El pacífico pueblo del libro y el arte de la guerra

Las clases de Sharona
Por: Sharonah Fredericko
Marcelo Kisilevski

En esta clase, nuestra profe de historia favorita se dedica a desmenuzar otro mito de la conciencia colectiva judía: el de nuestro pacifismo inherente. No sólo cuando tuvimos nuestro estado supimos luchar, dice, sino que también durante el exilio de dos mil años, cada vez que se nos dio la oportunidad o se nos impuso la necesidad.

-Sharona, la primera pregunta de hoy tiene que ver con la imagen que el pueblo judío tiene de sí mismo, y con la presunción, quizás el mito, de que por ser el “Pueblo del Libro”, somos pacíficos por naturaleza. Pero cuando vemos en el relato bíblico el desarrollo que tuvo el “arte de la guerra”, entramos en un dilema. ¿Nos podrás ayudar a resolverlo?

-Primero quiero destacar dos hechos. Uno, que dada su existencia de poquito menos de dos mil años en la diáspora, generalmente -no siempre, pero sí en general- el judío careció de acceso a los medios de guerra por razones sociopolíticas. El segundo hecho que quiero destacar es que cuando sucedió en la diáspora que el judío sí pudo acceder a los círculos bélicos, no sólo lo hizo, sino que fue guerrero sobresaliente. Aclaro antes de dar ejemplos: esto no es un llamamiento a la guerra, todos mis lectores saben que amo la paz. Sólo vengo a rebatir una idea errónea, según la cual el judío por naturaleza no tenía tendencia a la guerra. Tristemente la tenía como cualquier pueblo.

Vamos a ver, entonces, tres ejemplos en la diáspora y luego volveremos a la Biblia donde vemos la tendencia guerrera a flor de piel.

El primer ejemplo en el que pienso data del octavo siglo. Estoy hablando de un rey de nombre Ovadia, de la tierra de los Kúzares, en las orillas del Mar Negro. El era miembro de una nación turco-mongola que se convirtió en masa al judaísmo en el octavo siglo. Ovadia mantuvo estrechos vínculos con los judíos de la diáspora, en especial con los del Imperio Bizantino, y luego de su muerte, su nación mantuvo relaciones con los judíos de España y de Italia. Los kúzares tuvieron un ejército propio que debió combatir y combatió contadas veces contra los mongoles. La última vez perdieron y fueron aniquilados, pero mientras tanto su existencia estuvo basada en lo militar, y era un ejército judío.

Lo interesante es que esta tribu venía ya de una tradición guerrera, en las planicies del centro de Asia, con una tradición muy fuerte de los jinetes de guerra…

-Muchos dirán: los kúzares no son ejemplo, porque no son judíos originales, sino una tribu “medio salvaje” que se convirtió, pero no “de los nuestros”.

-Y yo les respondo que sí son ejemplo, porque los kúzares se basaron casi exclusivamente en la Biblia como fuente religiosa. Y por ende ellos sí encontraron justificación para mantener su modo guerrero de vida basados en el Antiguo Testamento. Si me van a seguir discutiendo que un judío converso no es tan válido como los demás, tendremos que volver a recordar que Abraham Avinu también se convirtió, pues el nació pagano.

Pero vamos al segundo ejemplo, más conocido. El de España, entre el octavo y el duodécimo siglo, el famoso poeta y guerrero Shmuel Hanaguid, Samuel el Príncipe, judío español de Andalucía, que luchó con los musulmanes contra los cristianos. El era un general, no un mero soldado, así que no es que el judío era reclutado por la fuerza o algo así. Shmuel Hanaguid era un general, y un general temido. También fue un poeta muy famoso, que dedicó más de la mitad de su obra a epopeyas militares. La poesía de Shmuel Hanaguid se destaca entre la poesía militar más importante de Europa, y él, siendo un líder religioso judío, no veía la menor contradicción entre ser guerrero y ser judío. Al contrario, para él su judaísmo allanaba el camino hacia el ser guerrero.

