Los monstruos en el judaismo (O el dilema moral de la clonación)

Las clases de Sharona
Por Sharona Fredericko
Aprendió y editó: Marcelo Kisilevski   

El judaísmo parece haberse enfrentado con todos los problemas de la existencia humana, con todos sus dilemas. A un punto tal, que todos los interrogantes que plantea la ciencia moderna se vuelven una reconstrucción aggiornada de asuntos ya discutidos en nuestras fuentes. Como demostración, vaya esta imperdible clase de Sharona, donde la profe de historia nos explica la posición de Moisés y Maimónides sobre la ovejita Dolly.

-Sharona, aquellos que leen sobre la clonación y conocen de casualidad algo de la leyenda judía del Golem, podrían llegar a pensar, como en tantas otras cosas, que la clonación es un invento judío. ¿Cuál es la posición del judaísmo respecto del tema urticante de la clonación, de la creación de vida que no es exactamente natural?

-Claro, estás insinuando que la clonación es parte de la conjura judía internacional. Los enfermos mentales de siempre ya se encargarán de hacerlo. Pero lo cierto es que tenemos seres que nos recuerdan a clones desde el principio de la historia judía. La primera vez que se usa la palabra Golem, mucho antes que en Praga en el siglo XI, es en la Biblia, en el libro de Salmos, 139:16, como el estado del ser humano antes de estar totalmente formado. Un ser humano en estado de plasmación.

-¿Es el feto? ¿El embrión de persona durante los nueve meses de gestación?

-No, para nada, la idea es más abstracta. Hay una pluralidad de interpretaciones. Puede tratarse de un ser no exactamente desarrollado, una persona despierta físicamente pero no intelectualmente, o una persona en estado de plasmación física. Cualquier cosa que sea, la idea está en la Biblia misma. Es un ser que no es exactamente humano tal como nosotros lo conocemos, y eso es interesante. Ahora que todo el mundo está histérico con el tema de la clonación y de la ovejita Dolly, la gente se está preguntando si no hemos borroneado el límite entre Dios y el hombre. Es decir, la pregunta de si el hombre es capaz de crear otro ser. Y lo que despierta esto es nuestro miedo a la muerte, enfrentarnos con la pregunta: si creo otro ser, ¿ese ser tiene alma? ¿Ese alma es inmortal? Básicamente la pregunta vuelve a ser el enfrentamiento con el miedo del hombre a su propia muerte.

-¿No estamos también jugando a ser Dios? A mí, entre muchas otras imágenes culturales, me viene a la mente la de la Torre de Babel…

-Sí, eso de que nuestra ambición va demasiado lejos. Pero depende de tu concepto de Dios. Si lo ves como un titiritero que fija los límites, muy al estilo del Medioevo europeo, entonces habrá cosas que el ser humano no debe tocar. En cambio, si ves a Dios como nuestro amigo, como lo veía el “hereje” y mi héroe sefardí Spinoza, como una fuerza cósmica, que está en todo y lo empapa todo, entonces, el día que me digas: “Sharona, he fabricado un clon”, yo te diré que ese clon también viene de Dios porque tú vienes de Dios. Y el raciocinio que te permitió fabricar el clon también viene de Dios. Entonces todo viene de Dios, y hay un alma inmortal universal que se encuentra en todo. Entonces, ¿cuál es el problema con Dolly? Ella también tiene alma, como todo lo que tiene vida.

-De todos modos hay que marcar la diferencia entre el Golem y el eventual clon humano, en que el Golem no es humano. Contáme primero todo acerca de los monstruos en el judaísmo. Pues el judaísmo ha coqueteado mucho con ellos, ¿no?


