LA SALVACIÓN POR EL CINE

enero 27, 2009

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 Vittorio De Sica (1901-1974)

Mediante la filmación de “La puerta del cielo” Vittorio De Sica salvó a 300 judíos del nazismo

Por Julio Algañaraz


   Dos películas que recuerdan una epopeya y que podrían dar lugar a una batalla judicial han reactualizado en estos días la filmación de La puerta del cielo, que el gran Vittorio De Sica comenzó a rodar hace 60 años, en el verano europeo de 1943. Era una extraña producción cinematográfica que contaba con el patrocinio del Vaticano y en la que trabajaba un número extraordinario de actores, técnicos y extras, la mayoría de los cuales eran alrededor de 300 judíos italianos y un grupo de perseguidos políticos antifascistas, que fueron así salvados de las garras del ocupante nazi.
De Sica contó luego que el acuerdo secreto con el Vaticano establecía que la filmación debía prolongarse todo lo posible hasta que llegaran los aliados a liberar a Roma, lo que ocurrió el 5 de junio de 1944. Un joven monseñor, alto prelado de la Santa Sede, fue nombrado por el papa Pío XII —sobre quien pesan algunas acusaciones de haber apoyado al régimen nazi— como delegado para la producción, con la reservada misión de salvar a tanta gente de la Gestapo. Su nombre era Giovanni Montini, quien en 1963 se convirtió en el papa Paulo VI. Alguna vieja fotografía de la época lo muestra cuando fue a supervisar la marcha del rodaje por cuenta del Centro Católico Cinematográfico, que financió la película.

El caso es conocido, aunque se ha reactualizado en estos días por el aniversario del comienzo de la filmación de La puerta del cielo y por el conflicto entre el actor y director Christian De Sica, hijo de Vittorio y de la actriz española María Mercader – compañera entonces del director y madre de Christian-, quien fue la protagonista del filme, y el director Maurizio Ponzi, que ha terminado de rodar Con las luces apagadas, una producción que cuenta también la extraordinaria historia de aquella filmación.

Christian De Sica hace dos años que anunció su propósito de hacer un filme sobre lo que pasó en el rodaje de La puerta del cielo. Ahora se limitó a decir que dio mandato a sus abogados para que estudien si no están dadas las condiciones para hacer una demanda de plagio contra Ponzi, quien retruca: “Mi historia es diferente, yo sólo aproveché el contexto histórico de la época”.

El diario Corriere della Sera publicó una página con los recuerdos de La puerta del cielo y el conflicto entre la familia De Sica y el director Maurizio Ponzi. Pero lo importante y conmovedor es la movilización humana y los riesgos que corrieron los protagonistas de un caso único en la historia del cine mundial por salvar de la persecución nazi a centenares de perseguidos.

Vittorio De Sica contó varias veces, años más tarde, que también él y otros cineastas querían prolongar al máximo la filmación para salvarse ellos mismos de tener que irse de la Roma ocupada a Venecia, la ciudad donde el régimen fascista de la República de Saló, en el norte de Italia, había decidido establecer el centro de la actividad cinematográfica.

El dictador Benito Mussolini había sido depuesto en julio de 1943 y rescatado más tarde por Hitler de su prisión. Los alemanes ocuparon Roma y Mussolini lideró un régimen fantoche por orden de los nazis, estableciendo un gobierno en la pequeña ciudad de Saló, en el lago de Garda.

La puerta del cielo narraba el viaje de un grupo de peregrinos al santuario de Loreto para pedir la intercesión de la Virgen. El rodaje fue establecido en la basílica de San Paolo Extramuros, una de las cuatro basílicas pontificias de Roma, que gozaba de extraterritorialidad y enormes espacios.

Allí acamparon, hasta que llegaron los liberadores estadounidenses, centenares de perseguidos antifascistas y judíos romanos cuyo destino hubiera sido el campo de exterminio. Todos fueron inscriptos con falsos nombres y vivían en la misma basílica y en sus parques y jardines, para evitar caer en manos de la Gestapo.
   

 

  Un momento dramático se vivió en febrero de 1944 cuando el célebre torturador y represor fascista Pietro Koch, fusilado después de la liberación de Italia, entró con su banda en la iglesia y se llevó a 60 sospechosos, de los cuales algunos no volvieron más. Otro momento difícil se vivió unos días después, el 3 de marzo, cuando un bombardeo aliado causó grandes destrozos pero sin tocar la basílica de San Paolo, llena de gente como estaba.
La puerta del cielo fue también el filme en el que se encontraron por primera vez Vittorio De Sica y el más grande guionista que tuvo el cine italiano: Cesare Zavattini. Otro autor del “copione” fue el escritor católico Diego Fabbri.

Cuando los norteamericanos liberaron Roma, el día antes del famoso Día D del desembarco aliado en Normandía, Francia, que dio comienzo a la fase final de la Segunda Guerra Mundial, De Sica terminó la filmación de La puerta del cielo. La película fue estrenada en 1945, aunque con poco éxito. Pero fue un gran acontecimiento de solidaridad humana, lo que lo convierte en un filme inolvidable. (*)

 

(*) Fuente: Julio Algañaraz, “Filmando una película. Vittorio De Sica salvo a 300 judíos de los nazis”, publicado en Diario Clarín Ciudad de Buenos Aires, el jueves 21 de agosto de 2003. fotovsicaladronbicicleta

Imagen de “Ladrones de bicicletas” (1948), una de las obras máximas de Vittorio De Sica y del cine neorrealista italiano.

 

 

 

 


Resistencia (Defiance)

enero 18, 2009

 

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Cuando los nazis llegaron a Bielorrusia emprendieron, como en otros lugares, una política de persecución y eliminación de los judíos. Los hermanos Bielski decidieron que querían luchar para sobrevivir, mientras gran parte de su familia era masacrada en el gueto de Novogrudok. Los tres hermanos huyeron y se refugiaron en los bosques cercanos a la granja familiar. Pero no sólo buscaron refugio, sino que, también, decidieron que iban a luchar contra los nazis. Organizaron un verdadero ejército de partisanos. Llegaron a entrar en guetos para facilitar la huida de otros judíos y, de ese modo, evitar su muerte.

En el bosque de Naliboki crearon una aldea, vivieron en refugios subterráneos, donde organizaron un hospital, un molino, un taller, una panadería, baños, un teatro y una sinagoga. Llegaron a ser 1.200 los judíos supervivientes y resistentes. Al llegar las tropas soviéticas aparecieron del interior de los bosques. Parecía un milagro pero estaban vivos.

Lamentablemente, su hazaña cayó pronto en el olvido. Los Bielski emigraron a Estados Unidos donde llevaron una vida normal de trabajo, sin declaraciones, sin hablar de su pasado. El último de los hermanos murió en 1987.

