : no estamos ni en Polonia, donde se mataban judíos, ni en Rumania ni en Ucrania donde se asesinaban judíos en pogroms. Estamos en un país de Europa Central donde la violencia, por ahora, es limitada y no hay matanzas. Los años 1933, 1934, 1935 se caracterizaron por este paralelogramo de fuerzas, donde por una parte los elementos conservadores tendían hacia la estabilización del sistema, hacia la institucionalización de la revolución nazi, y por otro lado las corrientes radicales, que aspiraban a una revolución permanente; un ideal que estaba presente también en la ideología nazi-fascista. La gran cuestión será ver donde estaba Hitler entre estas dos fuerzas, donde estaba la jerarquía del Gobierno, ¿apoyando a quién? ¿al ejército?, ¿a los conservadores, a los diplomáticos, a los capitalistas y a sus intereses económicos o a los elementos revolucionarios?. Hitler en su juego político apoyará a veces a estos y a veces a aquellos. No debemos verlo solo como un fanático ideológico sino también como un político que calculaba a quien debía apoyar en determinado momento. Por ende habrán fluctuaciones en la línea que asumía hacia todo tipo de cuestiones, incluyendo la cuestión judía.

De cualquier manera, ningún país puede vivir en una situación de anomia, de falta de leyes, en que cada uno hace lo que cree que es la voluntad del líder. El activista que escuchaba un discurso nazi y salía a aplicar el nazismo, en la práctica actuaba con violencia y no entendía porque era arrestado por la policía. La aplicación del nazismo en la práctica implicaba necesariamente violencia pero el policía debía arrestar a quien ejerciera la violencia. Asimismo se encontraba aquel que no ejercía violencia, pero interpretaba la ley de tal modo que limitaba las actividades de los judíos, sin que las mismas hubieran sido legalmente prohibidas. Por ejemplo, supongamos que un judío y una no-judía quieren casarse en un registro civil en el año 1934 o 1935, y el funcionario publico rehusa casarlos. Y en base a qué rehusaría? En base a un decisión arbitraria pues todavía no estaba prohibido por la ley el matrimonio entre judíos y no judíos. Entonces ¿qué hubiera hecho esta pareja? Demandar y llevar a juicio a dicho empleado público por incumplimiento de sus funciones. Este caso llegará a la justicia pero el juez cómo decidirá? El también se encontrará frente a un dilema, ya que no podrá decidir en forma contraria a lo estipulado por la ley. ¿Pero qué resultaba entonces? Un judío ganaba una querella judicial contra el Estado Alemán, lo cual llevaba a una situación paradójica. Ningún país puede funcionar de esta manera, cuando se arresta a personas que no saben porque se las arresta, o cuando jueces no saben como decidir en casos que no están prohibidos por la ley o cuando un burócrata hace la ley por su cuenta. Por ello y para evitar una situación de falta de ley o inconveniencia en la aplicación de decretos hacia los judíos, se formularon las leyes de 1935, conocidas como las leyes de Nuremberg, equivalente a lo que en Estados Unidos serían leyes constitucionales. Las leyes eran dos: la ley para la protección del honor y la sangre alemanas y la ley de ciudadanía. Estas leyes de 1935 estabilizaron la situación, y crearon un modus vivendi de segregación legal de la minoría judía. Las leyes estabilizaban la situación pues la gran mayoría deseaba saber donde estaba parada. La carencia de ley creaba en la persona una alternativa: vivir en una situación de incertidumbre y violencia, o bajo una ley que si bien restringía las actividades, al menos definía exactamente las permisiones y prohibiciones. La gran mayoría prefiere vivir en un marco que le indica que puede hacer, aún cuando ese marco sea muy restrictivo. Antes que esta ley fuese promulgada, existían muchas acusaciones de “contaminación racial”, o sea arresto de judíos que mantenían relaciones sexuales con mujeres no judías. En el momento que alguien era acusado por ello, era arrestado por la policía. ¿Pero en base a qué se le arrestaba? No existía el término legal “contaminación racial”; no había una prohibición legal de mantener relaciones sexuales entre una persona judía y otra no judía. Entonces ¿cuánto tiempo se podía detener a una persona por haber cometido algo que no estaba prohibido por la ley? Era necesario inventar un término que permitiera a la policía tener a esa persona arrestada, y entonces aplicaban un término inventado aún en la República del Weimar “custodia protectiva”, que se aplicaba en casos criminales políticos como una forma legal de mantener a esa persona encerrada. Pero esas artimañas no podían durar mucho, todos entendían que había que estabilizar la situación. Esta estabilización será lograda por las leyes de Nuremberg
Comentarios del disertante en respuesta a preguntas formuladas por los asistentes

No todos los que votaron a Hitler se dedicaban a la violencia, son ciertos grupos. Dónde va a haber más actos violentos y dónde va a haber menos, depende de quién fuera el gobernador de un determinado lugar. En Berlín, el gobernador no tomaba el asunto de los judíos muy en serio. En Colonia, Dusseldorf, Koblenz allí había más violencia, porque los interventores nazis son fanáticos antisemitas. En Hamburgo, ciudad portuaria que vivía de la exportación y no podía darse este lujo, la violencia es menor ya que es mala para los negocios. De ahí las diferencias en los testimonios de judios que vivieron esa época. Si le preguntan a uno, cómo era aquella época, le dirá “soportable”, otro dirá “insoportable”, todo depende dónde cada uno vivía, en que círculos se movía.

