Izkor

enero 24, 2009
‘Izkor’, por Abba Kovner PDF Imprimir E-Mail
Poema escrito por Abba Kovner, líder de la resistencia judía y comandante partisano, poeta y escritor hebreo. 

Izkor

Recordemos a nuestros hermanos y hermanas,
las casas en la ciudad y en el campo
Las calles de la aldea bulliciosas como un río
Y el solitario paradero
El anciano y su rostro
La joven y sus trenzas
El bebé
Las miles de comunidades de Israel y sus humanos
Toda la colectividad de los judíos
Que sucumbió en el exterminio en manos del asesino Nazi

Quién gritó y cayó en su grito
La mujer abrazando a su bebé y que sus brazos se desplomaron
El bebé cuyos dedos buscan el pezón materno y este esta azul de frío
Las piernas
Las piernas que buscaron salida y ya no había
Y las manos cerrándose en puños
Y los puños que levantaron el hierro
Y el hierro que se transformó en el arma de la esperanza, de la desesperación y de la rebelión
Y ellos de corazón generoso
Y ellos con sus ojos abiertos
Son los que se arrojaron sin posibilidad de salvar
Recordemos el día, su mediodía
El sol que ascendió sobre el altar sangriento
Los cielos altos y mudos
Recordemos los montículos de cenizas debajo de los jardines florecientes
Recordara el vivo a sus muertos
Porque ellos nos enfrentan
Y sus ojos alrededor
Y no cesaremos, no cesaremos hasta que seamos dignos a su memoria.

 

Abba Kovner 1918 -1987

BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Líder de la resistencia judía y comandante partisano, poeta y escritor hebreo.

Nacido en Sebastopol, Rusia. Curso estudios secundarios en la escuela hebrea de Vilna, donde se incorporó al movimiento juvenil sionista socialista “Hashomer Hatzair”. Cuando Vilna fue ocupada por los nazis en 1941, resolvió que la única respuesta posible era la resistencia activa. Concentro sus esfuerzos en la creación de una fuerza judía combatiente clandestina. Ello inspiró a otros jóvenes judíos de toda Europa oriental a hacerle frente a los nazis. El 21 de enero de 1942 se creó una agrupación militar judía en Vilna.” La organización Partisana Unida (FPO). Abba Kovner fue uno de sus líderes y luego su comandante a partir de  julio de 1943. Durante la deportación final en septiembre de 1943  dirigió las acciones de la FPO y la fuga a los bosques de los combatientes del guetto. Luego dirigió una unidad partisana en los bosques.

Después de la guerra participó en la creación del movimiento HaBrijá, (La Huída) el cual organizó la evacuación de centenares de sobrevivientes judíos hacia el oeste para llegar así a Palestina. Él mismo se estableció en Eretz Israel junto a su esposa Vitka Kempner y se convirtió en un escritor importante (Extraído de la Enciclopedia del Holocausto, Yad Vashem, Jerusalem, 2004)

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El Heroe de Papel

enero 19, 2009

 

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Una fría noche vienesa del 23 de enero de 1939, el fútbol perdió para siempre a un héroe, a un hombre cuya dignidad superó con creces sus extraordinarias cualidades deportivas. Aquella perruna noche, Mathias Sindelar, el mejor deportista austriaco del siglo XX, según votación popular, fue encontrado muerto en la cama de su apartamento junto a su mujer, Camila Castagnola, una judía de origen italiano. Sindelar, judío también, se había negado a jugar con la Alemania nazi, de cuyos dirigentes se mofó durante un partido, tras la anexión austriaca de 1938, una ofensa para el III Reich, que le persiguió de por vida. Su muerte aún despierta grandes recelos entre los historiadores. Los forenses oficiales mantuvieron que la muerte se produjo por la inhalación del monóxido de carbono de una estufa, pese a que algunos investigadores revelaron que ésta no tenía desperfectos y que en el apartamento no olía a gas. Unos sostienen que fueron delatados por un ex compañero de Sindelar en la selección austriaca. Otros apuntan a un suicidio por el régimen de terror.

