Cancion de Bob Dylan en defensa de Israel

enero 25, 2009

Well, the neighborhood bully, he’s just one man
His enemies say he’s on their land
They got him outnumbered about a million to one
He got no place to escape to, no place to run
He’s the neighborhood bully.

The neighborhood bully he just lives to survive
He’s criticized and condemned for being alive
He’s not supposed to fight back, he’s supposed to have thick skin
He’s supposed to lay down and die when his door is kicked in
He’s the neighborhood bully.

The neighborhood bully been driven out of every land
He’s wandered the earth an exiled man
Seen his family scattered, his people hounded and torn
He’s always on trial for just being born
He’s the neighborhood bully.

Well, he knocked out a lynch mob, he was criticized
Old women condemned him, said he could apologize
Then he destroyed a bomb factory, nobody was glad
The bombs were meant for him. He was supposed to feel bad
He’s the neighborhood bully.

Well, the chances are against it, and the odds are slim
That he’ll live by the rules that the world makes for him
‘Cause there’s a noose at his neck and a gun at his back
And a licence to kill him is given out to every maniac
He’s the neighborhood bully.

Well, he got no allies to really speak of
What he gets he must pay for, he don’t get it out of love
He buys obsolete weapons and he won’t be denied
But no one sends flesh and blood to fight by his side
He’s the neighborhood bully.

Well, he’s surrounded by pacifists who all want peace
They pray for it nightly that the bloodshed must cease
Now, they wouldn’t hurt a fly. To hurt one they would weep
They lay and they wait for this bully to fall asleep
He’s the neighborhood bully.
Every empire that’s enslaved him is gone
Egypt and Rome, even the great Babylon
He’s made a garden of paradise in the desert sand
In bed with nobody, under no one’s command
He’s the neighborhood bully.

Now his holiest books have been trampled upon
No contract that he signed was worth that what it was written on
He took the crumbs of the world and he turned it into wealth
Took sickness and disease and he turned it into health
He’s the neighborhood bully.

What’s anybody indebted to him for ?
Nothing, they say. He just likes to cause war
Pride and prejudice and superstition indeed
They wait for this bully like a dog waits to feed
He’s the neighborhood bully.

What has he done to wear so many scars ?
Does he change the course of rivers ? Does he pollute the moon and stars ?
Neighborhood bully, standing on the hill
Running out the clock, time standing still
Neighborhood bully.

Traduccion

Matón del Barrio Bueno, el matón del barrio, es sólo un hombre, Sus enemigos dicen que está en la tierra de ellos. Lo superan en número como un millón a uno, No tiene lugar para escapar, lugar para correr. El es el matón del barrio. El matón del barrio sólo vive para sobrevivir, Es criticado y condenado por estar vivo, No debe devolver los golpes, se supone que tiene la piel gruesa, Se supone que debe echarse y morir cuando rompan su puerta. El es el matón del barrio. El matón del barrio fue expulsado de todas las tierras, Ha vagado por el mundo, un hombre exiliado. Ha visto a su familia dispersada, su gente cazada y desgarrada, Está siempre en juicio sólo por haber nacido. El es el matón del barrio. Bueno, golpeó a una turba linchadora, fue criticado, Viejas mujeres lo condenaron, dijeron que tenía que disculparse. Luego destruyó una fábrica de bombas, nadie estaba contento. Las bombas estaban destinadas a él. Se suponía que debía sentirse mal. El es el matón del barrio. Bueno, las chances están en su contra y las posibilidades son bajas de que viva por las reglas que el mundo hace para él, Porque tiene un nudo al cuello y una pistola a su espalda Y a cada maniático se le da una licencia para matarlo. El es el matón del barrio. No tiene aliados, en verdad. Lo que consigue lo debe pagar, no lo consigue por amor. Compra armas obsoletas y no será rechazado, Pero nadie manda carne y sangre para luchar a su lado. El es el matón del barrio. Bueno, está rodeado de pacifistas que sólo quieren paz, Rezan por eso a la noche, que el derramamiento de sangre termine. Ahora, no lastimarían a una mosca. Si lastimaran una llorarían. Se tienden y esperan que este matón se quede dormido. El es el matón del barrio. Cada imperio que lo ha esclavizado ha desaparecido, Egipto y Roma, incluso la gran Babilonia. Ha hecho un jardín del paraíso en la arena del desierto, En la cama con nadie, bajo las órdenes de nadie. El es el matón del barrio. Ahora, sus libros más sagrados han sido pisoteados, Ningún contrato que firmó valía el papel en que había sido escrito. Tomó las migajas del mundo y las convirtió en riqueza, Tomó enfermedad y peste y las convirtió en salud. El es el matón del barrio. Qué le debe nadie a él? Nada, dicen. Solo le gusta causar guerras. Orgullo y prejuicio y superstición, en verdad, Esperan por este matón como el perro espera alimentarse. El es el matón del barrio. Qué ha hecho para tener tantas cicatrices? Acaso cambia el curso de los ríos? Acaso contamina la luna y las estrellas? Matón del barrio, parado en la colina, Acabando el reloj, el tiempo deteniéndose. Matón del barrio.