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El Otro Presidente Judío en el Mundo

mayo 15, 2007

Jerusalem (CJL-OJI) – El diario israelí “Haáretz” ha publicado (http://www.haaretzdaily.com) el artículo “The world’s other President”, redactado por el embajador Mordechai Arbell, consejero del Congreso Judío Mundial sobre asuntos atinentes a Latinoamérica y judaísmo español, y notorio especialista en la historia de las comunidades judías del Caribe y Centroamérica. Se ofrece a continuación un resumen – elaborado por OJI – de dicho artículo.Ricardo Maduro, quien juró en enero pasado como presidente de Honduras tras las elecciones democráticas realizadas en dicho país, es el segundo presidente judío de la historia hondureña. En 1847 Juan Lindo, hijo del judío español Joaquín Fernandes Lindo, también fue elegido para desempeñar dicho cargo, sirvió como presidente de la República hasta 1852 y es recordado por sus realizaciones en materia de la educación. Juan Lindo generó un sistema educativo eficiente y centralizado y fundó una escuela en cada población. Previamente, Juan Lindo fue en 1841 y 1842 presidente de la República de El Salvador, protagonizando así la rara peculiaridad histórica de que una misma persona haya servido como presidente de dos repúblicas distintas. También en El Salvador, Juan Lindo es igualmente recordado como un distinguido promotor de la educación y fundador de la Universidad Nacional.En lo que respecta a Ricardo Maduro, él no es el primer miembro de su familia en haber asumido la presidencia de un país. Un pariente lejano suyo, Eric Arturo Delvalle, juró como presidente de Panamá en 1987. Durante su ejercicio de la presidencia Delvalle trajo un Rollo de la Torá desde Jaerusalem y lo donó a la sinagoga hispano-portuguesa Kol Shearith Israel de la Ciudad de Panamá, de la cual él era miembro. Su tío Max Delvalle asumió como presidente de Panamá en 1969. En un discurso que pronunció después de su elección, Max Delvalle dijo lo siguiente: “Ahora hay dos presidentes judíos en el mundo: el presidente del Estado de Israel y yo”. En el día de su asunción de la presidencia, el embajador británico en Panamá le dijo que eso le hacía recordar a Benjamin Disraeli; y el presidente Max Delvalle le repuso: “Sí, pero Disraeli era apenas un primer ministro y yo soy presidente de un país”. La familia Maduro es una de las familias judías más ilustres y respetadas de las islas caribeñas y América Central, y sus miembros registraron meticulosamente sus crónicas de generación en generación.. El primero de la línea familiar que llevó el apellido Maduro, Antonio Roiz Maduro, fue Diego, hijo de Antonio y Leonora Roiz. Diego Maduro fue sentenciado a la hoguera por la Inquisición en Portugal, acusado de “crímenes contra la fe católica y por observar la Ley de Moisés”, por lo que fue quemado vivo en la plaza central de Coimbra. Su hija Clara huyó a Holanda y al casarse con Moshé Levy, el apellido familiar fue desde aquel entonces Levy Maduro. Su nieto Moshé Levy Maduro arribó con su familia a la isla caribeña de Curazao en 1672, donde fue jazán (cantor litúrgico en la sinagoga), cultivador y exportador de productos tropicales. Sus descendientes se establecieron en Jamaica y en la isla de St. Thomas, en las Islas Vírgenes.Desde entonces se sucedieron los Maduro prominentes, involucrados en una amplia gama de actividades económicas y al mismo tiempo estrictos observantes del judaísmo. Samuel Levy Maduro, de la isla de St. Thomas, fue reconocido en 1845 como un gran erudito en estudios religiosos judaicos. Otros Maduro fueron escritores e historiadores. Algunos de ellos fueron ricos y contribuyeron generosamente a causas judías. En 1837 Shlomo Eliahu Levy Maduro fundó la compañía que hoy en día es conocida como Maduro Holdings, que se ocupa, entre otros aspectos, de navegación, aeronavegación, almacenamiento de carbón y petróleo, e industrias varias. El gobierno de las Antillas Holandesas emitió una serie de sellos de correo para conmemorar el 150° aniversario de la Maduro Holdings en reconocimiento a su enorme contribución a la prosperidad de las colonias de Holanda en el nuevo Mundo. En 1916 el banco de la familia – Maduro Bank -, fundado en 1916, se fusionó en 1932 con el banco de la familia Curiel, formando el Maduro Curiel Bank, que hoy día es el principal de las islas del Caribe y contribuye a programas de desarrollo en toda la región. El Maduro Curiel Bank otorgó préstamos especiales a sobrevivientes de la Shoá que se asentaron en las islas caribeñas y les ayudó a reconstruir sus vidas. También a este banco el gobierno de las Antillas Holandesas homenajeó con una emisión filatélica al cumplir su 75° aniversario. Un intelectual destacado en Curazao fue Jossy Maduro, especializado en la historia de los judíos de raíces españolas en las Américas, quien fundó bibliotecas y ayudó a instituciones académicas. Su hijo George Levy Maduro fue un héroe holandés de la Segunda Guerra Mundial, combatió a los nazis en Holanda y murió el 9 de febrero de 1945 en el campo de concentración de Dachau. Su padre donó en su memoria los fondos para la construcción de la ciudad miniatura Madurodam, cercana a la ciudad de Ámsterdam. El gobierno de Holanda acordó a George Levy Maduro una condecoración póstuma por heroísmo.Cuando a principios del siglo XX se construyó el Canal de Panamá, el centro de gravedad de toda la región caribeña y de Centroamérica se trasladó a la República de Panamá. Miembros de la familia Maduro establecidos en Curazao, St. Thomas y Jamaica comenzaron a trasladarse a Panamá y también a Costa, Rica, Honduras y Guatemala.Según el testimonio de judíos procedentes de Europa Oriental que inmigraron en la década de 1930, el centro de la vida judía en Costa Rica y la principal sinagoga del país, estaban en el hogar de Moshé Levy Maduro. Un integrante de esa rama de los Maduro, Osmond Levy Maduro, nacido en Panamá, se estableció con su familia en Honduras. Uno de sus hijos, Ricardo, ha sido elegido presidente de Honduras en enero de 2002.(Cortesía del Lic. Julio Kiersenzon, Costa Rica).


AFRICA:¿MAS Y MAS JUDIOS?

abril 30, 2007

Más y más tribus del continente africano, declaran :”Somos judios”. Los de Lamba en Sud-Africa; los de Ibo de Nigeria;los de Tutsi de Borundi dicen que son judios. Ellos cumplen no pocas prescripciones de la religión judía y nuevas sinagogas de paja y barro, aparecen en muchos pueblos africanos.

Israel, por ahora, los desconoce, pero de EE.UU. ya se envio un juzgado especial para estudiar su judaismo. El jefe de la comunidad judía de Uganda, viajó a Jerusalen para estudiar y recibir titulo de rabino.Israel teme una invasión africana que puede ahogar al pais. Africa, esta
pasando por un proceso de acercamiento al judaísmo y en diversos lugares del
continente, se despiertan tribus que descubren sus raíces judias. El fenómeno no es nuevo, pero la novedad es la cantidad.No se habla de comuninades de algunos centenares, sino de tribus de decenas de millones.

La tribu Lamba de Sud-Africa y Zimbabwe tiene una poblacion de 10 millones y si sólo una pequeña parte de ellos declarase que son de origen judio, se habla de una gran cantidad de personas.