Tras fallar a propósito para burlarse de los alemanes, marcó y se puso a bailar ante ellos

Sindelar, hijo de unos pobres emigrantes checos, nació el 10 de febrero de 1903 en Moravia, en la frontera con Bohemia, en la República Checa. Dio sus primeros balonazos en las calles del vienés distrito obrero de Favoriten, uno de los más deprimidos de la capital austriaca. Su padre, albañil, falleció en 1917 en la Primera Guerra Mundial y aquel espigado y desgarbado chiquillo que jamás se separaba de la pelota se crió junto a su madre, que lavaba ropa, y sus tres hermanas. Su habilidad con el balón le hizo muy popular en la barriada, donde se le apodó Papierene [hombre de papel]. La causa: su extraordinaria habilidad para filtrarse entre las defensas enemigas. El eco de su destreza hizo que a los 15 años le fichara el Hertha Viena. Cinco años más tarde, tras haber aprendido el oficio de cerrajero y quedarse en el paro, se enroló en uno de los grandes clubes de la ciudad, el Austria Viena, una institución ligada a la comunidad judía, a la que hizo campeona de Copa en sus tres primeras temporadas. Con el Austria Viena anotó 600 goles en 700 partidos, una estadística impresionante para un futbolista que, pese a su posición de delantero, disfrutaba más como organizador. Según los cronistas de la época, prefería un regate que un gol. En 1926 debutó con la selección austriaca y marcó el segundo tanto de la victoria ante Checoslovaquia (2-1). Ahí comenzó su leyenda futbolística, una carrera dramáticamente interrumpida cuando Sindelar, conocido también como el Mozart del fútbol, registraba 27 goles en 44 partidos internacionales. Su desgarro, deportivo y personal, estaba por llegar.

Austria, al igual que muchas otras selecciones europeas, rechazó acudir al Mundial de Uruguay de 1930, una expedición tan cara como fatigosa. Por entonces, el Wunderteam, [el equipo maravilla], no tenía rival. En mayo de 1931 marcó un hito al ser la primera selección que derrotaba a Escocia a domicilio (0-5). La admiración por la máquina austriaca se extendió por toda Europa. Dejaba huellas imborrables a su paso: 4-0 a Francia, 6-0 a Alemania, 8-2 a Hungría… La figura de Sindelar resultó tan impactante que el Manchester United intentó su fichaje. Pero el jugador tenía un acentuado apego a sus raíces y en su país era tan popular que se convirtió en uno de los primeros iconos comerciales del fútbol.

Se acercaba el Mundial de Italia de 1934 y el favoritismo austriaco era unánime. Sindelar, un goleador mayúsculo, y sus compañeros recibieron el primer azote político de sus desgarradoras carreras. Mussolini manipuló el torneo y en la semifinal ante Italia, Austria, impotente tras ver cómo le anulaban varios goles, perdió 1-0. Cuatro años después del expolio de Mussolini, la Alemania nazi ocupó Austria. Hitler, al igual que el fascista italiano, estaba al corriente del poder hipnótico del fútbol entre el pueblo, un reducto propagandístico perfecto. De hecho, el Führer ya había retorcido para la causa los Juegos de Berlín de 1936. Con el Mundial de Francia del 38 a la vista, Alemania seleccionó a todo el Wunderteam, que al no ser ya un país -sino la provincia alemana de Ostmark-, no podía competir internacionalmente. Antes, para celebrar su conquista, Alemania, con algunos de sus nacionalizados austriacos, organizó un amistoso contra Ostmark. Sindelar se negó a jugar con los nazis y alegó que a los 35 años su cuerpo estaba muy castigado. Su dignidad le impedía enfundarse una camiseta con la esvástica y luego levantar el brazo durante el himno. Días después se retrató: Sindelar, que primero se burló de los nazis al fallar varios goles intencionadamente, marcó finalmente uno de vaselina. Ostmark venció 2-0 para humillación de su invasor y, tras su gol, Sindelar bailó ante el palco de los jerarcas nazis. Comprobado su rendimiento, el seleccionador alemán, Seep Herberger, intentó otra vez su fichaje. Mathias se negó. Herberger declararía tiempo después que, aunque nunca se lo dijo claro, Sindelar no quería identificarse con los invasores.