Anuncios

Preludio de la Guerra de los Seis Días

noviembre 7, 2007

Aparecido en ‘The Washington Post’ -18 de mayo de 2007-:

Autor: Charles Krauthammer

Los israelíes recuerdan el terror de ese insostenible mayo de 1967 en el que, sin que Israel poseyera ningún territorio ocupado, todo el mundo árabe se preparaba febrilmente para el inminente exterminio de Israel. Y el mundo no hizo nada.

A duras penas habrá existido un plan árabe de paz en los últimos 40 años -incluyendo la presente versión saudita- que no exija el retorno al ‘status quo’ del 4 de junio de 1967.
¿Por qué es esa fecha tan sagrada?: porque fue la víspera del estallido de la Guerra de los Seis Días en la que Israel logró una de las victorias más sorprendentes del siglo XX. Los árabes han pasado cuatro décadas intentando deshacer sus consecuencias.
El verdadero aniversario de la guerra debería ser ahora, tres semanas antes. El 16 de mayo de 1967, el Presidente egipcio Gamal Nasser exigía la evacuación de la fuerza de seguridad de las Naciones Unidas, presente en la Península del Sinaí que había mantenido a Israel y Egipto en paz durante 10 años.
La ONU cumplió los deseos, momento en el cual Nasser impuso un bloqueo naval por la única salida al sur de Israel, el puerto de Eilat, en un acto obvio de guerra.
Cómo llegó Egipto a esta aventurada provocación es un relato complejo (hecho crónica en el magistral relato de Michael Oren, “Seis Días de guerra”) de intencionalidad agresiva combinada con desinformación perversa.
Una advertencia soviética urgente y falsa -de que Israel se preparaba para atacar a Siria- condujo a una cascada de maniobras intra-árabes que condujeron a Nasser, el defensor del panarabismo, a confrontar mortalmente a Israel con un Sinaí remilitarizado y un bloqueo por el sur.
¿Por qué esto es aún importante? Porque el período de tres semanas entre el 16 de mayo y el 5 de junio explica la reticencia de Israel durante 40 años a renunciar a los frutos de la Guerra de los Seis Días -el Sinaí, los Altos del Golán, Jerusalem Oriental y Gaza- a cambio de garantías de paz en un papel.
Israel disponía de garantías similares fruto de la Guerra de Suez de 1956, tras la cual evacuó el Sinaí a cambio de esa fuerza de pacificación de la ONU y de garantías de libre paso a través del Estrecho de Tirán por parte de las potencias occidentales.
Todo esto se esfumó con un gesto de la mano de Nasser. Durante esas tres interminables semanas, el Presidente Lyndon Johnson intentaba componer un ejército de países con el fin de romper el bloqueo y abrir Israel al sur. El esfuerzo fracasó estrepitosamente.
Es difícil exagerar cómo fueron para Israel esas tres semanas. Egipto, en alianza ya con Siria, suscribía un pacto militar de emergencia con Jordania. Irak, Argelia, Arabia Saudita, Sudán, Túnez, Libia y Marruecos comenzaron a enviar tropas para unirse a la inminente lucha. Con tropas y ejército agolpándose en cada una de las fronteras de Israel, exultantes informativos en cada una de las capitales del mundo árabe anunciaban el inminente final de la guerra para el exterminio de Israel.