La tribu Ibo de Nigeria, tiene una poblacion de 40 millones y la
cuarta parte de ellos, creen que son de origen judío. En los últimos años,
se crearon 10 nuevas sinagogas en Nigeria. En la tribu Lamba, circuncidan a los hijos varones que nacen en el octavo
dia y no comen carne de cerdo. Tambien en la tribu Ibo circuncidan a los hijos varones al octavo dia de nacer.

Los miembros de la organización judía americana “Kulanu” dicen : “Si hay
alguien que tiene un contacto sagrado con el judaísmo no debemos discutir
con el, más aún si se comportan como judíos.Muchos judios americanos se emocionan al escuchar de estos judios
extraviados y estan dispuestos a abrir sus bolsillos para ayudarlos.

Yoav Yundav (Los dos nombres son hebreos) es una figura carismatica,
energica y ambiciosa de Uganda. Tiene 23 hijos “Pero solo diez son mios”,dice “y los otros trece son adoptados y la mayoria de ellos no son judios”.

Sara, que tiene diez años y es la menor de sus hijos adoptados espera ser recibida por la colectividad judia como miembro de ella. Sara debera demostrar su adhesion sincera al judaismo y deberá cumplir todas las precripciones de la religión, leves y tambien dificiles.

Abraham Mugamba recuerda los años dificiles. “Judio”, le gritaban burlandose de él. Cuando era niño sus vecinos mahometanos le decian :”Uds. mataron a Jesús”. En la epoca del gobierno de Amin Dada (1972-1979), ellos se veian obligados a rezar a escondidas, las sinagogas se
clausuraron y muchos judios fueron apresados. Como resultado de estas
medidas, la colectividad judía se encogió de miles a algunos centenares. Su padre le decia : “Aunque te maten no debes dejar el judaismo. Nosotros quedaremos siendo judios aunque esto nos cueste la vida”.

Samy Kakongulo, luchador y lider, adopto junto con su colectividad las costumbres judías, despues de leer La Biblia. La colectividad cuidaba la santificación del Shabat, el deguello de los animales, la circuncision, la prohibición de los matrimonios mixtos y adoptaron el calendario hebreo.

Fuente: Yedioth Ajaronot

COLECTIVIDADES JUDIAS EN EL CONTINENTE AFRICANO.-

Etiopia———–17.000
Kenia ————–4,000
Uganda ————–600
Burundi ———–3.000
Ghana —————300
Zimbabwe——– 8.000
Sud-Africa——-70.000

Link Judios de Uganda: http://www.abayudaya.or.ug/

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Venezuela y el holocausto

abril 6, 2007

Sammy Eppel

Cuando yo era un niño, mi padre me decía ‘nunca dejes de querer a Venezuela’; en la mente de un infante ese concepto era difícil de computar. Uno aprendía a querer a sus padres, hermanos, familia, amigos, la naturaleza, los animales, pero ¿cómo es eso de querer a todo un país? Con el tiempo lo entendí. Les explico: recientemente se celebraron 54 años del final del holocausto donde más de seis millones de judíos, todos civiles no combatientes, entre ellos un millón y medio de niños, fueron asesinados a manos de la ‘raza superior’. Y esto ocurrió ante la indiferencia del mundo entero. Para comprobar que a los judíos no los quería nadie, Hitler envió varios barcos llenos de refugiados a diferentes partes del mundo y, tal como lo había supuesto su maquiavélica mente, estos vapores vagaron durante meses por varios océanos y en todos los países la respuesta fue la misma, al final se devolvieron y sus ocupantes en su mayoría fueron a los campos de concentración y por ende a las cámaras de gas y a los hornos crematorios; un caso típico fue la embarcación Saint Louis que con cerca de mil desesperados a bordo estuvo más de una semana frente a la costa de los Estados Unidos y tuvo que regresarse a Europa. Sin embargo, dentro de esta desidia a nivel planetario hubo una excepción. Y aunque ustedes queridos lectores no lo crean, fue Venezuela. Sí. Enteraos que cuando uno de esos barcos, el Konisgtein, cargado con su lastimosa remesa de judíos llegó a las costas de la patria de Bolívar y por enésima vez el capitán pidió asilo para sus pasajeros, el para entonces Presidente, general Eleazar López Contreras, luego de solicitar opinión a diferentes sectores del país, incluyendo los nacientes partidos políticos y la Iglesia Católica, obtiene una respuesta positiva, permitiendo el desembarco y otorgando asilo a los refugiados. Hace sesenta años esta hermosa tierra dio un ejemplo al mundo entero: que no es necesario ser poderoso para ser generoso, que lo importante es no perder el sentido de humanidad y que la dignidad no tiene raza o religión. Pero como si no fuese suficiente, la historia se repetiría meses más tarde con el vapor Caribia, en Puerto Cabello, donde toda la ciudad se movilizó para las labores de atraque y los refugiados fueron cobijados en las casas de los pobladores. Con razón nuestro himno comienza por ‘Gloria al Bravo Pueblo’.

Yo creo que aquel mensaje que Venezuela envió en los albores de la II Guerra Mundial lo escuchó muy poca gente y ciertamente no lo recibieron los grandes contendores. Prueba de ello es que luego de comenzada la ‘solución final’ y siendo ésta del conocimiento general, organizaciones de derechos humanos solicitaron a los aliados bombardear los rieles que conducían a los campos de concentración y así evitar que los trenes siguieran traficando con su infame propósito. La respuesta fue que no era posible desviar esfuerzos bélicos para tal fin o que esos rieles serían necesarios para las venideras batallas, ¿lindo verdad? Se enviaban mil bombarderos a llover plomo sobre ciudades llenas de civiles, pero no se podían bombardear los rieles de la muerte.

Por lo antes expuesto es que el ejemplo venezolano se agiganta con el paso del tiempo ¡ahora entienden por qué mi padre me decía que tenía que querer a este país que me vio nacer! por eso fue para mí una gran sorpresa cuando apareció en el país, fungiendo por su propio designio como asesor de Chávez, un tal Ceresole, practicante de una de las disciplinas más despreciables del género humano, el Revisionismo Histórico Neo Nazi, que niega la ocurrencia del holocausto, cuando en verdad la información sobre la magnitud de los hechos la proveyeron los propios alemanes al llevar rércords exactos de todas sus actividades. En descargo del presidente Chávez, debeo decir que estuve presente cuando en una ocasión se le preguntó sobre su relación con Ceresole y respondió que en efecto lo conocía, que éste lo había asesorado sobre ordenamiento territorial, pero que ignoraba de sus actividades antisemitas.

‘No hay libertad legítima sino cuando ésta se dirige a honrar la humanidad y a perfeccionarle su suerte. Todo lo demás es de pura ilusión, y quizás de una ilusión perniciosa’. (Simón Bolívar. 1820). ¡Será!

sammyeppel@hotmail.com
EL Universal Digital, 24 de abril de 1.999

Por si alguien le queda duda quien es Ceresole
http://www.vho.org/aaargh/espa/ceres/sept.html
http://www.analitica.com/bitBlioteca/ceresole/caudillo.asp

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Por suerte dios hizo su trabajo con Ceresole. ;), pero Chavez sigue gobernando Venezuela.