-Sí, ya desde el libro de Génesis. Allí se habla de unos “gigantes” que poblaban la tierra. ¿Qué clase de gigantes eran? ¿Se refiere a seres humanos enormes? No está para nada claro. No te olvides que en el judaísmo tenemos una larguísima tradición con cuatro mujeres diablo. No solamente Lilit, yo sé que mis lectores ya conocen a Lilit mejor que la palma de su mano. Pero están, junto con Lilit, Naamá, Majalat y Agrat. Se trata de cuatro mujeres vampiras, demonias, que se han mezclado con los seres humanos y que han producido otra raza. En hebreo los seres humanos se llaman “benei Adam”, los hijos de Adán. Pero de acuerdo con la tradición folklórica judía tenemos también los “benei Lilit”, que son los hijos de Adán con una de las cuatro demonias. Parecen humanos, pero no lo son exactamente. Ahí ya entramos en el terreno de lo monstruoso: podría suceder, Marcelo, que yo misma soy hija de Lilit. Es más, conozco mucha gente que ha trabajado conmigo en la Sojnut que están totalmente convencidos de ello…

-Sharona, yo no lo creo, así que dejá de mirarme con mirada brujeril…

-Quién sabe, Marcelo, la verdad está ahí afuera… De modo que estamos en el terreno de lo monstruoso. ¿Qué pasa por ejemplo con estos gigantes que menciona la Torá? ¿Se refiere a dinosaurios? De hecho, aquí en el Medio Oriente tenemos uno de los cementerios de dinosaurios más ricos del mundo. Así que algunos intentaron sumar uno más uno, y decir que la Torá ya habla de dinosaurios. No sabemos, pero tenemos muchas insinuaciones de lo monstruoso en esta alusión.

Tenemos otra insinuación en la descripción del ángel. Que mis lectores se desprendan ahora mismo de sus lindas imágenes de seres con arpa y alitas que vuelan el séptimo cielo, porque el verdadero ángel es monstruoso. Podemos ver en bustos de arcilla de la antigua Asiria la imagen de nuestro ángel. De acuerdo con la descripción en el libro de Exodo, éste tiene seis alas. Dos para esconder la cara, que es tan espeluznante que ningún “ben Adam”, ningún hijo de Adán, podrá verle jamás el rostro; dos alas para esconder sus órganos genitales, que son tan monstruosos que es mejor prescindir aquí de bromas; y dos alas para volar. No sé cómo te sientes tú, pero a mí no me gustaría encontrarme uno de esos por el alto cielo.

En las descripciones de los ángeles y los serafines también vemos lo monstruoso. El serafín era como un ayudante del ángel. Los serafines tienen parecido con las culebras voladoras, y ellos cuidan el Arca Sagrada. ¿Dónde nos hemos metido? ¿En el terreno de los dragones?

Lo monstruoso sigue luego en la historia judía. Ya en la época del Talmud, en su Masejet Sanhedrín, capítulo 22, versículo 2, leemos que una mujer que ya no es virgen pero que todavía no ha concebido, es también definida como Golem.

¿Qué tenemos? Una serie de seres en gestación, no del todo humanos, que son Golem. Otra serie de seres alados asquerosos y angelicales, más esta citación tan críptica en el Génesis sobre los gigantes, para terminar por ahora con esta referencia al Golem en el Masejet Sanhedrín, más o menos en el tercer siglo de nuestra era. Pero esta vez es una referencia filosófica. ¿Cómo es que una mujer, por no haber concebido, es Golem? Es que la urgencia aquí es tener hijos. Si no los puedes tener, si eres estéril, estás maldita, y eres algo monstruoso.

-Algo menos que humano…

-Sí, esa es la insinuación. Ahora bien: en el siglo XI, empezó a circular en el sudoeste de Francia y en Cataluña, territorio ocupado por España, un libro de siete páginas que se llamó Sefer Haietzirá, el Libro de la Creación, que de hecho es una receta para construir un monstruo. Sefer Haietzirá es uno de los textos cabalísticos más discutidos. No es un tomo, que nadie piense que estamos en el terreno de algo parecido al Zohar. Son apenas siete páginas, atribuidas todas al patriarca Abraham Avinu. Eso obviamente es una falsificación, porque fue escrito en arameo fuertemente influenciado por el castellano de la época. Y sabemos que Abraham no hablaba el arameo, que no existía en su época, y mucho menos “españolizado”. El libro trata del intento de muchos justos y sabios de construir un becerro. Ya mis lectores estarán saltando hacia la asociación con el becerro de oro. No, nada que ver.