“Destruiremos a Israel y sus habitantes”, anunciaba el cabecilla de la OLP, Ahmed Shuqayri, “y en cuanto a los supervivientes -si es que hay alguno- los barcos están preparados para deportarlos”.
Para Israel, la espera fue acuciante y debilitadora. El ejército de ciudadanos de Israel tenía que movilizarse.
Mientras sus soldados esperaban en los diversos frentes a que el mundo rescatara del peligro inminente a la nación, la sociedad israelí se detuvo en seco y su economía comenzó a desangrarse. El jefe del mando del ejército Itzjak Rabin, a ser enarbolado más tarde como héroe de guerra y aún más tarde como mártir de la paz, sufrió una crisis nerviosa. Quedaba incapacitado hasta el punto de la incoherencia a causa de la insostenible tensión de la espera con la vida de este país pendiendo de un hilo.
Conocemos el resto de la historia. Rabin se recuperó a tiempo para conducir a Israel a la victoria. Pero olvidamos lo arriesgada que era la condición de Israel. La victoria se decantó en un exitoso ataque contra las fuerzas aéreas de Egipto en la mañana del 5 de junio. Fue una jugada de sorprendentes proporciones. Israel envió el grueso de sus fuerzas aéreas de 200 aparatos a la misión, completamente expuestos a fuego antiaéreo y misiles. En caso de haber sido detectados y las fuerzas destruidas, la cifra de aviones dejados atrás para defender el territorio israelí -sus ciudades y civiles- de los 900 aparatos de las fuerzas aéreas árabes combinadas era de… 12.
También olvidamos que la ocupación de Jerusalem Oriental por parte de Israel no fue buscada en absoluto.
Israel suplicó al rey Hussein de Jordania que permaneciese al margen del conflicto. Enfrentado en feroz combate a un Egipto numéricamente superior, Israel no tenía ningún deseo de abrir un frente nuevo a unas pocas cuadras del Jerusalam judío y a pocos kilómetros de Tel Aviv.
Pero Nasser dijo a Hussein, personalmente, que Egipto había destruido las fuerzas aéreas de Israel y que la victoria total estaba al alcance de la mano. Hussein no pudo resistirse a la tentación de unirse a la lucha. Se unió. Y Perdió.
El mundo pronto será inundado de exposiciones del 40 aniversario de la guerra, y de la paz a la vuelta de la esquina que solamente aguarda a que Israel vuelva al 4 de junio de 1967. Pero los israelíes son cautelosos. Recuerdan el terror de ese insostenible mayo en el que, sin que Israel poseyera ningún territorio ocupado en absoluto, todo el mundo árabe se preparaba febrilmente para el inminente exterminio de Israel. Y el mundo no hizo nada.

tn_46011.jpg


Eretz Uganda

octubre 7, 2007

Una brújula rota determinó el asentamiento del Estado
La idea de los judíos de asentarse en Uganda fue expresada al Congreso Judío con el objeto de huir de los pogroms que se estaban perpetrando en la Rusia Zarista y buscar un hogar que cobije a los judíos de las demostraciones antisemitas que se agravaban a comienzos del siglo XX.