Los judíos de Salónica y la Shoá

abril 1, 2007

Un recuerdo personal

Henry (Errikos) Levy
Traducido por el Dr. Rubén Levitus
en colaboración con la Dra. Rita Eskenazi de Levitus

Los judíos griegos en el Holocausto, la experiencia personal de un sobreviviente llevado desde Birkenau para limpiar el ghetto de Varsovia y construir un campo de concentración, y sus historias de supervivencia.

El ghetto de Varsovia

…En agosto de 1943, 3.500 judíos griegos fuimos transportados desde Birkenau hacia Varsovia para remover los escombros del Ghetto y construir el campo de concentración de dicha ciudad. Dado que este campo no tenía crematorios, representaba una pequeña mejora respecto de Birkenau. Nuestra primera tarea consistió en remover los cadáveres de los oficiales SS y otros alemanes que murieron durante la revuelta del ghetto judío. Durante nuestra tarea descubrimos los cuerpos de numerosos hombres, mujeres y niños judíos asesinados mientras luchaban valientemente utilizando sólo sus manos desnudas como armas.

Cavando en la búsqueda de cuerpos, encontramos muchos manuscritos, cartas, diarios y notas en yiddish, polaco, francés y hebreo. Recuerdo haber leído un diario en francés que consignaba que a mediados de 1942 los alemanes habían deportado más de 300.000 judíos del ghetto de Varsovia a Treblinka. El diario había sido escrito por una mujer llamada Rivkah Solowicz o Slobowicz, que había venido a Polonia a visitar a su madre y a su hermano mayor y no se le había permitido retornar a su hogar en Marsella. Escribiendo algunas veces en yiddish sobre su esposo Moise y sus hijos Sarah y Jacob, pedía perdón por haberlos dejado e imploraba a Moise que actuara como padre y como madre. Decía además que habían quedado solamente 60.000 judíos en el ghetto e informaba haber visto numerosas tropas y tanques.

La resistencia judía creía que todos los judíos estaban siendo gaseados. Dándose cuenta que el plan nazi de reinstalación significaba la muerte, los judíos decidieron luchar. Por la mañana temprano del 19 de abril de 1943 el ghetto fue rodeado por tropas de asalto a medida que comenzaba el levantamiento. A pesar de que el ataque no había tenido éxito, Rivkah mencionaba que el ghetto había sido incendiado. La página terminaba con un poema en yiddish sobre una pequeña flor, que nosotros no entendimos, y firmaba como Rivkaleh.

Cuando llegamos al ghetto todos los edificios habían sido incendiados por orden del General Jürgen Stroop. Durante la limpieza de los restos ensangrentados muchos prisioneros murieron de tifus, diarrea y desnutrición. En Varsovia me encontré por primera vez con otros prisioneros de Salónica; cuatro de ellos (Danny Namías, David Pardo, Elí Mucher y Elí Montekio) siguen siendo mis más íntimos y fieles amigos hasta el día de hoy.

Una tarde un hombre de la SS me llevó junto con otros cinco prisioneros griegos a la cocina para buscar comida para los caballos. Nos sentimos horrorizados al darnos cuenta que los animales estaban alojados en la hermosa y antigua sinagoga Nozyk que los nazis habían convertido en establo.

Los civiles polacos que trabajaban junto con nosotros en el ghetto nos hicieron saber que “éramos más aceptables que los judíos polacos que eran acusados de haber matado a Jesús y explotado a la gente durante muchos años, y que habían recibido su merecido”. Sin sentir lástima por los judíos asesinados declaraban que Polonia –estaba por suerte– “libre de judíos y de su olor”. No obstante, lamentaban la pérdida de los edificios que habían sido incendiados.

Los judíos griegos nos mantuvimos unidos como hermanos, nos apoyábamos unos a otros y ayudábamos a los que eran amenazados por los de otras nacionalidades. Aunque los judíos europeos orientales no deseaban confraternizar con nosotros, respetaban nuestra lealtad y nuestra capacidad para mantener nuestra dignidad como judíos y seres humanos bajo tan terribles condiciones. Nunca lloramos o rogamos a un guardia SS o a un Kapo por clemencia, ni tampoco denunciamos a otros prisioneros que habían cometido transgresiones.

León Yahiel, que era un buen judío griego que había actuado como el “mayor” del block 4, donde yo estaba alojado, arriesgó su vida numerosas veces por nosotros. Una vez intentó sobornar a un oficial SS con oro, joyas y otros artículos de valor, encontrados por Sabetai Matarasso, Moshico Hazán y otros, durante sus excavaciones, a cambio de pan y sopa de papas.

El nazi respondió: “Tengo tanto oro, joyas, diamantes, etc., de Lodz, que nunca podré gastarlos aunque viva 100 vidas”.

Por este “crimen” y su negativa a denunciar a los poseedores, Yahiel recibió 25 latigazos, lo que le impidió sentarse durante 3 semanas. Irónicamente, él sobrevivió y se convirtió en un general del Ejército Israelí.

Al poco tiempo de la golpiza a Yahiel, el compañero prisionero y mecánico Vital Dassa “reparó” la motocicleta de este oficial, a quien apodábamos “el tigre”, provocando la muerte del nazi. Dassa fue fusilado por este hecho.

Otro prisionero, Shaul Senior, se escapó en el camión de la lavandería para ver a su novia polaca. Fue ahorcado y su cuerpo colgado durante 3 días para que sirviera como ejemplo para aquéllos que pensaran en la posibilidad de escaparse. Ese día nos tuvieron 10 horas en el “pase de lista” bajo una intensa lluvia, sin permitirnos comer o usar los baños. Nuestros “piyamas” estaban empapados y pegados a nuestra piel.

Nuestra única ventaja sobre los Kapos y los SS era la posibilidad de comunicarnos entre nosotros en un idioma extranjero. Podíamos planear la forma de robar comida y conversar durante momentos de distensión, tarde en la noche. Entre nosotros se encontraban dos cantores y un guitarrista de Salónica que nos dirigían para cantar canciones en italiano, griego, judeo–español y hebreo. Una noche podíamos cantar canciones sentimentales románticas en italiano y español y otra noche podíamos cantar las partes más lentas de la “Selihoth”, las oraciones penitentes, o “Avraham Avinou”.

Nosotros cantábamos la Selihoth no porque fuéramos pecadores sino porque éramos las víctimas; manteníamos nuestra dignidad como judíos. Ellos eran los criminales, perseguidores y bestias. En Varsovia mi número de prisionero fue 2.4 21.

Aunque Yahiel intentaba protegernos asegurándose que todas las ventanas y puertas estuvieran bien cerradas, cuatro noches más tarde los SS y los Kapos nos escucharon. Lejos de sus hogares y familias, estos brutos se sintieron tocados por nuestras baladas románticas y nos exigieron que los entretuviéramos recompensándonos con más comida. Lloramos de alegría cuando ellos nos alentaron para que continuáramos cantando sin temor.