Otro ejemplo, muy conocido para los etíopes, es el de la famosa reina Judith de Etiopía, que vivió supuestamente -porque no tenemos fechas exactas, aunque seguro existió- alrededor del siglo XV. Una mujer judía en una época, los siglos XV y XVI, en la que los judíos habían alcanzado la cumbre del poder político en Etiopía, incluyendo en muchos casos el control de las fuerzas militares. Y no te tengo que explicar, porque eres argentino, que controlar las fuerzas militares equivale a controlar el país.

Judith había asido el control en casi la mitad de Abisinia, la antigua Etiopía. Era reina guerrera y, de acuerdo con la leyenda, se cortó un seno, como en el mito de las amazonas. Según las crónicas históricas etíopes, Judith perdió a su amante Iosef, otro príncipe judío, cuando fue muerto por los cristianos. Entonces ella emprendió una guerra de venganza contra los cristianos, quemando en el camino muchas iglesias antiguas de Etiopía. Ahora bien, en ese país eso es un acontecimiento histórico. Unicamente los europeos lo ponen en tela de juicio, pero para los europeos, cualquier persona que no es blanca es puesta en tela de juicio. El hecho es que la reina Judith, como personaje judío, es justamente una figura histórica muy controvertida en Etiopía, porque hasta hoy en día la iglesia etíope, la Iglesia Copta, denuesta frecuentemente a los judíos por los pecados de la reina Judith. Así que ahí tenemos el ejemplo no sólo de un guerrero judío sino de una guerrera judía.

Como respuesta a la campaña militar de la reina Judith, el reino cristiano copto de Etiopía respondió con una campaña de venganza muy virulenta contra los judíos y los redujo a un nivel social y político de humillación, en el que se encuentran hasta hoy en día. Lo que importa aquí, es que todo esto fue resultado de una campaña militar de una reina negra judía: Judith.

De modo que vemos que incluso en la diáspora, cuando tuvimos la posibilidad de acceder a las fuerzas armadas y, como en el caso de Judith incluso controlarlas, lo hicimos.

-Entonces, ¿de dónde surge el pacífico mito de “el Pueblo del Libro”?

-Yo voy a proponer dos posibilidades. Una está originada en nuestra debilidad política desde el exilio romano en el año 70 ec., cuando el judío quedó virtualmente inerme. No por elección, eso es algo que la gente a veces se olvida. El pueblo judío luchó con armas, y muy violentamente, contra los romanos, hasta el último momento que les fue posible. No se trató jamás de un pueblo al estilo Gandhi. El pueblo judío nunca -algunos me van a decir a excepción del Holocausto- practicó la resistencia no violenta. Nunca. Contra los romanos el judío se sublevó con la fuerza de las armas.

-Ese paréntesis que abriste sobre el Holocausto como al pasar, no puede quedar ahí…

-Entraremos en eso también, pero más tarde. Pero aquí quiero insistir en que el judío dejó de actuar en el escenario militar no por voluntad propia, sino por la fuerza de las circunstancias.

Otra posibilidad que voy a sugerir viene de la otra tendencia dentro del judaísmo. El judaísmo bíblico se ve a sí mismo dividido en dos ramas. Una es la rama del rey David y otra es la de su hijo el rey Salomón. No se olviden que el rey David, que es supuestamente el más significativo de los reyes de Israel, fue duramente castigado por Dios por haber derramado sangre. Y cuando David declara su intención de construir un Templo por el honor de Dios, el profeta Natán se lo prohibe tajantemente, y uno de los muchos motivos es que David ha derramado sangre. Natán estipula que únicamente manos no contaminadas con sangre humana pueden construir el Templo. Así que, definitivamente, encontramos dentro del judaísmo una corriente antimilitar también. Entonces, ¿quién va a construir el Templo? No es casual que sea el hijo de David, Salomón, que nunca ha derramado sangre humano. Y es Salomón, no David, el considerado como el rey más sabio. Allí tenemos, a mi entender, un juicio de valor muy progresista, el hecho de que dentro del judaísmo en un momento tan temprano vemos el surgimiento de una corriente que pone la paz por encima de la guerra. Pero es una corriente, hay que destacar que siempre existieron ambas corrientes. La otra también existió, y era muy militarista. En este sentido, el pueblo judío era y es tan normal como cualquier otro.