Con el tiempo el régimen nazi se convierte en un régimen que no avanza hacia el cumplimiento de sus promesas. En 1936 o en 1937 no pasa nada, ya que no hay oposición. En 1937 hay 6 campos de concentración en Alemania, que cuentan con alrededor de 10.000 prisioneros políticos, que no es mucho, comparado con otros regímenes represivos del siglo XX. Esto fue así porque el regimen gozaba de un consenso hasta tal punto que si hubiera habido elecciones libre en 1937, sin ninguna duda, Hitler hubiera triunfado. Su gobierno no se sustentaba solo sobre la represión sino que gozaba de amplia popularidad.

En cuanto a la política antisemita Hitler actuaba muy sutilmente, ya que el Estado Alemán casi no confiscaba propiedades judías. La política de los nazis era “arianizar” las propiedades, principalmente desde 1938 en adelante, y existe una gran diferencia entre la confiscación y la “arianización”. En la confiscación, la propiedad es tomada por el Estado con cualquier excusa. Eso es lo que se hacía en un país comunista, por ejemplo. En cuanto el Estado se lleva una propiedad, comienza la especulación en el pueblo acerca de quien gozará lo que el estado confiscó. El Estado es un ente abstracto y los bienes confiscados serán usufructuados por funcionarios del partido, la gente común no recibirá nada de esa confiscación. A diferencia de esto, los nazis “arianizaban” es decir forzaban a los judíos vender su propiedad, sin que el Estado confiscara esta propiedad. Hasta 1938 había lo que se llamaba la “arianización voluntaria” que se basaba en iniciativas personales, podría decirse que “se le da al judío la oportunidad” o vendía su propiedad o se le denunciaba como contaminador racial. Si vendía recibía una fracción del valor real. Si no vendía, iba a parar a un campo de concentración. Hasta que investigaban, hasta que se daban cuenta que había una acusación falsa, ya el negocio estaría en problemas, se habría quedado sin clientes, no habría podido pagar a los empleados… En esas condiciones una persona sensata vendía. Desde 1938, la “arianización” ya es forzada, no es en base a iniciativas privadas sino que el Estado, no por medio de promulgación de leyes – pues el Estado no podía decidir que cierto segmento de la población debía vender por la fuerza -(sobre todo por temor a represalias en el exterior contra los nacionales del país) sino actuando de tal modo que se arruinaba económicamente a los judíos. Se les cortaba el crédito, se presionaba a los bancos para quitarles el apoyo financiero, se presionaba a los abastecedores, a los compradores para que no compraran, etc. Esta política de “arianización” no fue una política económica, fue un acto político que la población entendió como un acto económico, pero la meta del Estado nazi fue política: arruinar a los judíos para que vendieran a cualquier precio y emigraran. Para conseguir ese objetivo toda la gente estaba contenta. Por ejemplo, ¿cómo razonaría un médico aleman que tenía como socio un médico judío en su consultorio? Por la política de “arianizacion”, el médico judío debía vender sus pacientes. Y por ello, lo más sensato sería que el médico alemán le comprase su cartera de pacientes. ¿Y a cuánto se la compraría? Al mínimo. Lo mismo si se trata de un estudio jurídico en el cual hay un socio judío. ¿Cuánto se le pagaría por los 60, 80 o 100 clientes que él tenía? Lo mínimo. Ocurría esto mismo con casas, propiedades, terrenos. Se pagaba una fracción del valor real de estas propiedades. Pero el Estado no quería perder en esa clase de operaciones – pues el fisco cobraba un porcentaje en los casos de compraventa inmobiliaria – y el fisco sabía que las propiedades judías se vendían a menos de un 20% de su valor y por ello perdería al cobrar el impuesto del 4% o 5% sobre el valor real de la propiedad. De ahí que al momento de llevarse a cabo la operación, el Estado mandaba un tasador oficial para determinar el valor real del inmueble. No se tomaba en cuenta el precio que se pagaba al vendedor judío – el impuesto se pagaba sobre ese valor real, pues el Estado no tenía porque perder a resultas de su propia política antisemita. Por ello, con la “arianizacion” todos estaban contentos: el estado cobraba sus impuestos y el comprador adquiría una ganga. De esta forma se hacía participar a muchísima gente en un régimen criminal. La forma de hacer participar a esta gente no era convirtiéndola en asesinos sino convirtiéndola en gente que podía gozar de una política de expropiación.