La negativa resultó fatal para el jugador y su compañera judía, que se quedaron sin su principal sustento, condenados por el régimen al ostracismo y más tarde perseguidos. Algunos compañeros de Sindelar, como el ex capitán de la selección austriaca, Nausch, tuvieron más suerte. Cuando fue obligado a divorciarse de su esposa judía, logró huir con ella a Suiza. Sindelar, que llegó a regentar un café en Viena, no lo consiguió y estuvo ocho meses refugiado junto a Camila. Los nazis ofrecieron una recompensa por su captura, al tiempo que se multiplicaba la cacería judía. Las noticias sobre la depuración nazi, los campos de exterminio y las cámaras de gas se sucedían. El cerco sobre Sindelar se estrechaba, hasta que la policía informó de su muerte. Un día después falleció Camila en un hospital. Lo que no pudieron impedir los nazis fue el extraordinario tributo popular que recibió Sindelar, convertido en un símbolo de la resistencia. Se prohibió cualquier manifestación de duelo, y aún así 15.000 personas asistieron al funeral en medio de grandes medidas de seguridad. Se amontonaron miles de telegramas de pésame y los servicios de correos se atascaron. La calle en la que vivía, Laaerberg pasó a llamarse Sindelarstrasse.

Hoy, el Alemania-Austria evoca la figura de alguien que se atrevió a desairar a un monstruo, aunque ello le cortara de raíz una carrera extraordinaria que el escritor Friedrich Torberg relataba así: “Jugaba como nadie, ponía gracia y fantasía, jugaba desenfadado, fácil y alegre, siempre jugaba y nunca luchaba”. Cuando lo hizo, le costó la vida.

Fuente: Diario El Pais


Resistencia (Defiance)

enero 18, 2009

 

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Cuando los nazis llegaron a Bielorrusia emprendieron, como en otros lugares, una política de persecución y eliminación de los judíos. Los hermanos Bielski decidieron que querían luchar para sobrevivir, mientras gran parte de su familia era masacrada en el gueto de Novogrudok. Los tres hermanos huyeron y se refugiaron en los bosques cercanos a la granja familiar. Pero no sólo buscaron refugio, sino que, también, decidieron que iban a luchar contra los nazis. Organizaron un verdadero ejército de partisanos. Llegaron a entrar en guetos para facilitar la huida de otros judíos y, de ese modo, evitar su muerte.

En el bosque de Naliboki crearon una aldea, vivieron en refugios subterráneos, donde organizaron un hospital, un molino, un taller, una panadería, baños, un teatro y una sinagoga. Llegaron a ser 1.200 los judíos supervivientes y resistentes. Al llegar las tropas soviéticas aparecieron del interior de los bosques. Parecía un milagro pero estaban vivos.

Lamentablemente, su hazaña cayó pronto en el olvido. Los Bielski emigraron a Estados Unidos donde llevaron una vida normal de trabajo, sin declaraciones, sin hablar de su pasado. El último de los hermanos murió en 1987.

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Preludio de la Guerra de los Seis Días

noviembre 7, 2007

Aparecido en ‘The Washington Post’ -18 de mayo de 2007-:

Autor: Charles Krauthammer

Los israelíes recuerdan el terror de ese insostenible mayo de 1967 en el que, sin que Israel poseyera ningún territorio ocupado, todo el mundo árabe se preparaba febrilmente para el inminente exterminio de Israel. Y el mundo no hizo nada.