A medida que avanzaba el Ejército Rojo, en noviembre de 1944, todo el ghetto fue arrasado y se nos ordenó que nos preparáramos para trasladarnos a otro campo. Nos pidieron que limpiáramos y rellenáramos todos los hoyos reveladores. Los civiles polacos se encargaron de demoler todos los edificios con explosivos. Muchos de ellos volvieron ricos a sus casas gracias a los bienes judíos escondidos que ellos encontraron. El parque que fue diseñado para encubrir el campo de concentración nunca fue terminado.

Cuando comenzó la evacuación quedaban 2.466 judíos griegos de los 3.500 iniciales. En su libro “Destruction of the European Jews”, Raúl Hilberg nunca mencionó que fueron únicamente los judíos de Salónica los que trabajaron en la limpieza de ghetto.

Partimos a pie a un viaje que duró 27 días, sin ropas adecuadas, alimentos y agua. Los hombres de la SS a cargo eran de un nuevo regimiento integrado principalmente por polacos, lituanos y ucranianos que eran más crueles y más sádicos que los alemanes. Llegamos finalmente a Dachau más muertos que vivos.

…El 27 de marzo de 1945 nos ordenaron que nos preparáramos para evacuar el campo. Pasamos 33 días en un tren que cambiaba constantemente de dirección para evitar las vías férreas que habían sido bombardeadas por los Aliados. Desafortunadamente, algunos de los trenes fueron involuntariamente bombardeados causando la muerte de 457 judíos griegos. Una mañana, al despertarnos, nos encontramos que los vagones de carga estaban sin los cerrojos. No había guardias a la vista, sólo había uniformes, armas y botas desparramadas por todos lados. Supimos así que la guerra había terminado y corrimos gritando de alegría. Era el 1º de mayo de 1945. Fuimos liberados, en las afueras de Munich, por el 7′ Ejército Americano a las órdenes del General Patton y transportados en camiones del Ejército Americano a Feldafing. Las tropas americanas, rusas y británicas vinieron a liberarnos, pero para los 6 millones de nosotros de los cuales 1,5 millones eran niños, fue demasiado tarde.

Regresé a Grecia en 1946 y fui reclutado por el Ejército Griego el 12 de abril de 1947. Combatí a los Comunistas en las montañas de Ipirus hasta el 31 de diciembre de 1950. De acuerdo con las Leyes Griegas los judíos que hubieran perdido un miembro de su familia durante la ocupación alemana de Grecia, no debían combatir en la primera línea de fuego. Irónicamente, varios sobrevivientes del Holocausto murieron luchando por Grecia.

A lo largo de Europa, tanto antes como después de la guerra, los judíos lucharon y se sacrificaron por las tierras en las que habían nacido. Nuestro compromiso no fue recompensado, pero no debe ser olvidado. El reconocimiento de nuestra igualdad como ciudadanos es la clave para evitar que el pasado se convierta en futuro.

Nosotros, los que vivimos para ver nuestras madres, padres, hermanos, hermanas, esposas e hijos, sacrificados en el altar del odio y destrucción del Pueblo Judío, también escuchamos el llanto de los niños que nunca llegaron a gozar de la vida. Nuestra sobrevivencia en este mundo de oscuridad y locura fue un milagro. No obstante, no tengo ningún lugar en algún cementerio donde pueda ir a decir Kaddish por mi familia.

De: Del Fuego, Sephardim and the Holocaust, page 236. Edited by Dr. S. Gaon and Dr. M. Serels. New York, 1995.


Cambio de nombre

enero 29, 2007

Apartir del dia de la fecha el blog Luchando contra la Judeofobia pasa a llamarse Mila 18.

Mila 18 :Lugar donde estaba emplazada la comandancia general de la Resistencia en el Guetto de Varsovia.

El filosofo Michel Foucault ha dicho ‘El Levantamiento del Ghetto de Varsovia reivindica la dignidad humana. Varsovia siempre tendrá su ghetto sublevado y sus cloacas pobladas de insurgentes’.

Paradojas de las miserias humanas. Hubo que descender a esas cloacas para forjar esta historia de coraje, porque la superficie estaba inundada por los detritus de la intolerancia, el racismo, el odio al diferente. En ese escenario, tan parecido al infierno tan temido, doscientos veinte seres humanos, honraron a la vida, con las armas en las manos, en nombre de los millones que no pudieron hacerlo, en un estruendoso grito de dignidad.

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La cámara Leica y el Holocausto

enero 27, 2007

La Leica es la pionera de las cámaras de 35 mm. En realidad, no fue exactamente la primera cámara fotográfica que usó película de 35 mm, pero fue la primera en ser ampliamente publicitada y exitosamente comercializada.
Se trata de un producto alemán, preciso, minimalista, sumamente eficiente. Detrás de su aceptación mundial como herramienta creativa, había una firma familiar, orientada socialmente, y que durante la era nazi actuó con gran generosidad y modestia: E. Leitz Inc., diseñador y fabricante del producto fotográfico más famoso, salvó a sus empleados judíos.

Y Ernst Leitz II, el patriarca protestante de ojos de acero, que encabezaba y dirigía la firma mientras el Holocausto se cernía sobre Europa, actuó de tal forma que ganó el mote de “El Schindler de la industria fotográfica”.
Según George Gilber, un escritor veterano en tópicos de fotografía que contó la historia en la última convención de la Sociedad Histórica Leica de América, en Portland, Oregon, la Leitz Inc., fue fundada en Wetzlar en 1869, tuvo una tradición de comportamiento muy humano hacia sus trabajadores. Pensiones, licencias por enfermedad y seguro de salud. Todo esto fue instituido tempranamente en Leitz, que dependía en su fuerza de trabajo de generaciones de empleados muy preparados, muchos de los cuales eran judíos.

El “Tren Leica de la Libertad” (el “Leica Freedom Train”)

Tan pronto como Adolf Hitler fuera nombrado canciller de Alemania en 1933, Ernst Leitz II comenzó a recibir llamados frenéticos de sus asociados judíos, pidiendo su ayuda para hacerlos salir del país a ellos y a sus familias.
Como cristianos, Leitz y su familia eran inmunes a las leyes de Nüremberg, que restringían el movimiento de los judíos y limitaban sus actividades profesionales.
Para ayudar a sus trabajadores y colegas judíos, Leitz estableció en forma muy discreta lo que ha sido conocido entre los historiadores del Holocausto como “El tren Leica de la libertad”, una forma encubierta de ayudar a judíos a abandonar Alemania con el pretexto de tratarse de funcionarios de Leitz con misiones asignadas en el extranjero.
Y así, empleados, vendedores, miembros de sus familias, y amigos de miembros de sus familias fueron “asignados” a oficinas de venta de Leitz en Francia, Inglaterra, Hong Kong y los Estados Unidos.
Las actividades de Leitz se intensificaron luego de la “Kristallnacht” de noviembre de 1938, durante la cual se incendiaron comercios judíos y sinagogas a lo largo de Alemania.
Al poco tiempo “empleados” alemanes desembarcaban del trasatlántico Bremen en Nueva York y de allí se dirigían directamente a las oficinas de Manhattan de Leitz Inc., donde los ejecutivos rápidamente les encontraban empleos en la industria fotográfica.
Cada nuevo viaje que llegaba traía consigo el símbolo de la libertad: una nueva Leica.
Los refugiados recibían un estipendio hasta que lograban encontrar un empleo. Con esta migración arribaron a América diseñadores, técnicos en reparación, vendedores, expertos en marketing y escritores para la prensa gráfica.
Manteniendo esta historia en un muy bajo perfil, el “Tren Leica de la Libertad” llegó a su pico máximo de actividad en 1938 y principios de 1939, enviando grupos de refugiados a Nueva York cada pocas semanas.
Pero con la invasión de Polonia, el 1 de septiembre de 1939, Alemania cerró sus fronteras. Hasta entonces, cientos de judíos en peligro lograron escapar a América, gracias a los esfuerzos de los Leitz.