La idea había nacido y había que llevarla a la práctica, expresó el profesor Gur Elroy del Departamento de la Tierra de Israel, de la Universidad de Haifa. Para ello, fueron elegidos -continúa Elroy- tres miembros del Sexto Congreso Sionista para tomar impresiones y convinieron entre ellos, para ganar tiempo, que cada uno iría a un lugar distinto, en Uganda, para volver a reunirse e intercambiar las distintas impresiones y vivencias. Pero resulta que Nahum Wilbosch, uno de sus delegados, perdió el camino al lugar fijado para el encuentro dado que su brújula se había dañado, y aunque pudo llegar a destino, su estado de ánimo había decaído por completo, y sus nervios estaban exaltados por tantas contrariedades en su camino. Los otros dos delegados que recorrieron Uganda entregaron un informe positivo del lugar, al Congreso Judío, explicando lo favorable que era que el lugar se hallara poco poblado y en buenas condiciones para vivir. En cambio Wilbosch, el extraviado, dio un informe negativo agregando que los judíos “no tienen nada que buscar allí”. Los miembros del Séptimo Congreso Sionista, receptores de los informes, se impresionaron por los datos aportados por Wilbosch que prevaleció en la decisión de establecerse en Uganda rechazando dicha alternativa.

 uganda.jpg


El sionista Bob Marley y los rastafaris judíos.

julio 7, 2007

Autor: Adán Levy


Una vez le preguntaron a Bob Marley por qué utiliza en sus canciones y en general por qué razón se manejan tanto en el Reggae los términos clave para el judaísmo “Sión”, “Profeta” y “Babilonia”. Su respuesta fue tan sorprendente como la pregunta. “Sión – en palabras de Bob- es un estado mental, significa cuando habitas en la Conciencia de Sión”.

Cabe preguntar cómo llegaba el bueno de Bob a esa conciencia mística. Aunque la respuesta es fácil. La leyenda dice que el mismo rey Salomón fumaba Marihuana o algún opiaceo equivalente para alcanzar el estado de divinidad o acercamiento místico. Vamos, que se fumaba un porro. Lo que parece claro es que la cultura y los pueblos de la antigua Abisinia son considerados israelitas.

Intérpretes musicales históricos como Bob Marley, Jimmy Cliff, Alpha Blondie y los Wailers han dejado una herencia musical repleta de simbología judía. ¿Por qué?. Sencillamente porque los rastafaris se consideran judíos, descendientes del Rey Salomón de Israel. Su último líder ras-tafari “Su Majestad Imperial Emperador Haile Selassie I” fue conocido a partir de 1930 entre sus seguidores como “Su Majestad Imperial Emperador Haile Selassie I”, “Rey de Reyes, Señor de Señores, León Conquistador de la tribu de Juda, Elegido de Dios, Luz de este Mundo, Rey de Sión.”

Este Sión tiene una localización geográfica diferente para estos otros sionistas que no riñe ni muestra incompatibilidades con el Sión del Israel actual, en términos Reggae, son dos conceptos en armonía y “tranquis”. Su Sión pertenece al de la Dinastía Salomónica y se sitúa en Etiopía a causa de la unión del Rey Salomón y la Reina Makeda de Sheva, la línea bíblica de monarcas desde tiempos antiguos hasta su Majestad Imperial. La dinastía Salomónica, fue establecida en Etiopía por Melenik I, se dice que en una visita su padre, el Rey Salomón, construyó para ellos una réplica del Arca Sagrada de la Alianza cuando estos pueblos de Saba de convirtieron al judaísmo.

“Su Majestad Imperial Haile Selassie I” fue considerado por sus seguidores el 225 descendiente de la dinastía Salomónica. Fue recibido por diferentes naciones, incluido el Duque de Gloucester, el representante de la Corona Británica quien devolvió al Emperador el sagrado cetro robado de Etiopía muchos años antes por los ingleses que les colonizaron.

Su sionismo es equivalente al de los judíos. Si el sionismo judío simboliza el retorno a Sión, Jerusalem. Este otro simboliza el retorno a Etiopía. Consta de una tradición de profetas, esclavos, alianzas divinas y una tierra prometida. Eso si, “de buen rollo”.