-A mí la asociación que me despierta es más bien la de Dolly…

-No, pobre Dolly, a ella también vamos a llegar, pero algunos cabalistas lunatizados dirán entonces que ya la Cábala preanunció a Dolly. Despierten. El primer clon no fue Dolly; fue una rata. Dolly fue sencillamente el clon más famoso.

Pues bien, estos sabios intentan construir un becerro y, para mis lectores argentinos que tienen un vasto gusto por la carne, se lo comen. Mejor dicho, lo quieren comer, y a la hora de probar el primer bocado, se desvanece. Esto es importante porque a la hora de crear un nuevo ser estamos probando también los límites de la realidad. Y leemos al final de este pequeño panfletito de siete páginas, que el profeta Jeremías -el más destacado en la Biblia después de Moisés- sí intentó dar un paso más allá, y creó un ser humano a la precoz edad de 12 años, pero primero pidió autorización directamente de Dios para poder crear este ser. Y Dios se lo concedió. O sea que todo viene de Dios.

El hecho es que a último momento Jeremías se espantó de su propia creación y le pidió a Dios que le quitara el hálito de vida, que en hebreo es “neshamá”. En español no es ni alma ni ánima, sino el aliento de la vida. Es decir que vemos una larga tradición de monstruos en el judaísmo.

En España, en el alto Medioevo, hay un temor super infundado de los monstruos. Había un poeta muy romántico que murió muy joven, pobrecito, de tuberculosis. Vivió en Málaga en los principios del siglo XI, y se llamaba Salomón Ibn Gavirol. Más allá de su fama de poeta, tenía fama de místico. En realidad era científico. El construyó en su casa un modelo enorme de ser humano, para colmo mujer.

-Le gustaban las mujeres, nomás…

-Sí, sobre todo las mecánicas, corazón… De hecho lo que construyó Ibn Gavirol fue una muñeca gigantesca que se movía según las instrucciones griegas de la vieja mecánica. No era magia, pero por supuesto las malas lenguas hablaban y hablaban, y acusaban a Ibn Gavirol de haber fabricado una esclava sexual. Por supuesto, cuando les mostró la muñeca, que estaba construida de numerosas piececitas de madera, muy sofisticadamente ensambladas, se pudo ver hasta qué punto estaba infundado el temor de la gente. ¿Tú qué crees? ¿Está permitido en el judaísmo creer en lo monstruoso?

-Hasta donde sé está prohibida la brujería y los hechizos, manipular fuerzas ocultas. Lo monstruoso se me ocurre que debe estar prohibido también…

-Ah, pero dices “debe estar prohibido”, o sea que no estás seguro de si eso cae en el terreno de la brujería.

-No.

-Muy bien, no lo estés. Porque de acuerdo con el misticismo judío eso era otra cosa. Supuestamente un tzadik, un justo, un sabio, gozaba del derecho, en tanto y en cuanto se lo permitiera Dios, de fabricar un ser viviente con buenos propósitos. Ahora, Marcelo, llegamos al terreno de la clonación. Quizás mis lectores conozcan un libro escrito por una autora mexicana de nombre Laura Esquivel, “La ley del amor”. Tiene lugar en América Latina, dentro de unos 25 años, en que la clonación es cosa de todos los días, donde se guardan cadáveres para que la gente decida qué fisonomía quiere asumir si es que puede encontrar un cuerpo mejor. Digamos, estoy bien harta de mi cuerpo, así que quiero el cuerpo de Sharon Stone. Ahí empieza el tráfico de cadáveres. Primero pago a alguien para matar a Sharon Stone, alguien la mata y yo puedo tomar su cuerpo, a condición que yo deje el mío en el lugar para que otros lo puedan usar para fines de clonación. Es una pesadilla, es usar el tema de la clonación para malos propósitos. Pero lo chistoso es que en el folklore judío, ya desde épocas muy remotas, se habla de la posibilidad de fabricar un ser viviente para buenos propósitos. Y eso no se considera herejía. Sefer Haietzirá, que sabemos que fue escrito en Cataluña o en el sur de Francia en el siglo XI, dicen a los sabios que creen el segundo becerro, y Jeremías es loado, no ha cometido un pecado ni se insinúa tal cosa. Se dice solamente que Dios debe dar su autorización. Eso nos pone en un dilema muy grande, porque entonces significa que si tengo el aval de Dios, sí puedo crear un ser humano. ¿Qué problema habrá entonces con la clonación?