A duras penas habrá existido un plan árabe de paz en los últimos 40 años -incluyendo la presente versión saudita- que no exija el retorno al ‘status quo’ del 4 de junio de 1967.
¿Por qué es esa fecha tan sagrada?: porque fue la víspera del estallido de la Guerra de los Seis Días en la que Israel logró una de las victorias más sorprendentes del siglo XX. Los árabes han pasado cuatro décadas intentando deshacer sus consecuencias.
El verdadero aniversario de la guerra debería ser ahora, tres semanas antes. El 16 de mayo de 1967, el Presidente egipcio Gamal Nasser exigía la evacuación de la fuerza de seguridad de las Naciones Unidas, presente en la Península del Sinaí que había mantenido a Israel y Egipto en paz durante 10 años.
La ONU cumplió los deseos, momento en el cual Nasser impuso un bloqueo naval por la única salida al sur de Israel, el puerto de Eilat, en un acto obvio de guerra.
Cómo llegó Egipto a esta aventurada provocación es un relato complejo (hecho crónica en el magistral relato de Michael Oren, “Seis Días de guerra”) de intencionalidad agresiva combinada con desinformación perversa.
Una advertencia soviética urgente y falsa -de que Israel se preparaba para atacar a Siria- condujo a una cascada de maniobras intra-árabes que condujeron a Nasser, el defensor del panarabismo, a confrontar mortalmente a Israel con un Sinaí remilitarizado y un bloqueo por el sur.
¿Por qué esto es aún importante? Porque el período de tres semanas entre el 16 de mayo y el 5 de junio explica la reticencia de Israel durante 40 años a renunciar a los frutos de la Guerra de los Seis Días -el Sinaí, los Altos del Golán, Jerusalem Oriental y Gaza- a cambio de garantías de paz en un papel.
Israel disponía de garantías similares fruto de la Guerra de Suez de 1956, tras la cual evacuó el Sinaí a cambio de esa fuerza de pacificación de la ONU y de garantías de libre paso a través del Estrecho de Tirán por parte de las potencias occidentales.
Todo esto se esfumó con un gesto de la mano de Nasser. Durante esas tres interminables semanas, el Presidente Lyndon Johnson intentaba componer un ejército de países con el fin de romper el bloqueo y abrir Israel al sur. El esfuerzo fracasó estrepitosamente.
Es difícil exagerar cómo fueron para Israel esas tres semanas. Egipto, en alianza ya con Siria, suscribía un pacto militar de emergencia con Jordania. Irak, Argelia, Arabia Saudita, Sudán, Túnez, Libia y Marruecos comenzaron a enviar tropas para unirse a la inminente lucha. Con tropas y ejército agolpándose en cada una de las fronteras de Israel, exultantes informativos en cada una de las capitales del mundo árabe anunciaban el inminente final de la guerra para el exterminio de Israel.
“Destruiremos a Israel y sus habitantes”, anunciaba el cabecilla de la OLP, Ahmed Shuqayri, “y en cuanto a los supervivientes -si es que hay alguno- los barcos están preparados para deportarlos”.
Para Israel, la espera fue acuciante y debilitadora. El ejército de ciudadanos de Israel tenía que movilizarse.
Mientras sus soldados esperaban en los diversos frentes a que el mundo rescatara del peligro inminente a la nación, la sociedad israelí se detuvo en seco y su economía comenzó a desangrarse. El jefe del mando del ejército Itzjak Rabin, a ser enarbolado más tarde como héroe de guerra y aún más tarde como mártir de la paz, sufrió una crisis nerviosa. Quedaba incapacitado hasta el punto de la incoherencia a causa de la insostenible tensión de la espera con la vida de este país pendiendo de un hilo.
Conocemos el resto de la historia. Rabin se recuperó a tiempo para conducir a Israel a la victoria. Pero olvidamos lo arriesgada que era la condición de Israel. La victoria se decantó en un exitoso ataque contra las fuerzas aéreas de Egipto en la mañana del 5 de junio. Fue una jugada de sorprendentes proporciones. Israel envió el grueso de sus fuerzas aéreas de 200 aparatos a la misión, completamente expuestos a fuego antiaéreo y misiles. En caso de haber sido detectados y las fuerzas destruidas, la cifra de aviones dejados atrás para defender el territorio israelí -sus ciudades y civiles- de los 900 aparatos de las fuerzas aéreas árabes combinadas era de… 12.
También olvidamos que la ocupación de Jerusalem Oriental por parte de Israel no fue buscada en absoluto.
Israel suplicó al rey Hussein de Jordania que permaneciese al margen del conflicto. Enfrentado en feroz combate a un Egipto numéricamente superior, Israel no tenía ningún deseo de abrir un frente nuevo a unas pocas cuadras del Jerusalam judío y a pocos kilómetros de Tel Aviv.
Pero Nasser dijo a Hussein, personalmente, que Egipto había destruido las fuerzas aéreas de Israel y que la victoria total estaba al alcance de la mano. Hussein no pudo resistirse a la tentación de unirse a la lucha. Se unió. Y Perdió.
El mundo pronto será inundado de exposiciones del 40 aniversario de la guerra, y de la paz a la vuelta de la esquina que solamente aguarda a que Israel vuelva al 4 de junio de 1967. Pero los israelíes son cautelosos. Recuerdan el terror de ese insostenible mayo en el que, sin que Israel poseyera ningún territorio ocupado en absoluto, todo el mundo árabe se preparaba febrilmente para el inminente exterminio de Israel. Y el mundo no hizo nada.