Las consecuencias de la solidaridad

¿Cómo lograron Leitz II y su personal realizar todo esto?
Leitz Inc. era una marca internacionalmente reconocida, que le daba buen nombre al recién surgido Reich.
La empresa producía sistemas ópticos diversos para los militares alemanes.
Ademas, el gobierno nazi estaba desesperadamente necesitado de moneda extranjera fuerte, y el más importante mercado para los productos ópticos eran los Estados Unidos.
A pesar de ello, miembros de la familia Leitz y de la firma, sufrieron por sus buenas acciones.
Un ejecutivo importante, Alfred Turk fue encarcelado por ayudar a los judíos, y fue liberado luego de pagar un importante soborno. La hija de Leitz, Elsie Kuhn-Leitz, fue encarcelada por la Gestapo al ser encontrada en la frontera, ayudando a mujeres a cruzar hacia Suiza.
Eventualmente, quedó en libertad, no sin antes haber sufrido un muy rudo tratamiento durante los interrogatorios a que fue sometida.
También cayó bajo sospecha al intentar mejorar las condiciones de vida de 700 a 800 trabajadoras esclavas ucranianas, que habían sido asignadas a trabajar en la planta durante los años ´40.
Luego de la guerra, Kuhn-Leitz recibió numerosos honores por sus esfuerzos humanitarios, entre ellos: “Officier d’honneur des Palms Academic”, por parte de Francia en 1965, y la medalla Aristide Briand de la Academia Europea en los años 70.

La modestia de los grandes

¿Por qué esta historia no fue contada hasta hoy? Según el fallecido Norman Lipton, escritor freelance y editor, la familia Leitz no deseaba publicidad de sus esfuerzos heroicos.
Solo después que el último miembro de la familia Leitz falleció, salió a la luz la historia de “El Tren Leica de la Libertad”.
La historia es ahora tema de un libro, “La mayor invención de la familia Leitz: El Tren Leica de la Libertad”, escrito por Frank Dabba Smith, un rabino nacido en California, radicado en Inglaterra.
Pero en momentos como el actual, vale la pena -aún más- saber y difundir esta historia.

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El Golem de Praga

enero 21, 2007

De entre las leyendas que atesora la ciudad de Praga, la más universal es la del Golem (“materia”), una figura humana de barro animada por el rabino Low (“León”), para defender al gueto judío durante el siglo XVI, a la que se hace desaparecer cuando pasa de la servidumbre a ejercer su libertad.

Los antecedentes del Golem se remontan a la mitología griega: ya Hefestos (Vulcano) creó un autómata de bronce, Talos, para cuidar de la ciudad de Creta. Por otro lado, en la tradición judeocristiana se hace que el propio dios omnipotente genere del barro al primer humano, Adán, que durante unos instantes no deja de ser un Golem. Y la novela Frankenstein alude a un científico que da vida a un cadáver: éste causa problemas al hacer uso del libre albedrío. El subtítulo de la obra, “el moderno Prometeo”, nos devuelve a la mitología clásica: Prometeo fue el titán que creó a los hombres del barro.

El Golem y el cine han viajado juntos durante el siglo XX: el primer largometraje de género fantástico, precursor del expresionismo, es El Golem (Der Golem, Paul Wegener, 1914). De este filme se realizarán tres secuelas, en 1917, 1920 y 1935. La figura del Golem también es conocida por la novela de Gustav Meyrinck de 1916. Otras referencias literarias que giran alrededor de este mito son “El aprendiz de brujo” de Goethe, con su desastrosa escoba animada, el personaje infantil Pinocho, de Collodi, una marioneta que cobra vida a través de la experiencia social, o el “robot” contemporáneo, invento también de un ciudadano de Praga, Karel Capek, en 1921 (en checo, robotnik quiere decir “servidor”).

Jorge Luis Borges se apasiona en su juventud por la figura del Golem y escribe uno de sus poemas más famosos:

El Golem

Si (como el griego afirma en el Cratilo)
El nombre es arquetipo de la cosa,
En las letras de rosa está la rosa
Y todo el Nilo en la palabra Nilo.

Y, hecho de consonantes y vocales,
Habrá un terrible Nombre, que la esencia
Cifre de Dios y que la Omnipotencia
Guarde en letras y sílabas cabales.

Adán y las estrellas lo supieron
En el Jardín. La herrumbre del pecado
(Dicen los cabalistas) lo ha borrado
Y las generaciones lo perdieron.

Los artificios y el candor del hombre
No tienen fin. Sabemos que hubo un día
En que el pueblo de Dios buscaba el Nombre
En las vigilias de la judería.

No a la manera de otras que una vaga
Sombra insinúan en la vaga historia,
Aún está verde y viva la memoria
De Judá León, que era rabino en Praga.

Sediento de saber lo que Dios sabe,
Judá León se dio a permutaciones
de letras y a complejas variaciones
Y al fin pronunció el Nombre que es la Clave.

La Puerta, el Eco, el Huésped y el Palacio,
Sobre un muñeco que con torpes manos
labró, para enseñarle los arcanos
De las Letras, del Tiempo y del Espacio.

El simulacro alzó los soñolientos
Párpados y vio formas y colores
Que no entendió, perdidos en rumores
Y ensayó temerosos movimientos.

Gradualmente se vio (como nosotros)
Aprisionado en esta red sonora
de Antes, Después, Ayer, Mientras, Ahora,
Derecha, Izquierda, Yo, Tú, Aquellos, Otros.

(El cabalista que ofició de numen
A la vasta criatura apodó Golem;
Estas verdades las refiere Scholem
En un docto lugar de su volumen.)

El rabí le explicaba el universo
“Esto es mi pie; esto el tuyo; esto la soga.”
Y logró, al cabo de años, que el perverso
Barriera bien o mal la sinagoga.

Tal vez hubo un error en la grafía
O en la articulación del Sacro Nombre;
A pesar de tan alta hechicería,
No aprendió a hablar el aprendiz de hombre,

Sus ojos, menos de hombre que de perro
Y harto menos de perro que de cosa,
Seguían al rabí por la dudosa
penumbra de las piezas del encierro.