-Con la clonación a mí se me ocurren dilemas morales. Me vienen a la memoria dos producciones culturales de cuando en los años ’80 empezó a hablarse del tema. Una es el libro “Los niños del Brasil”, de Ira Levin. Se trata de Joseph Mengele y su intento de crear un ser genéticamente igual a Hitler. De un pelo del líder nazi procrean a cientos de niños y tratan de criarlos repitiendo lo más posible los acontecimientos de su vida. Su padre murió cuando él tenía 13 años, así que ahí andaba Mengele, mandando a asesinar a unos 94 padres -postizos, claro- de estos clones, y ahí se ubica la trama del libro. La otra es “Un mundo feliz” de Aldous Huxley. Para evitar la suciedad del sexo (el SIDA no se conocía aún cuando se escribió), toda la gente nace de probetas, clonados. El concepto de paternidad deja de existir…

-Sí, y tenemos una raza divorciada de sus raíces. Toma cualquiera de estas ideas, la de los niños endemoniados del Brasil, o estos payasos que viven en el paraíso de Huxley. ¿Existe esta posibilidad, desde lo ético, en el judaísmo? Yo te digo que sí. Y te voy a dar un ejemplo que muchos en la ultraortodoxia prefieren olvidar. En la Torá, según cuenta el libro del Levítico, cuando vagábamos por el desierto, y nos atacó una enfermedad no nombrada, Moisés, para curar la enfermedad, fabricó una inmensa culebra de nombre Nejushtán. El nombre es muy interesante, porque nejoshet, que significa cobre en hebreo, viene de la misma raíz de najash, serpiente, implica alguna unión entre los conceptos de serpiente y el material del cual Moisés fabricó este ídolo vivo. ¿Y qué hace Moisés con Nejushtán? Lo coloca frente a las tribus enfermas, reza a Dios -de nuevo la conexión entre el hombre y Dios, no se puede hacer nada a sus espaldas- para que, a través de Nejushtán, este monstruo benévolo, se cure la enfermedad. Y la enfermedad se cura.

-¿Y después qué pasa con Nejushtanito?

-Nejushtanito no se va. Lo llevamos con nosotros. Tú nunca escuchaste acerca de Nejushtanito, porque su historia no se enseña en las clases de Torá y judaísmo con la morá Rujl. Es que seguramente tienen miedo que los chicos después se vayan a fabricar sus propios Nejushtanitos. Una linda actividad para los sábados en la tnuá: “Chicos, así como el sábado pasado fabricamos bolitas de chocolate para alegrar a mamá, hoy fabricaremos un bicho precioso: Nejushtanito”…

Lo cierto es que al Nejushtán de Moisés lo volvemos a encontrar en el Primer Templo, sonriendo a la gente…

-¿Qué era? ¿La mascota del Primer Templo?

-Mascota tu madre: él se encontraba en el recinto más sagrado del Templo, y velaba por nosotros. Es decir, que dentro del Recinto Sagrado se encontraban Dios, las Tablas de la Ley, el Sumo Sacerdote y… Nejushtanito. Leemos que después de la época del Primer Templo, profetas como Isaías y Ezequiel se quejaban justamente del uso que se hizo de Nejushtán, porque en la época del rey Jezequías la gente empezó a ofrecerle sacrificios. Y por ende sostenían que había que destruir a Nejushtán, despedazar el monstruo, el ídolo, el ser, como lo quieras llamar.