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El compromiso con un nombre

octubre 15, 2007

WILHELM HAMMANN: EL HOMBRE QUE SALVÓ A LOS NIÑOS DE BUCHENWALD

pp_a020p07s.jpg Tras la reunificación alemana se propuso modificar el nombre de la escuela “Wilhelm-Hammann” de la ciudad de Erfurt. Sin embargo docentes y alumnos investigaron la vida de Hammann y descubrieron que este prisionero político en el campo de concentración de Buchenwald logró salvar la vida de 904 niños. En consecuencia, la escuela logra conservar su nombre. En el marco de proyectos anuales, los alumnos se proponen que el 9° año escolar de cada promoción intente ponerse en contacto con los niños que salvó Hammann.

DESCRIPCIÓN DEL PROYECTO
Como consecuencia de la reunificación alemana, a principios de los años noventa se eliminaron en las escuelas todas las denominaciones que hicieran referencia a personalidades de la historia de la RDA. Estaba previsto que sucediera lo mismo con el patronímico de nuestra escuela, “Wilhelm Hammann”. Es materia opinable si este acto de corroborar los nombres constituía un mero acto arbitrario o por el contrario, un impulso para elaborar el pasado; también resulta materia de debate definir si acaso esa disposición transgrede límites geográficos y morales. En concordancia con las autoridades educativas de la ciudad de Erfurt, nuestra escuela decidió abogar por elaborar el pasado histórico y luchar por conservar el nombre “Wilhelm Hammann”.

Wilhelm Hammann [ver Imágenes] nació en el año 1897 en Gross-Gerau, Hesse. A raíz de su activo compromiso con el partido comunista alemán KPD fue arrestado en 1935 por los nacionalsocialistas y trasladado en 1938 al campo de concentración de Buchenwald. Durante los más de diez años que pasó en prisión, ayudó a salvar la vida de 904 niños, entre ellos 159 judíos. En el año 1984, Wilhelm Hammann, fallecido en un accidente en 1955, fue reconocido por Israel como uno de los tres alemanes que se cuentan entre los “justos entre las naciones”.

A modo de preparación para el acto de bautizo, los cursos comenzaron a investigar la vida de Hammann, quien fue maestro y uno de los primeros prefectos de la posguerra en Hesse. Los alumnos elaboraron un programa de homenaje sobre su vida y lo presentaron en la ceremonia de bautizo del nombre del 7 de noviembre de 1993. Estimulados por este primer paso tan logrado, los alumnos y docentes sintieron que deseaban mantener vivo el proyecto escolar “Wilhelm Hammann”. Los “investigadores”, quienes se habían dedicado a la vida y obra de Wilhelm Hammann; en la etapa siguiente, centraron su atención en el destino de los niños del bloque 8 del campo de concentración Buchenwald.

El sitio conmemorativo Yad Vashem envió las direcciones de tres personas que habían estado en dicho campo cuando niños. Los alumnos les escribieron varias cartas que quedaron sin respuesta por mucho tiempo. Tanto más se emocionaron cuando Zoltan Blau, quien hoy reside en Nueva York, llamó a la escuela y dio señales de estar dispuesto a hablar con los alumnos. Pudimos establecer contacto personal con él y con su familia cuando en 1995 volvió por primera vez a Buchenwald en ocasión del aniversario de la autoliberación del campo el 11 de abril de 1945.