Algo anormal y tosco hubo en el Golem,
Ya que a su paso el gato del rabino
Se escondía. (Ese gato no está en Scholem
Pero, a través del tiempo, lo adivino.)

Elevando a su Dios manos filiales,
Las devociones de su Dios copiaba
O, estúpido y sonriente, se ahuecaba
En cóncavas zalemas orientales.

El rabí lo miraba con ternura
Y con algún horror. ¿Cómo (se dijo)
Pude engendrar este penoso hijo
Y la inacción dejé, que es la cordura?

¿Por qué di en agregar a la infinita
Serie un símbolo más? ¿Por qué a la vana
Madeja que en lo eterno se devana,
Di otra causa, otro efecto y otra cuita?

En la hora de angustia y de luz vaga,
En su Golem los ojos detenía.
¿Quién nos dirá las cosas que sentía
Dios, al mirar a su rabino en Praga?

Dios es al hombre lo que Low al Golem, y el precioso secreto que encierra este fantástico ser es ni más ni menos que el más buscado por la humanidad: la libertad.

Una vez creado a partir de lodos del río, según la técnica revelada por un arcángel en un sueño de Low, el Golem se pone al servicio de su rabino y al de toda la comunidad judía para protegerlos. Pero a medida que pasa el tiempo, los trabajos del Golem se hacen más molestos, dados su extrema fuerza y su poco entendimiento. El Golem funciona gracias a una tablilla con palabras secretas escondida en su boca (las mismas que usó Yahvé para insuflar la vida en el Génesis). Un sábado, día de descanso, Low olvida retirar la tablilla al Golem. Éste pasa por fin de ángel custodio a monstruo destructivo. Ejerce su pecado (su libertad) y como tiene a quien le creó, recibe su castigo.

Hay numerosas versiones sobre el final de la historia del Golem. En algunas, el rabino decide que debe destruir al Golem. Para hacerlo, le quita de la frente la primera letra de la palabra emet, ‘verdad’, y la palabra se transforma en met, que en hebreo significa ‘muerte’. El Golem se transforma de inmediato en una figura de barro. En otras versiones, el Golem destruye a su creador, lo mata; o también, el Golem, al ser destruido, se lleva consigo a su creador porque cuando se convierte en una enorme estatua de barro, se cae sobre el rabino y lo aplasta. En otras, el Golem se escapa de la ciudad. De allí la leyenda de que tal vez el Golem aún anda por el mundo y puede volver a aparecer en cualquier momento.

El Golem judío nos lleva a la interesante paradoja del ser humano creado por el dios que el ser humano ha creado. Low utiliza las mismas palabras que su dios para repetir la misma insensatez. La misión del hombre-Golem acaba consistiendo en seguir sometido gracias a la baldía creencia en haber sido creado por alguien superior. Esa misma losa moral e intelectual persigue a las masas hasta convertirlas en polvo, que vuelve a ser barro del Moldava en una rueda sin final.

Hoy cualquier visitante de Praga puede llegar hasta la tumba del rabino Low y depositar una piedra que simbolice un deseo por cumplir. Mientras, en el desván de la sinagoga más antigua de Europa, duerme el recuerdo del Golem, junto con la evidencia de que la propia presencia del ser humano en la Tierra da fe de que nunca ha existido un Creador.

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Yo estaba en Babi Yar

enero 11, 2007

Yo estaba en Babi Yar
Por Marek Halter
El País

¿Quién conoce Babi Yar? Fue allí, a las afueras de Kiev, cerca del antiguo cementerio judío, donde el 29 de septiembre de 1941, el día del Kipur, día del Gran Perdón, el Einsatzkommando 4, dirigido por el coronel de las SS Paul Blobel, con ayuda de la policía ucrania, liquidó a golpe de metralleta a los habitantes judíos de la ciudad más antigua de Rusia. La matanza duró hasta el 3 de octubre. Más de 100.000 cuerpos se amontonaban en el cañón. Algunas víctimas aún respiraban. Fueron rematadas a base de granadas. Cien mil personas es la población de una ciudad del tamaño de Badajoz. La mayoría de las víctimas eran judías. Un tercio de ellas eran niños. Los cuerpos fueron quemados, sus cenizas dispersadas por los nazis y sus auxiliares ucranios la víspera de la liberación de Kiev por el Ejército Rojo, en noviembre de 1943. No cabe duda de que los asesinos eran muy conscientes de su crimen, que se ocuparon de ocultar. Pero algunos testigos oculares consiguieron filtrar la noticia al otro lado de las fronteras ucranias. Dio la vuelta a las cancillerías y se publicó el 29 de noviembre de 1943 en The New York Times. Las pruebas se presentaron en el proceso de Núremberg.

Si los nazis tenían interés en borrar las huellas de su hazaña, Stalin, por su parte, tampoco tenía muchas ganas de mencionarlo. Habría significado “favorecer” a los judíos en el martirologio de la población rusa, en un momento en que las persecuciones antisemitas empezaban a vaciar las instituciones soviéticas de su presencia. Habría sido también revelar que tres divisiones ucranias del Ejército Rojo, dirigidas por el general Vlassov, se habían reunido, desde el principio de la guerra germano-soviética, con las tropas de Hitler y habían tomado parte en la eliminación de los judíos de Ucrania. Sin embargo, esta doble empresa de desinformación había descuidado la fatalidad de la memoria, que al igual que un cuerpo atado a un bloque de piedra y arrojado al mar, sólo desaparece durante un tiempo antes de volver a subir inevitablemente a la superficie y gritar la verdad.

Así, veinte años después, en septiembre de 1961, un joven poeta ruso Yevgeny Evtuchenko, conmovido por el descubrimiento fortuito de la masacre de los judíos de Kiev, escribió Babi Yar, un poema publicado en la Literatournaia Gazeta. Al hacerlo lanzó el movimiento crítico de la historiografía soviética. El poeta y el periódico fueron condenados inmediatamente por el Partido Comunista. Demasiado tarde. Los cuerpos de los asesinados de Babi Yar flotaban ya a la vista y para conocimiento de todo el mundo en la superficie del Dniéper, ese río que atraviesa Kiev, y bajo las ventanas del Kremlin, sobre las aguas del Moscova. Los historiadores llamarían más tarde deshielo a este movimiento capital en el proceso de desestalinización. Decenas de miles de soviéticos se reunieron en las plazas públicas para escuchar al poeta leer sus versos:

“No hay en Babi Yar, sobre tantas y tantas tumbas/ Más monumento que este triste barranco./ Tengo miedo… ¿Qué peso cae aquí sobre mis hombros?/ Oh, pueblo judío, en verdad, tengo de pronto tu edad”.