¿Y por qué la época del rey Salomón está tan idealizada dentro de la historia judía? Porque ha sido la única en la que el pueblo conoció la paz total. ¿Y sabes qué? Hasta hoy en día sigue siendo la única. Y la Biblia, que es un libro muy valorativo, daba el valor supremo al hecho de la paz.

-Lo que a mí todo esto me sugiere es que en una época de pueblos guerreros, donde la guerra era casi la medida de todas las cosas y de todas las vidas, el pueblo judío no podía quedarse atrás. Y esto incluyó hasta órdenes divinas, como en el Exodo, o de matanza total, como fue el caso de Amalek…

-Vamos por partes. Tú señalas aquí un hecho importante: estamos en época de pueblos guerreros, y Dios incluso en la Biblia aparece como dios guerrero, en su forma más primitiva de Yahwe. Tú sabes que en la Biblia, cada vez que aparece Dios bajo otro nombre, también está representando corrientes distintas de pensamiento.

Tú dices que el pueblo judío no podía ser pacífico en tiempos de pueblos guerreros. Sin embargo, en una época salvaje, la singularidad del pueblo judío era que precisamente a pesar del militarismo de la época surgieran visionarios como los profetas Isaías, Mija, Daniel, que previeron una época de paz universal. Y eso es, creo yo, un logro inmenso.

Pero lo que dices es cierto: los judíos no podían ser endebles ante un océano de pueblos guerreros, y mencionas la salida de Egipto. Vamos a tomar un episodio muy feo del Exodo y vamos a verlo analíticamente. Marcelo, ¿qué era la décima plaga?

-La muerte de los primogénitos…

-¡Bravo, alumno! La explicación tradicional es que vino el Angel de la Muerte y mató a todos los primogénitos menos a Ramsés II, el Faraón, que fue salvado para que sea testigo de la grandeza de Dios.

-Pero sí mató a su hijo, según Los Diez Mandamientos, la película con Charlton Heston…

-Ahora tienes un “aplazado”, hijo mío, porque nosotros sacamos nuestro judaísmo de los textos y no de las películas de Hollywood, hazme el favor. Son los midrashim, las interpretaciones escritas entre los siglos I y VIII ec., los que dicen que Ramsés II fue salvado para atestiguar la gloria de Dios.

Intentemos sacar este episodio de su contexto teológico y veámoslo, como decía Spinoza, mi querido hereje sefardí, en el sentido político. En ese sentido, no fue más que una venganza porque años antes había sufrido la muerte de cada niño que naciera en cierto año, el mismo año en que el pobre Moisés fue tirado al río Nilo en su canasta. Esto fue, pues, una venganza política. No soy la única que propone esta línea de pensamiento. Una rebelión de esclavos, como ha ocurrido en la historia, suele tener instancias por el estilo. Lo vimos con la rebelión de los esclavos negros en EE.UU., o la de los esclavos, también negros, en Brasil del siglo XVII liderados por Zunbí.

Digamos entonces que la muerte de los primogénitos egipcios fue una operación militar muy bien coordinada no solamente por los esclavos hebreos, sino también por los otros pueblos que salieron con el pueblo judío. No te olvides que en el texto bíblico leemos que una “multitud mixta” salió con los hebreos. Había bastante gente que había sido maltratada y que no habrán titubeado en ejecutar una venganza contra los egipcios de la misma magnitud del sufrimiento que éstos les infringieron.

-¿Qué nos puedes contar de Amalek?

-Muy bien. Amalek aparece siempre en la Biblia como antítesis del pueblo judío. Todas las órdenes divinas relacionadas con Amalek son sangrientas en su máximo extremo, obligando a los judíos a matar hasta al último hombre, mujer, niño e incluso animal, y sabemos que Dios castiga al rey Saúl por no haber completado la masacre de Amalek. O sea que, desde el punto de vista moderno, deberíamos establecer el club de fans del rey Saúl, porque nos cuesta mucho, hoy en día, tragar la perspectiva sobre Amalek, y es interesante cómo hoy, tanto los judíos de la derecha como de la izquierda, no logran salir de ese dilema.