¿Cómo es que no se habla de Nejushtán? Después de todo, yo no lo inventé, está ahí en nuestras fuentes. Parece que todo lo monstruoso, de lo que nosotros podemos fabricar para nuestros fines, tiene justificación. Los fines son buenos en el caso de Moisés: Nejushtán curó al pueblo. Lo mismo en el caso del Golem, supuestamente fabricado por el rabino Iehuda Lau a fines del siglo XVI, que era un ser fabricado de barro y arcilla y que supuestamente cuidaba al pueblo de los pogroms; de él ya hemos hablado en otra clase. En el judaísmo intentamos de algún modo modificar los aspectos de lo monstruoso, en tanto lo podamos controlar.

Es interesante que Jezequías llame a destruir a Nejushtán, pues si no lo hacemos, quizás él acabe adquiriendo poder, como que hemos entrado en terreno peligroso. O sea, en el judaísmo, la idea de tener dominio de nuestra creación, es que canalicemos a ésta hacia buenos fines. ¿Pero qué hizo Moisés cuando fabricó a Nejushtanito? ¡Clonó una serpiente! Usamos otro lenguaje, pero básicamente Moisés fabricó una serpiente de modo artificial. ¿Qué diferencia hay entre Nejushtanito y Dolly?

-Frente a todo lo que conocemos que el hombre puede hacer, se nos presentan contundentes todas las pruebas que nos ha dado de su falta total de sentido ético. Por un lado la modernidad, y por otro el Holocausto, esa forma de industrializar y racionalizar la muerte, que es eminentemente moderna. Por un lado la energía nuclear, el ejemplo clásico, con todos los avances que conlleva, y por otro la bomba. La clonación plantea un desafío similar. Por un lado los usos médicos, hasta quizás la mejora de la especie humana, si se quiere, en un sentido positivo. Pero por otro lado esto podría conducir a un nuevo tipo de darwinismo social.


-Y entonces Nejushtanito nos está mirando desde el confín de los siglos…

-Sí, nos está mirando y diciéndonos: “¡Cuidado!”. Nos mira y nos pregunta: “¿Todo lo que puede hacer el hombre, lo debe hacer, sólo porque puede?” ¿No hay un punto, Sharona, en que el hombre va a tener que decirse a sí mismo: “hasta acá”?


-Ese es el punto, Marcelo, nos has llevado al punto principal: mientras Moisés dirija a Nejushtán, todo está bien. En el desierto Nejushtán era benévolo, pero cuando se vuelve objeto de idolatría, se vuelve fuerza maléfica y surge la necesidad de destruirlo. Del mismo modo, mientras se utilice la teoría de la clonación con fines benéficos, no hay por qué oponerse a ello. En el hecho de clonar un hígado para trasplante, o la técnica que fue aprobada en Inglaterra, no veo ningún problema.

-Sí. Actualicemos la información: el parlamento de Gran Bretaña acaba de aprobar una ley por la cual se permite la fabricación de embriones humanos por métodos artificiales de hasta 14 días -o sea, por ahora el hombre se sigue poniendo límites- para usar esas células embrionarias como material genético fresco a ser utilizado con fines curativos. Después de ese término se debe poner fin a la vida de esos embriones.

-O sea, Nejushtán II…

-Está bien, pero entonces ¿qué hay que hacer? ¿Dejar vivir a los embriones? Del otro lado, ¿es asesinato terminar con esos embriones a los 14 días?