Ni Jruschov ni Breznev vieron venir esta brusca réplica a la Historia oficial. Enfrentado a sus propias mentiras y al antisemitismo que apoyó bajo el reino de Stalin, el poder reaccionó violentamente: las obras de Evtuchenko se prohibieron. Pero los cuerpos asesinados de Babi Yar, que flotan en la superficie de las aguas y nadie osa retirar, recuerdan a quienes aún no lo saben adónde lleva el odio. En este caso, el odio a los judíos. Los jóvenes recitan Babi Yar, de Evtuchenko en los colegios y las universidades. El poema se ha traducido a todos los idiomas y se ha difundido en la prensa mundial. Inspiró a Dimitri Shostakóvich su famosa Sinfonía número 13. Y hasta en los pueblos helados que rodean el Gulag en lo más recóndito de Siberia, resuena el grito del poeta: “Creo que soy un hijo de Israel… / Creo que soy Dreyfus. / Creo que soy un hijo de Bialystok. / Creo que soy Ana Frank”.Y Yevtushenko precisa, para gran riesgo de quienes le atacan: “(…) No tengo sangre judía. / Pero los antisemitas encerrados en su odio / Me rechazan / Como si fuera judío. / Porque soy un verdadero ruso”.

Y fue así, con el descubrimiento de la gran manipulación histórica en torno a Babi Yar, como nació en la URSS la reivindicación de la verdad histórica. Ninguna represión pudo ahogar esta reivindicación de la verdad que alimentó el movimiento de la disidencia que 20 años después, con la perestroika, pudo más que el poder soviético.

Yo no había ido nunca a Babi Yar. Desconfío de los lugares de la memoria. El decorado perjudica a menudo la percepción de lo real reduciendo nuestras imágenes a la realidad de algunas barracas o estelas. Además, acepté de mala gana la invitación del presidente ucranio para participar en las ceremonias conmemorativas del 65º aniversario de la masacre de Babi Yar. Hice mal: no queda ni rastro de Babi Yar. Quienes decidieron realizar la conmemoración no se acordaban ni siquiera de su emplazamiento. ¿Se encontraba el famoso barranco en el que la SS amontonaron los 100.000 cuerpos detrás de la monumental Menora (el candelabro de siete brazos) que los supervivientes construyeron para recordar la aniquilación de la comunidad judía de Kiev, o mucho más allá, donde el poder comunista alzó un impresionante monumento al estilo del realismo soviético? ¿O aún más lejos, en el bosque cerca del río, donde Raisa Maiestrenko, que se encontraba allí por casualidad con su abuela, recuerda haber visto cómo los nazis fusilaban a unos hombres? Pero, ella sólo tenía cinco años.

Sobre el monumento soviético ante el cual el presidente Víktor Yúshenko ha organizado la ceremonia, distingo dos placas, una en ruso, la otra en ucranio, que rinden homenaje a las “100.000 víctimas de la barbarie nazi”. Sin precisar la pertenencia de las víctimas. Una tercera placa, ésta en yiddish, fue añadida después de la perestroika sin modificar el texto. Entre la multitud, bajo un cielo radiante, los curiosos intentan poner nombre a las personalidades presentes. Destaca la ausencia de los dirigentes de Europa Occidental, de Polonia y de Lituania, ambas, sin embargo, cercanas. Se plantean interrogantes. De repente, la voz de una niña hace que me vuelva. Tiene la cabeza redonda y dos trenzas rubias. “¿Cómo murieron?”, pregunta. “De hambre”, responde su madre. Me entran ganas de intervenir, pero ¿para qué? Por lo que respecta al lugar exacto del crimen, a nadie le preocupa. El padre Patrick Desbois, al que conocí hace tiempo en la misión bíblica francesa de Jerusalén y que me acompaña, pretende haber encontrado el emplazamiento exacto del barranco. “En el valle, detrás del candelabro de siete brazos”, me dice. No hace mucho tiempo encontró huesos humanos entre las basuras que los habitantes de los barrios cercanos arrojan con regularidad.

Un personaje curioso, este padre Desbois. Como su abuelo fue deportado a Ucrania por los nazis, se ha impuesto la tarea de encontrar allí el más mínimo indicio de Babi Yar. Apoyado por los cardenales de Francia y acompañado por un joven intérprete, pasa el tiempo buscando fosas comunes en las que la SS, ayudadas por las milicias ucranias, arrojaban a los judíos ejecutados sumariamente. Hasta el momento ha contado 2.500. Antes de la guerra, el 11% de la población del país era judía. He sabido, por otra parte, que esos lugares, esos múltiples Babi Yar anónimos, han sido visitados últimamente por individuos que han desenterrado a los muertos en busca de dientes de oro. Sí, el efecto Babi Yar sigue haciendo estragos.

“Babi Yar fue una parte del Holocausto”, dice la octavilla, “pero ni siquiera se enseña en las escuelas de Ucrania. Nadie sabe nada del genocidio de los judíos”. En cambio, nos recuerda la octavilla, los ministros extranjeros se alejan, y en los manuales escolares se sigue glorificando a los personajes que a lo largo de los siglos han masacrado a los judíos. Y los autores de la octavilla citan como ejemplo a Bogdan Chmielnicki, que inauguró en el siglo XVII la cultura de los pogromos, o a Simón Petliura, que entre 1918 y 1921 liquidó en Ucrania a cerca de 200.000 judíos. Petliura fue ejecutado en París por un joven judío ucranio, Chlomo Schvartzbard, cuyos padres habían sido asesinados por sus esbirros.

Ya no hay judíos en Ucrania, y con razón. Pero el antisemitismo perdura. La Iglesia ortodoxa aún no ha condenado el Holocausto. Sin embargo, ha estado muy presente en la ceremonia del 65º aniversario de Babi Yar. Sus dignatarios, vestidos de negro y oro, brillaban al sol, y eran tan numerosos como los rabinos. Al verlos allí de pie, unos al lado de otros, por un instante creí que iban a rezar juntos. Según la tradición jasídica, sólo existe un día en el que nuestras plegarias penetran en el Cielo. Pero tienen que ser muy fervorosas para forzar las puertas del Señor. Ese día es el día de Kippur. Pues bien, precisamente ese día fueron asesinados los judíos de Kiev. Pero he aquí que 65 años después, ante Dios, los representantes de las religiones ortodoxa, católica y judía, siguen divididos, compitiendo. Después de una breve oración del Gran Rabino de Ucrania, los ortodoxos ocuparon su lugar. Sus oraciones, sus cantos, nos emocionaron, de lo hermosas que eran sus voces. Más de media hora sin nombrar jamás a los judíos ni a Babi Yar.

Claude Lanzmann, realizador de la película Shoah, indignado, abandona el lugar. Veo a los sacerdotes ortodoxos congratularse, mirando con aire de desprecio al grupo de rabinos enfundados en sus abrigos negros. De pronto, un escalofrío recorre la multitud. Se alza una voz. Sorprendente. Delante del micrófono, sobre el fondo del imponente monumento de granito, un hombrecillo frágil, el chantre neoyorquino Helfgot entona el Canto de los muertos. Percibo el asombro en las caras de los chantres ortodoxos. Asombro que se transforma en admiración. Uno de ellos incluso aplaude. Durante un cuarto de hora el chantre Helfgot, acompañado por el coro de la Sinagoga de Moscú, imprime a este lugar la presencia judía.

En esta competición musical han ganado los judíos. A un alto precio. ¿Se ha abierto por ello el Cielo?

Marek Halter es pintor y novelista francés de origen polaco.
Traducción de News Clips.
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