A fin de continuar con el proyecto está previsto que los alumnos de las sucesivas promociones del 9° año se dediquen durante una semana a investigar las huellas de la historia para elaborar el pasado y encontrar ejemplos concretos de historias de vida que muestren cómo puede mantenerse la dignidad en un mundo cruel e inhumano.

Esta semana dedicada a trabajar sobre un proyecto específico recoge temas del programa de Historia del segundo semestre y permite al profesor trabajar más adelante con los resultados obtenidos con el proyecto [ver Imágenes] y transmitir informaciones históricas más profundas. Representa una gran ventaja poder trabajar in situ en el sitio conmemorativo de Buchenwald. No sólo tiene un gran valor confrontarse allí con material auténtico en los escenarios originales, sino que puede comprobarse también que el acercamiento emocional tiene un efecto muy positivo sobre los resultados de la labor pedagógica. Todo esto fue posible gracias al legado que nos dejó la actitud de un hombre: por eso, su nombre es todo un compromiso.

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Eretz Uganda

octubre 7, 2007

Una brújula rota determinó el asentamiento del Estado
La idea de los judíos de asentarse en Uganda fue expresada al Congreso Judío con el objeto de huir de los pogroms que se estaban perpetrando en la Rusia Zarista y buscar un hogar que cobije a los judíos de las demostraciones antisemitas que se agravaban a comienzos del siglo XX.

La idea había nacido y había que llevarla a la práctica, expresó el profesor Gur Elroy del Departamento de la Tierra de Israel, de la Universidad de Haifa. Para ello, fueron elegidos -continúa Elroy- tres miembros del Sexto Congreso Sionista para tomar impresiones y convinieron entre ellos, para ganar tiempo, que cada uno iría a un lugar distinto, en Uganda, para volver a reunirse e intercambiar las distintas impresiones y vivencias. Pero resulta que Nahum Wilbosch, uno de sus delegados, perdió el camino al lugar fijado para el encuentro dado que su brújula se había dañado, y aunque pudo llegar a destino, su estado de ánimo había decaído por completo, y sus nervios estaban exaltados por tantas contrariedades en su camino. Los otros dos delegados que recorrieron Uganda entregaron un informe positivo del lugar, al Congreso Judío, explicando lo favorable que era que el lugar se hallara poco poblado y en buenas condiciones para vivir. En cambio Wilbosch, el extraviado, dio un informe negativo agregando que los judíos “no tienen nada que buscar allí”. Los miembros del Séptimo Congreso Sionista, receptores de los informes, se impresionaron por los datos aportados por Wilbosch que prevaleció en la decisión de establecerse en Uganda rechazando dicha alternativa.

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Compañero Terrorista

octubre 1, 2007

El pelele de Hugo Chavez,  Evo Morales lo llamo al Hitler Irani

“compañero revolucionario y hermano”

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“El silencio no tiene límites para mí los límites los pone la palabra”

septiembre 24, 2007

Marcel Marceau nació en Estrasburgo el 22 de Marzo de 1923. Se inició como mimo en Alemania cuando actuaba para las tropas francesas después de la Segunda Guerra Mundial.
Hacia 1938 Marceau junto a su familia fueron obligados a dejar Francia. Luego se unió a las fuerzas de liberación francesas comandadas por Charles de Gaulle.
Durante la guerra adoptó el apellido Marceau (un general francés muerto en 1796) para ocultar su origen judío. No volvió a tener noticias sobre su padre luego de que haya sido arrestado y deportado por la Gestapo.

“Estaba harto del Holocausto y todo eso. Sólo quería actuar, hacer mi carrera. Pero al madurar entendí que no hay que olvidar, la memoria es necesaria para que el horror no se repita”, confesó.