Los judíos antes del Holocausto no tenían poder político, no podían ejercer presión sobre nadie. Había cuando mucho, protestas públicas de los judíos en Nueva York o Londres; lo que importaba era que los factores con poder real intervinieran, que consideraran esos hechos como insoportables para la ley internacional. Ese fue el problema que se presentó después de la guerra. Se podía procesar a nazis por actos perpetrados contra judíos de Polonia, Hungría u otros países, porque un país no puede perseguir a ciudadanos de otro país. La pregunta que se planteaba era si un país podía perseguir a sus propios ciudadanos. Hasta 1945 la respuesta era afirmativa, un país podía perseguir inpunemente a sus propios ciudadanos y lo que Hitler hacía con sus judíos era perseguir a sus propios ciudadanos. Es recién luego del Holocausto que todo este punto dentro del Derecho Internacional fue reconsiderado y si hoy Milosevich maltrata a sus ciudadanos le dirán que no puede hacer a sus ciudadanos lo que él quiera, y lo que se les haga dentro de Yugoslavia es algo que nos concierne a todos. Alemania decidió que cierto sector de la población — que hasta entonces eran ciudadanos — se iban a convertir en “súbditos del estado”, no en apátridas. Dentro del marco de esa época, un acto de este tipo estaba dentro del ámbito de lo soportable.


La cuestion judia y elforro

junio 23, 2007

La verdad la pagina nazi el forro no deja de sorprenderme gratamente.

Aca dejo para el analisis escritos del administrador Mang.

Vamos klovs. ¿Querés hacer el análisis de posts tuyos y contar cuáles son relativos a la cuestión judía? Digo: Psico, elreloj, elforro. En cuántos de esos hablás de cosas de judíos?.

No me interesa ser abogado defensor de Predicador, pero la falta de crítica es importante. Me recuerda a tu colega de otros foros, don Comandante. Pareciera que siempre el ensañamiento es contra el tema judío, cuando yo veo a los judíos hablando tanto y tanto y tanto sobre su cuestión que me parece justamente una obsesión.

Al fin y al cabo yo soy un moderador nazi con claras conexiones con el partido político de Biondini.

En fin, no es personal, pero jamás esperé de vos que digas “obsesión!”.

Klovs, te referís a lo de Predicad0r?

Por que si no me equivoco tenés un blog dedicado a la cuestión judía, con un foro que habla de cosas judías y todas esas cosas referentes a la cuestión de la religión judía. Tu firma para variar, habla siempre de lo mismo también: noticias sobre israel o medio oriente y un largo y monotemático etcétera. Lo primeor que pensé del increíblemente idiota del Comandante es que era un obsesivo con el rango distintivo de ser un bruto enjaulado en una causa que cree justa pero sin duda el frasco no tiene tapa y los caramelos salen corriendo.

No entiendo por qué lo tuyo no sería una obsesión y lo de predicad0r sí. Partamos de la base que decir “bueno yo soy judío”, sería una tangente falaz. Digo, para ahorrar tiempo.

Obviamente si no hablabas de predicador, me disculpo, pero al no haber citas, intuyo que sí.

http://www.elforro.com.ar/politica-economia-y-sociales/42884-recordando-holocausto.html

Yo le recordaria a este pseudo intelectual lo que dicen las Naciones Unidas:

“Los pertenecientes a minorías nacionales o étnicas, tendrán derecho a disfrutar de su propia cultura”(NN.UU.)


JOSE PABLO FEINMANN

marzo 5, 2007

A Jose Pablo Feinmann habria que hacer como dijo Jaime Dromy gritarle hasta que se le rompan los timpanos por antisemita.

Su articulo

Scorsese, el que ríe último ríe peor

Suben tres glorias al escenario la noche de los Oscar. Uno, abundoso, con barba y con muchas canas en la barba, con labios gruesos, sonriente. El otro, también sonriente, une sus manos a la espalda y se apresta a participar de algo que le agrada, que lo confirma en todo lo que cree y que incorpora al Olimpo de los Ganadores al Eterno Postergado. El tercero, que también sonríe (en suma: los tres sonríen) tiene carita maliciosa, nariz de Talmud y representa lo más concentrado del poder de Hollywood. Están actuando una escena. Una ficción. Una mentira que les divierte. Ya saben quién ganó el Oscar. Es mentira que nadie sabe quién habrá de ganar las estatuillas. Si no, estas cosas no serían así. No bien uno vio subir al podio de la gloria a Coppola, a Lucas y a Spielberg uno supo que el ganador era Scorsese y que sus talentosos compañeros de la generación rebelde del setenta estaban ahí, donde ahora están, esperándolo para darle, ellos, la estatuilla. No es la primera vez que ocurre.

 http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-81161-2007-03-04.html

Aca vemos como el filosofo Feinmann se situa a la par de los

peores nazis tipo Biondini y demas, pero es nuevo esto en este

personaje, la respuesta es evidentemente NO.

-Los judios mataron a Jesus por Jose Feinmann

http://www.malas-noticias.com.ar/Feinmann-Los_Judios_Mataron_a_Jesus.htm 

En un articulo sobre Pinochet, Feinmann lo termina con un “Que esa placa diga: “Augusto Pinochet, asesino”. Porque olvidarlo sería como olvidar Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.”

Creo que Olvidar quien es FEINMANN es olvidar tambien   Auschwitz, el Estadio Nacional, la ESMA.

Denuncielo para que no quede impune

Inadi: 0800-999-2345 o al inadi@inadi.gov.ar

Daia:  dac@daia.org.ar

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