Y como me gusta basurear tanto a unos como a otros, te voy a dar un ejemplo. Los lunáticos de la derecha dicen: “¿Quién es Amalek? Los árabes, así que matémoslos”. Y sabemos claramente que no es así, porque está escrito en el libro de Bereshit (Génesis), que Amalek desciende de Efraim, uno de los hijos del patriarca Jacobo, mientras que los árabes provienen de Ismael, el primer hijo de Abraham. Dos exégetas eminentes de la Torá, Rambam (Maimónides) y Rashi, estipularon que los árabes son de la tribu de Ismael. Así que los lunáticos que dicen que hay que matar a los árabes porque son Amalek, falsean deliberadamente los hechos, para sus intereses racistas y nacionalistas.

Y ahora, en cuanto a los lunáticos de la izquierda. Ellos en general van a intentar evitar por completo el tema de Amalek. Ellos preferirían presentar al judaísmo como una religión netamente humanista…

-La de los profetas, y no la que llama a matar a otro pueblo…

-Sí. Pero Amalek es mencionado precisamente también por los profetas. Y entonces, cuando gente de la izquierda -y lo he escuchado y me ha provocado asco- dice que el judaísmo carece de valores militaristas, sencillamente no sabe nada de judaísmo. Los hay, y en gran forma. Por supuesto que hay una rama sumamente antihumanista, que es la que enfatiza la lucha hasta la muerte contra Amalek.

-Pero, ¿no habrá trampa? Definitivamente no encaja este odio mortal contra Amalek en la tradición judía como un todo. ¿Qué es lo que representa Amalek?

-Veamos entonces quiénes eran los de Amalek. De acuerdo con la Biblia, Amalek salió de la semilla de Efraim. Esto es interesante: ya desde el vamos, Amalek tiene una raíz judía. Y el Rambam, nuestro gran sabio halájico, dijo que esto es sumamente significativo, porque él lo veía todo simbólicamente: el pueblo judío tenía la maldad dentro de su alma y ésta era la que debía ser erradicada. Está muy bien, pero el Rambam vivió en el Siglo de Oro español, que no tenía nada que ver con el contexto salvaje de la época bíblica.

Históricamente, Amalek era otro pueblo canaanita, por ende étnicamente ligado con los judíos, y creo que la advertencia bíblica de que provenían de Efraim es bastante atinada. Después de todo, creo que la Biblia es una crónica bastante exacta de las relaciones históricas entre los pueblos semitas, y las muchas crónicas de guerra contenidas en ella son un intento de registrar para la posteridad las luchas armadas entre los pueblos de la región.

Entonces, Amalek son semitas, son también nuestros primos. Como los árabes, que son nuestros primos de buena onda. Nuestros primos de mala onda fueron los amalekitas. Ahora puede que logremos reconciliarnos con nuestros primos de buena onda. Los de mala onda ya no son pregunta…

-… porque los matamos a todos.

-Oh, Marcelo, ¿cómo te atreviste a decir… lo que probablemente es cierto? Ese no es el judaísmo de Iosi Sarid, líder del frente pacifista Meretz, sino más bien como el judaísmo de Baruj Goldstein el asesino de la Cueva de los Patriarcas en Hebrón. ¿Qué ocurre? Que en el judaísmo conviven ambas tendencias, una rama fanática y otra tolerante. Pero creo que tanto Sarid como los admiradores de Goldstein son igualmente deshonestos en elegir solamente una parte y presentarla como la totalidad.

Entonces, Amalek habitaba la misma tierra que los hebreos. Allí las guerras ocurrían por razones territoriales. Un sinfín de pueblos diminutos peleando por una parcela igualmente pequeña de tierra, muchas veces infecunda, y todos los pueblos luchaban por su mera existencia física.

-Pero también estaban luchando por una tierra que era un paso estratégico al comercio internacional de la época.