En 1945 se matriculó en la Escuela de Arte Dramático “Charles Dullin” del Teatro Sarah Bernhardt en París, donde estudió con su Maestro de la pantomima Etienne Decroux. Marceau se interesó en la actuación luego de haber visto a Charles Chaplin.
En mayo de 1946, entró a la Compañía de Barrault, y se le asignó la interpretación del papel del Arlequín en la pantomima Baptiste.
Marceau creó en 1947 al romántico e idealista Bip que tiene la cara pintada de blanco, lleva unos pantalones muy anchos y una camisa a rayas. Luce un gran sombrero de fieltro del que sale una flor roja (que representaba la fragilidad de la vida) y que se convirtió en su alter ego. El estilo de la pantomima de Marceau es inigualable, sus ejercicios silenciosos que incluyen las clásica representaciones de la caja, caminando en contra del viento, el hacedor de máscaras, en el parque y sátiras de todo tipo, desde escultores a matadores.
En 1948 recibió el famoso premio Deburau (establecido en memoria del grande del siglo 19, Pierrot). Luego fundó su Compañía de pantomima Marcel Marceau – La única en el mundo, en esa época – que ofrece dos años de curriculum y ha sido subsidiada por la Ciudad de París desde 1978.
Se presentó en los mejores teatros de París así como también en otros teatros de Europa, Canadá y América del Sur. Con su compañía, produjo, dirigió y presentó 26 mimodramas, incluyendo “Pierrot de Montmartre”, “The 3 Wigs”, “The Pawn Shop”, “14th July”, “The Wolf of Tsu-Ku-Mi”, “Paris laughs – Paris cries”, y “Don Juan”.
Marcel Marceau realizó su primera gira por los Estados Unidos de América en 1955-56, poco tiempo después de su debut en Norte América en el Festival de Stratford (Ontario). Esta primera gira en los Estados Unidos terminó exitosamente en el “City Center” de Nueva York en la primavera de 1956 después de hacer presentaciones ante un gran número de personas en San Francisco, Chicago, Washington, Philadelphia, Los Angeles, y otras grandes ciudades y universidades.
Desde entonces, regularmente ha realizado giras en los Estados Unidos de América durante más de 40 años y sus giras transcontinentales han incluido a América del Sur, el norte y el sur de África, Israel, Australia y Nueva Zelandia, Japón, India, China, Asia sudoriental, Rusia y toda Europa.

Millones de americanos se han familiarizado, a través de sus diversas apariciones televisivas, se presentó en la BBC interpretando a 17 personajes diferentes hacia 1973, y también en 13 películas producidas por la Enciclopedia Británica.
Marcel Marceau ha demostrado su versatilidad en cinematografía, tales como Barbarella dirigida por Roger Vadim; Shanks, dirigida por Bill Castle. Ha sido elegido miembro de la Academia de Artes en Berlin, de la Academia de Artes en Munich, y es miembro del prestigioso Instituto de Francia.
Los años 1997-98 marcan el 50 aniversario del famoso personaje de Marcel Marceau “BIP”. En esa época, creó con su compañía un nuevo mimodrama, “The Bowler Hat”, presentado en París en el “Espaçe Pierre Cardin” durante dos meses con gran éxito, y desde entonces ha sido presentado en Londres, Tokio, Taipei, Caracas, Santo Domingo, Valencia (Venezuela), Munich y Nueva York, como también en una gira por Francia.
Desde 1999, cuando regresó con su clásica presentación a Nueva York y San Francisco después de 15 años de ausencia en donde se agotaron las entradas, su carrera en América ha disfrutado de un remarcable renacimiento con un interés especial de la tercera generación.
Hacia el año 2005, en el marco de su gira despedida mundial presentó su espectáculo ‘Lo mejor de Marcel Marceau’. A los 82 años en su última visita a la Argentina aseguró que no podría retirarse nunca y que morirá de pie.

“¿Despedirme? No, no puedo hacerlo, si aún hay quienes disfrutan de mi arte.”

De la redacción de Radio Jai


Sonata para un hombre bueno

septiembre 2, 2007

Odoardo Focherini, el periodista que dio la vida por salvar a judíos

Fuente: ZENIT

Para recordar, cien años después de su nacimiento, a Odoardo Focherini, periodista y director administrativo de «L’Avvenire d’Italia» hasta 1944, los periodistas de la Unión Católica de la Prensa Italiana (UCSI) organizaron el 17 de marzo, en la iglesia de San Ignacio de Carpi, un congreso con el título «Testimonios que contar. La vida y los hechos de la historia a la memoria».