El emblema principal del rastafarismo son los colores del movimiento Garveista, rojo, oro y verde. El rojo es el símbolo de la sangre derramada por los mártires negros, el dorado alude a la riqueza de su tierra madre y el verde es el recuerdo de la vegetación de Etiopía. A veces el negro se utiliza para representar el color de los africanos, de quienes descienden un 98% de los Jamaiquinos.

Su idea de éxodo… Cuando la gente de Dios pecó él les dijo que los castigaría con hambre, pestilencia y con la espada, y los repartiría por las cuatro esquinas de la tierra. Que serían gobernados por un poder extranjero y serían sirvientes de otras naciones. Pero que cuando ellos regresaran a Dios con todos sus corazones Él ascendería a uno de la familia de David y Salomon quien reuniría de nuevo a su pueblo dentro de su propia tierra (Ezequiel 37, Isaías 43, Jeremías 23 y 33). Entonces Dios prometió que en la semilla de David, la Tribu de Juda, Él establecería su reino prometido en la tierra, el cual debe ser luz para el mundo. Su pueblo regresaría a su tierra y no sufrirían más”

Bob Marley, en su canción el León de Sión se explaya en la sensación de judío furtivo. En el Este de Europa se decía que los judíos son como violinistas que huyen por los tejados, en Jamaica, los judíos son de metal como leones en Sión que han huido como fugitivos para salvar su vida.


Publicado por Súpersemita
08-bob-marley1.jpg


Yo, Judío (Una respuesta genial de Borges al antisemitismo)

junio 24, 2007

Borges, a una acusación absurda de la Revista “Crisol” (publicación argentina de las primeras décadas del Siglo XX, de absoluta identificación con el nazismo) donde se le endilgaba que ocultaba su ascendencia judía, les responde…
Yo, Judío (*)
Como los drusos, como la luna, como la muerte, como la semana que viene, el pasado remoto es de aquellas cosas que pueden enriquecer la ignorancia. Es infinitamente plástico y agradable, mucho mas servicial que el porvenir y mucho menos  exigente de esfuerzos.
Es la estación famosa y predilecta de las mitologías. ¿Quién no jugó a los antepasados alguna vez, a las prehistorias de su carne y su sangre? Yo lo hago muchas veces, y muchas no me disgusta pensarme judío. Se trata de una hipótesis haragana, de una aventura sedentaria y frugal que a nadie perjudica, ni siquiera a la fama de Israel, ya que mi judaísmo  era sin palabras, como las canciones de Mendelssohn.
 
Crisol, en su numero del 30 de enero (1934), ha querido halagar esa retrospectiva esperanza y habla de mi ”ascendencia judía maliciosamente ocultada” (el participio y el adverbio me maravillan).
 
Borges Acevedo es mi nombre.  Ramos Mejia, en cierta nota del capitulo quinto de Rosas y su tiempo, enumera los apellidos portenos de aquella fecha para demostrar que todos, o casi todos, “procedían de cepa hebreo-portuguesa”.
 
Acevedo figura en ese catalogo: único documento de mis pretensiones judías, hasta la confirmación de Crisol. Sin embargo,  el capitán Honorio Acevedo ha realizado investigaciones precisas que no puedo ignorar. Ellas me indican el primer Acevedo que desembarcó en esta tierra, el catalán don Pedro de Acevedo, maestre de campo, ya poblador del “Pago de Arroyos” en 1728, padre y antepasado de estancieros de esta provincia, varón de quien informan los Anales del Rosario de Santa Fe y los documentos para la historia del Virreinato-abuelo, en fin, casi irreparablemente español.
 
Doscientos años y no doy con el israelita, doscientos años y el antepasado me elude. Estadísticamente los hebreos eran de lo más reducido.
 
¿Qué pensaríamos de un hombre del año cuatro mil, que descubriera sanjuaninos por todos lados?
 