-¿Fue asesinato matar a Nejushtán? Mira, puedes matarte de la risa si quieres, pero en el siglo XVII y XVIII hubo en el judaísmo una polémica halájica acerca de la posibilidad o no de incluir al Golem en el “minián”, el quórum de rezo, el mínimo de diez varones en la sinagoga para efectuar un servicio religioso completo. Ello señala que la gente creía sinceramente que existían seres hechos de barro y arcilla que tenían el aliento de la vida concedido por Dios, es decir, fabricados por seres humanos pero poseedores de conciencia y autonomía. Este ser podía incluso rezar, y como tal, se discutía si invitarlo a la sinagoga, dejarlo subir a la Torá y hasta leer de ella. Es decir, que la existencia de estos seres semi-humanos era dado por hecho. Para que mis lectores entiendan la magnitud de esta concepción: para esa época, nadie se había atrevido a elevar a discusión la posibilidad siquiera de integrar a ese minián a una mujer. Es decir, el Golem era más humano que una mujer.

-Una última producción cultural que viene al caso es la película Blade Runner, de Ridley Scott, 1981, que protagonizara Harrison Ford. Trata de la creación de robots para trabajos, pero que se les da fisonomía humana, sangre y demás, así como la capacidad de aprender por sí mismos y hasta de sentir. Los androides terminan rebelándose -es decir la pesadilla del Golem, de Frankenstein, y ahora también de Nejushtán-, la rebelión es aplastada y Harrison Ford está encargado de liquidar a los últimos sobrevivientes. Pero se acaba enamorando de la más avanzada de las androides, a la que se ha implantado memoria: recuerdos de infancia, seres queridos, y la creencia de que es efectivamente humana. Este robot semi-humano, ¿es “humano”? Y por lo tanto, matar a uno de ellos, acabando con su conciencia y sus deseos, ¿no es homicidio? Harrison Ford -su personaje- se desgarra en el dilema, pero el final no se los cuento.


-Bueno, justamente en muchas leyendas del Golem se habla del rabino Iehuda Lau que decide matar, adormecer, hacer “desaparecer” para usar un triste eufemismo argentino y chileno -en días en que volvieron a decidir no someter a juicio a Pinochet-, precisamente en el momento en que al Golem se le ocurre enamorarse de una joven de la comunidad, lo que nos lleva al punto que marcaste en Blade Runner…

-O sea, ¿hasta qué punto les vamos a permitir ser “uno de nosotros”?

-¿Y quiénes somos nosotros para decidir quiénes van a ser “uno de nosotros”? Por eso entramos en el terreno de lo nítidamente moral. Aquí me voy a remitir a Rambam, Maimónides, porque era científico y también rabino. Reniego tanto del fanatismo religioso oscurantista que niega la ciencia, como el fanatismo laico que ve en toda la religión y en todo lo espiritual un fósil obsoleto. En hebreo ciencia, “madá”, viene de la misma raíz de la palabra “ieda”, conocimiento, y de la de “ladaat”, que es saber y también amar. Cuando en la Torá hablan de la primera relación sexual entre una pareja se utiliza la palabra “ladaat”, porque el amor y el conocimiento íntimo van juntos. Como dijo el Rambam, a través de la ciencia uno va entendiendo la Creación y se acerca más a Dios, lo alaba más.

Entonces, volviendo a la clonación, en tanto se use para fines benéficos, como puede ser los transplantes o la curación de órganos dañados, incluso quizás, algún día, poder darle una nueva pierna a alquien que la perdió en un accidente y cosas por el estilo, que nos parecen hoy bien descabelladas, vamos por buen camino. No hay que terminar con los experimentos, pero sí hay que asegurar que Moisés dirija por siempre a Nejushtán.

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4 respuestas a Los monstruos en el judaismo (O el dilema moral de la clonación)

  1. nelson heredia dice:

    imaginense a los isrraelies sionistas multiplicandose de esta forma serán las maquinas asesinas más selectas que podran existir en menoscabo de nuestros hermanos palestinos, pero no podran destruir la resistencia palestina del mundo entero

  2. guaro alejandro dice:

    calmmate mendijo palestino chafa, ya te vas a esconder abajo de la cama para que los golem no te hagan daño, niñita chillona

  3. irina juana dice:

    hola soy una tontita jajaj

  4. irina juana dice:

    los judios sonnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn bonitos

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