Las celebraciones fueron abiertas por el obispo de Carpi, monseñor Elio Tinti, quien constató que «supo dar sabor a la vida de mucha gente, sobre todo a los 105 judíos que salvó, pero también a todos aquellos que conoció».

Según el obispo de Carpi, «de él hay que recordar el profundo amor hacia la familia, la tiernísima relación con su adorada mujer, con los siete amadísimos hijos. Lazos sólidos que descubrimos en las maravillosas cartas que escribió, pero que no le impidieron vivir su vida hasta el fondo por los demás».

«Con esperanza y devoción, deseamos que pronto la Iglesia lo pueda reconocer como mártir. Su vida como hombre verdadero es un himno a la santidad», reconoció el prelado.

Focherini, empezó a interesarse por los judíos mucho antes del Armisticio con los Aliados (8 de septiembre de 1943), cuando ayudó a un grupo de refugiados llegados de Varsovia. Murió en el campo de concentración de Hersbruck (uno de los 74 subcampos de Flossenburg), el 27 de diciembre de 1944, a la edad de 37 años.

Odoardo Focherini, quien ha sido declarado «Justo entre las naciones», se encuentra en proceso de beatificación. La causa comenzó en 1996.

A los 27 años era presidente de la Acción Católica Italiana (ACI). Durante la persecución fascista de 1933, corrió de una sede a otra de la ACI para esconder las banderas, las cartas y poner en lugar seguro registros y actas de las reuniones.

En 1939, en vísperas de la guerra, Focherini se convirtió en director administrativo del diario «L’Avvenire d’Italia».

Con el endurecimiento de las leyes antijudías y el inicio de las deportaciones raciales, Odoardo Focherini junto con el padre Dante Sala, organizó una red eficaz para la expatriación hacia Suiza de más de un centenar de judíos.

A pesar del absoluto secreto de las operaciones, los nazis recibieron algunas cartas anónimas y arrestaron al padre Dante Sala, el cual escapó a la pena por insuficiencia de pruebas.

El 11 de marzo de 1944, Focherini fue arrestado en el hospital mientras se ayudaba a un judío enfermo. Fue trasladado al Comando de las SS de Bolonia y de allí a la cárcel de San Giovanni in Monte.

Durante una visita, su cuñado Bruno Marchesi le dijo: «Ten cuidado, quizá te estás exponiendo demasiado, ¿no piensas en tus hijos?». A lo que Odoardo respondió: «Si tú hubieras visto lo que he visto yo en esta cárcel, todo lo que hacen padecer a los judíos, lo único que lamentarías es no haber hecho lo suficiente por ellos, y no haberlos salvado en mayor número».

Trasladado al campo de concentración de Gries (Bolzano), permaneció allí hasta el 5 de septiembre de 1944. Ocultado en el campo de Flossenburg, Focherini fue trasladado al campo de trabajo de Hersbruck, donde se trabajaba de las tres y media de la mañana hasta la tarde, y quien no resistía era marcado con una «K» en la frente y enviado inmediatamente a los hornos crematorios.

Herido en una pierna, al no recibir tratamientos médicos, contrajo una septicemia y murió el 27 de diciembre de 1944. Antes de morir dictó sus dos últimas cartas a los familiares.

Estas son las palabras confiadas al amigo de prisión: «A mis siete hijos… quisiera verlos antes de morir… sin embargo, acepta, Señor, también este sacrificio y custódialos tú, junto a mi mujer, a mis padres, y a todos mis seres queridos».

«Declaro morir en la más pura fe fe católica, apostólica, romana y en la plena sumisión a la voluntad de Dios, ofreciendo mi vida en holocausto por mi diócesis, por la Acción Católica, por el Papa y por el retorno de la paz al mundo. Os ruego decir a mi mujer que le he sido siempre fiel, he pensado siempre en ella, y la he amado siempre intensamente», escribió.

La noticia de la muerte llegó a Carpi en junio de 1945.

El padre Claudio Pontiroli, vicepostulador de la causa de beatificación, revela: «Hemos encontrado más de 300 cartas de pésame, de las que en 62 casos se habla de Odoardo como de un mártir de la caridad. Por él se hicieron celebraciones como por ninguna otra víctima de la guerra».


agosto 5, 2007

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