Nuestros inquisidores buscan hebreos, nunca fenicios, garamantas, escitas, babilonios, persas, egipcios, hunos, vándalos, ostrogodos, etíopes, dardanios, paflagonios, sármatas, medos, otomanos, beréberes, britanos, libios, cíclopes y lapitas.
 
Las noches de Alejandría, de Babilonia, de Cartago, de Menfis, nunca pudieron engendrar  un abuelo, sólo a las tribus del bituminoso Mar Muerto les fue deparado ese don.

* Revista Megáfono, 3, Nro. 12, pág. 60, Buenos Aires, Argentina. Abril de 1934.
Borges volvería siempre a responder con contundencia cada vez que se cuestionó su posible ascendencia judía. Estudiosos aseveran que para él, la posibilidad de pertenecer al errante pueblo de Israel nunca supuso un motivo de ignominia o mancillamiento, sino por el contrario, una razón para el alborozo y el regocijo intelectual.
 
Muchos años después, el 14 de enero de 1978, Borges en una entrevista publicada por el diario venezolano, El Universal, dijo esta frase que posteriormente no ha dejado de ser citada. expresó: “Siempre lamenté no ser judío”.

 borges-foto.jpg doble-borges.jpgtora-borges.jpg


Israel y Esparta

abril 1, 2007

ESTRATEGIAS DE SUPERVIVENCIA
Esparta y Jerusalén
Por Julián Schvindlerman

La primera de ellas, acaecida en el período 1948-1993, ha sido denominada paz a través de la fuerza. Su característica más notable ha radicado en la defensa de la paz (o mejor dicho, en la repulsa de la guerra) mediante el fortalecimiento de la nación y en la proyección de una imagen militarmente poderosa. La adopción de un elemento cualitativo superior (léase armamento nuclear) para contrarrestar la inferioridad cuantitativa poblacional y territorial israelí vis-a-vis el mundo árabe/musulmán, las hazañas verdaderamente épicas del Ejército de Defensa de Israel en el campo de batalla, y las proezas audaces del Mossad, habían contribuido a la aceptación –gradual y renuente– por parte de vecinos tercos acerca de la presencia de una entidad sionista en el Medio Oriente.

La confirmación empírica de la sabiduría de esta política nacional quedó ilustrada en el número decreciente de estados árabes que han atacado al estado israelí desde su independencia: cinco países árabes lo han hecho en 1948, tres en 1967, dos en 1973 y uno en 1982 y 1991. Este período presenció el primer tratado de paz establecido entre una nación árabe –Egipto, el país líder del panarabismo– con el estado judío y la consolidación de Israel como una entidad soberana en la región.

A partir de 1993, la noción de que la seguridad nacional era precondición fundamental para el advenimiento eventual de la paz –concepto que guió exitosamente la estrategia de defensa israelí por décadas– fue revertida por la idea de que la paz sería, en realidad, la creadora y garante de la seguridad. Esta etapa es conocida como Tierras por paz, en alusión a la resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que estipuló en 1967 el intercambio de tierra israelí por paz árabe como modo de solución del conflicto.

Durante los diez años que duró esta fase de la historia israelí, la paz fue establecida con otro estado árabe (Jordania), una acuerdo de mutuo reconocimiento fue firmado entre Israel y la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), y muchos países del mundo establecieron relaciones diplomáticas con Israel. Sin embargo, el optimismo de la esperanza fue hecho añicos por el pesimismo de la realidad cuando luego de siete largos y arduos años de negociaciones con los palestinos, una nueva escalada de violencia estalló. Los años de la así llamada intifada palestina produjeron más víctimas israelíes en manos del terrorismo que los provocados en los previos 53 años y lejos de generar esto mayor comprensión internacional a propósito de los obstáculos que desde siempre había enfrentado el estado judío en la región, ello despertó, por el contrario, alarmante antipatía internacional. A su vez, los logros diplomáticos de los años previos mostraron su fragilidad cuando Egipto y Jordania retiraron a sus embajadores de Tel-Aviv, Marruecos y Túnez cortaron lazos diplomáticos con Israel, y la oficina comercial israelí en Omán debió cerrar. Este período fue testigo de la corroboración del postulado del veterano diplomático Henry Kissinger en cuanto a que todas las guerras nacen de un estado de paz previo y en consecuencia la paz no puede por sí sola garantizar la seguridad.