-Exacto. No por nada Jerusalem fue derribada y reconstruida no menos que diecisiete veces en su historia, aunque se habla de Jerusalem como ciudad de paz, y toda la palabrería: Jerusalem controlaba el comercio entre tres continentes, así que no era tanto luchar por una supuesta santidad, sino por motivos bien mundanos. Pensemos, si no, en el caso opuesto, cuando una guerra fue evitada en la Biblia. Abraham le propone a su tío, Lot, separarse, dividir el territorio…

-Probablemente el primer acuerdo de separación de fuerzas de la historia…

-Seguro. Y la Biblia no intenta vendernos ninguna historia de santidad, está claro que los motivos que habrían conducido a esa guerra eran materiales, y la sabiduría está en haberla evitado. El motivo era que no había suficiente grama para alimentar a los rebaños de ambos. Entonces, en lugar de guerrear, se separan, y mantienen la paz.

Así, con cada pueblo que se presenta en el camino, el judío se muestra dispuesto a hacer un acuerdo. Con los filisteos hay acuerdos. David va a luchar contra y con los filisteos. Sabemos todos que nuestro querido Sansón tuvo su buen affaire con los filisteos. Con ellos, como hoy con los palestinos (pues ellos reclaman que son descendientes de los filisteos, así como nosotros reclamamos ser descendientes de los antiguos israelitas, pero vamos a ver que hay un poco de verdad y bastante de embuste en ambas reclamaciones), puede haber acuerdos. Con Amalek no, con ellos es “guerra hasta la muerte”, ellos no conceden misericordia, nosotros tampoco. Y cada vez que aparecen en la Biblia, por ejemplo cuando lees en los capítulos sobre Josué en Jueces, verás que no existe misericordia alguna: Josué los mata como moscas a cada paso. Los aniquila, tal como Amalek aniquila a Israel: nos aniquilamos.

En ese contexto se invoca a Yahwe, la formulación más primitiva de Dios. Como lo decía Spinoza, el primer intento del hombre de formular el concepto de Dios, entonces es este Dios de la guerra, Dios vengativo del desierto, no como el más sofisticado Jehová o Adonai, el Dios más filosófico y elevado de Isaías.

Ahora bien, las guerras siguen, y siguen hasta la época de Shlomó, el rey Salomón. El es el único rey que consigue una tregua a las guerras. Su nombre también significativo: viene de Shalom, paz.

-¿Cómo consigue poner Shlomó fin -por lo menos temporario- a las guerras de la zona?

-Oh, Karl Marx estaría muy contento con Shlomo. Lo logró a través de acuerdos económicos…

-Sí, también es el héroe de Shimón Peres, el autor de “El Nuevo Medio Oriente”…

-Yo creo que Salomón fue mucho más exitoso que Peres. El rey Salomón pudo percibir lo que hasta el siglo XX mucha gente aún no ha percibido: cuando hay estabilidad económica, los motivos de guerra se minimizan.

-Cuando hay algo que perder, tanto de un lado como del otro.

-Pues bien, Salomón dio al pueblo, precisamente, algo que perder. Mira lo que les dio, les dio el Templo. Luego hizo muchos acuerdos con los príncipes de Arabia Saudita, también con los del Líbano y con Egipto. Entonces, todos los antiguos reinos entraron en una convivencia económica con el antiguo Israel. Desapareció la guerra. Y cuando Salomón muere, y sube al trono un hijo mimado que es un tonto, que no sabe mantener la misma estabilidad que Salomón, el reino se divide en dos y empieza incluso una etapa de guerra civil entre los judíos, que condujo rápidamente a un deterioro económico, que derivó más tarde en las invasiones al reino de Israel y luego al de Judea.

Y fíjate, Marcelo lo que pasa entonces. Cuando perdemos la estabilidad económica, ya no tenemos lo que perder, entonces vamos a la guerra. Estoy hablando incluso en términos marxistas, pero la Biblia me da la razón. ¡Caramba, estoy usando la Biblia para justificar el marxismo!

-Sí, que no te escuche don McCarthy. Sharona, hasta aquí hemos visto al pueblo judío, en su etapa bíblica, como un pueblo que no le hace asco a la guerra. Frente a esto existe el mito colectivo de Occidente, según el cual, en el Holocausto, el pueblo judío no sólo fue pacífico sino pasivo y hasta cobarde. El mito de “como ovejas al matadero” dominó la historiografía sionista hasta hace muy poco.

-Me llevas con tu pregunta a mi tema favorito, que es basurear a la historiografía sionista, pero antes tengo que recalcar que es el sionismo el que me da la seguridad para decir lo que estoy diciendo ahora.