Bajo esta atmósfera de sobriedad, Israel inauguró en el año 2003 la tercera fase de su existencia signada por el repliegue unilateral. Esta etapa que lleva el nombre de unilateralismo, surgió a partir de la comprensión de la inexistencia de un genuino socio para la paz en la arena palestina combinada con la aceptación colectiva de la imposibilidad de la retención territorial indefinida de zonas disputadas con los palestinos a la luz de la amenaza demográfica árabe/palestina. Los israelíes parecían estar pudiendo aceptar que estaba más allá de su voluntad resolver el conflicto con sus vecinos y orientaron sus esfuerzos hacia la administración de la disputa, adoptando medidas que no solucionarían de manera definitiva el conflicto (desmantelamiento parcial de asentamientos, evacuación de la Franja de Gaza, construcción de una barrera de seguridad) pero al menos lo contendrían. O al menos esta fue la esperanza hasta que una vez más la cruda realidad del Medio Oriente se hizo sentir.

Cuando con tan solo dos semanas de diferencia, Israel fue casi simultáneamente atacada desde zonas unilateralmente abandonadas en el norte y en el sur por Hizbollah y Hamás respectivamente –a pesar de que la retirada removía aparentemente la excusa de la “resistencia” frente a la “ocupación”, en la última guerra cuatro mil misiles provenientes desde El Líbano forzaron a una quinta parte de la población israelí a esconderse bajo tierra– una dolorosa realidad se hizo palpable: Israel había agotado sus iniciativas frente a enemigos decididos. Este período dio a los israelíes una dura lección política; la paz no depende del anhelo de Jerusalén sino de la voluntad de Gaza, Damasco o Teherán.

La catedrática de Harvard Ruth Wisse ha señalado que al repudiar el derecho a la autodeterminación nacional judía en la Tierra de Israel, los palestinos, los árabes y los musulmanes han convertido a Israel en el estado más anormal del planeta. Efectivamente, al basar su rechazo sobre la existencia misma del estado, han ubicado al estado judío en una posición absurda ante el resto del mundo; la de tener que justificar constantemente su derecho a existir. A mediados de agosto último, Ari Shavit, quizás el más perspicaz de los observadores israelíes, publicó una columna en el diario Haaretz en la que sostenía que Israel estaba en constante tensión con su entorno debido al hecho de ser un estado judío en un región árabe, un país occidental en una zona musulmana, y un estado democrático en una región de despotismo. Nada de ello es novedoso, por supuesto, pero la conclusión a la que arribó Shavit podría ser ilustrativa de la próxima etapa de Israel. Escribió este comentarista: “No hay futuro para una Atenas sin un destello de Esparta…Estamos regresando al encuentro con nuestro destino; regresando a lo que está decretado por la realidad de nuestras vidas”. En otras palabras, es posible que la nueva fase de la existencia israelí consista en un retorno a los orígenes.
En una coyuntura regional y global cada vez más enrarecida por las amenazas genocidas que emanan desde el teocrático Irán, por la cada vez más expandida furia del Islam radical, por el antisemitismo rampante en el Medio Oriente y más allá también, y por la inverosímil ingenuidad de la intelectualidad occidental frente a estos desarrollos, la readopción israelí de las políticas estratégicas que le han permitido no solo sobrevivir sino incluso florecer en una región política, económica y culturalmente árida, luciría, después de todo, como algo históricamente natural. Y ello sería, además, algo extraordinariamente sensato.

esparta1.jpgesparta.jpgidf-in-nablus.jpg


Dedicado a la ONU

marzo 12, 2007

dry-bones-corte-int-de-justicia.JPG

Fuente: Malas Noticias