El hecho es que el sionismo necesitaba una justificación histórica. A mi juicio ya la tenía. Pero el sionismo no veía que su justificación histórica radicaba en la existencia judía en el Medio Oriente, hecho incontrovertible, pero el sionismo era ya legítimo sin asirse al mito al que se asió, que tiene que ver con la guerra. En lugar de solamente basarse en sus fuentes bíblicas para sostener legítimamente que Israel era su hogar ancestral, al sionismo esto no le fue suficiente y agregó, por ejemplo que: hasta el sionismo el judío careció de orgullo propio; hasta la construcción del Estado de Israel el judío no sabía luchar; el mito del judío diaspórico, débil, que va como oveja al matadero, y que justamente la creación del Estado de Israel mostraba la nueva cara del judío.

Ya entendimos al recorrer la historia que esta cara no era tan nueva. Si mi disquisición histórica ha servido para algo, espero que haya servido para entender eso.

Pero además, este mito se basaba en el error. Los historiadores sionistas antiguos sostenían que el Holocausto era la prueba suprema de la sumisión judía en la diáspora a la coerción del poder local. O sea que el judío no era capaz de dominar su propio destino y no sabía levantar ni una pistola para protegerse…

¡Pamplinas! Hay tres hechos con respecto al Holocausto que recién ahora la historiografía israelí está reconociendo, entre otras cosas como reacción a toda la falsificación anterior.

Primero, que hubo un montón de sublevaciones armadas, realizadas por gente que en general no tenían medios para llevarlas a cabo. Quiero destacar que incluso en Auschwitz, y más de una vez, hubo intentos de sublevación violenta.

Segundo, Sobibor no es el único ejemplo exitoso de una revuelta armada en un campo de concentración, así como Varsovia no es el único ejemplo de una resistencia armada dentro de un gueto. Si logramos dejar de lado el mito de la debilidad judía anterior al Estado de Israel, nos vamos a asombrar de la cantidad de sublevaciones armadas, todas organizadas con escasez total de medios para luchar.

Tercero, un hecho muy triste que el sionismo no quiso enfrentar, porque el sionismo se basaba en la unión del pueblo judío. Vamos a arrojar una piedra en esta serena laguna, para ver que una de las razones por las que los judíos no lucharon fue que fueron vendidos por otros judíos. Aquí señalo dos hechos concretos. Uno en Hungría, el otro en Bulgaria, los judíos fueron vendidos por la dirigencia comunitaria. En Hungría sabemos del famoso caso de Kastner, miembro del Judenrat (la asamblea comunitaria), un personaje controvertido, que sabemos que vendió a familias judías más pobres y las envió a las cámaras de gas.

El caso de Bulgaria es más interesante, porque en general la gente piensa que los judíos de Bulgaria fueron salvados. Sí, el problema no fueron los búlgaros, sino que los judíos búlgaros vendieron a sus primos, los judíos griegos que vivían en Bulgaria, que por orden de los nazis fueron subidos todos a los trenes rumbo a Auschwitz.

Marcelo, cuando un judío sabía que estaba siendo vendido por otro judío, se puede decir que su voluntad de luchar también disminuye.

-¿Existía semejante conciencia? ¿Los judíos sabían fehacientemente que estaban siendo llevados a la muerte en lugar de otros que comerciaron con sus vidas?

-La había. En Hungría los judíos lo sabían de sobra. Lo sabían. Cuando Kastner fue asesinado por otro judío aquí en Israel, muchos entendieron que se trataba de una venganza personal. Los judíos sabían que la dirigencia judía manipulaba la información para que la gente no se sublevara, y la gente sentía que sus hermanos les estaban mintiendo: eso solo ya les restaba fuerza de voluntad de resistir.

Y sin embargo hubo resistencia judía armada en el norte de Italia, en Grecia, hasta en Polonia, donde la resistencia armada antinazi polaca era tan antisemita, que cuando los judíos les pidieron socorro, fue esa resistencia polaca la que los frió a tiros. En el gueto de Lodz surgió más de una revuelta violenta contra los nazis. Los judíos fueron, igual que los gitanos, arrinconados. No tenían medios. Eso no significa que cuando sí tuvieron acceso a los medios, no los hayan utilizado.

-Tu vehemencia me lleva a otro tema. Cuando se habla del heroísmo en el gueto de Varsovia y en el mismo respiro se canta “David Melej Israel” (David Rey de Israel), se corre el riesgo de una romantización del pueblo judío como un pueblo que pelea, y siempre, por causas justas. David defendiendo el reino de Dios, los judíos del gueto contra los nazis, la encarnación reconocida y verdadera del mal más atroz, e Israel peleando en sus guerras de supervivencia.

-Me alegra mucho que hayas tocado el tema. Yo también me quiero asegurar de que no caigamos en una romantización. Cualquier persona cuerda que lea la historia judía va a comprobar que la guerra no era el ideal. Muchas veces se trataba de una fea normalidad, como en la época bíblica, quebrantada por ráfagas de visiones universalistas. Pero la guerra no era el ideal: Salomón era el ideal. En la Edad Media, como en los casos de Shmuel Hanaguid, o los kúzares, o la reina Judith en Etiopía, fue siempre en casos de ser amenazados, el ideal no fue nunca salir a la conquista. En las fuentes se habla de “miljemet mitzvá”. Eso no significa guerra santa, sino “guerra obligatoria”, que se define únicamente como guerra de supervivencia, nunca de conquista.

Es cierto, sin embargo, que la conquista de la Tierra Prometida fue hecha de la forma más sangrienta imaginable. Y no hay forma, aunque lo quiera Iosi Sarid, líder de Meretz, de emblanquecer este hecho. Josué aniquiló a poblaciones enteras, no sólo a los soldados. Pero el judaísmo se desarrolló, evolucionó, y el ideal es Salomón. De otro modo, a David le habría sido permitido construir el Templo. Esa es la belleza del judaísmo: el militarismo primitivo -para mí todo militarismo es primitivo- existió en el judaísmo, pero éste siempre aspiró a otra cosa.

-Para terminar, ¿qué nos dice todo esto respecto de la negativa de los ultraortodoxos o jaredim en Israel a defender el Estado de Israel yendo al ejército? Aun desde el punto de vista religioso las guerras de supervivencia son una mitzvá.

-No quisiera trazar un paralelismo entre dos contextos históricos distintos. Yo no veo a las guerras de Israel como obligación religiosa. Yo veo el tema en su contexto sociopolítico. Pero aun desde el punto de vista de su concepción de mundo, creo que no tienen ninguna base para sostener su actitud. Porque justamente los que desde el punto de vista religioso tienen mucha base son los del Mafdal (sionistas religiosos), que dicen que, siendo ciudadanos del estado judío, van a luchar por él. Los jaredim no tienen base para su actitud.

-Aclaremos que ahora se creó la unidad de Tzahal llamada el Najal Jaredí, una unidad de infantería y colonización, formada por ultraortodoxos…

-Sí, 50 años después de creado el estado, y cuando la época de guerras de supervivencia ya ha quedado atrás. Pero cuando hubo peligro esa gente se ocultó muy bien. Desde su propia perspectiva es injustificable, porque si bien en la Biblia hay una tribu que a veces es exenta de ir a la guerra para cuidar los demás asuntos del pueblo, los jaredim no constituyen una tribu y ellos lo saben muy bien. Ellos se comparan con la idea de una tribu que cuida los asuntos terrenales, pero ellos no cuidan ningún asunto terrenal, sino que parasitan, chupan el bienestar del estado. Ya lo dijo el Rambam, que es mejor autoridad halájica que los jaredim: las tribus se perdieron. Los jaredim no son ninguna tribu, y Dios no los designó para cuidar los asuntos del pueblo mientras éste muere en las guerras. Sólo Dios los puede designar, y Dios no dijo nada al respecto.

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2 Responses to El pacífico pueblo del libro y el arte de la guerra

  1. Andrés dice:

    Interesante. D’s bendiga al Tzahal.

  2. cruzcampo dice:

    Hermano Comandante, adjunto tu blog a mi lector de blogs. Ds te bendiga.

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