En su libro “Eichmann en Jerusalem” Hannah Arendt señala: “Lo sorprendente del caso búlgaro y su relación con el Holocausto es que en una región en donde el antisemitismo era moneda corriente entre todos los grupos étnicos y se había convertido en política oficial de gobierno mucho antes de que Hitler llegara al poder, los búlgaros no conocían el “problema judío”. Bajo presión nazi el gobierno búlgaro decidió expulsar a todos los judíos de Sofía a zonas rurales pero, sorprendentemente, la población detuvo las deportaciones manifestando frente al Palacio Real y en las estaciones de trenes.”
Boris III fue asesinado, presumiblemente por agentes de inteligencia alemanes, quienes sospechaban que el monarca protegía a los judíos. Sin embargo, la muerte del rey no impidió que tanto el pueblo como el Parlamento permanecieran claramente del lado de los judíos. Ningún judío búlgaro fue deportado a campos de exterminio a pesar de todas las presiones y, en junio de 1943, Adolf Beckerle, embajador nazi en Sofía escribió resignado a su Cancillería en Berlín: “Los búlgaros han vivido demasiado tiempo junto a armenios, griegos y gitanos como para poder apreciar el problema judío”.
El caso Peshev
Dimitar Peshev era uno de los muchos políticos búlgaros partidarios de firmar una alianza con el régimen de Adolf Hitler, no tanto porque se sintiera atraído por las políticas del Tercer Reich sino porque estaba convencido de que esa era la forma mediante la cual Bulgaria podría recuperar las regiones perdidas en la guerra de los Balcanes de 1912-13. Por este motivo no dudó en apoyar las leyes raciales contra los judíos pedidas por el nazismo.
Sin embargo, un día Peshev recibió la visita de un viejo amigo judío de su infancia, quien le informó que detrás de las leyes raciales los nazis escondían el secreto propósito de deportar a todos los judíos de Bulgaria a campos de exterminio. Los trenes ya estaban listos en las estaciones esperando la orden de partir hacia Polonia.
La reacción de Peshev, un hombre acostumbrado a las mieles de la vida aristocrática, fue instantánea. Reunió a algunos miembros del Parlamento y, junto a ellos, irrumpió en las oficinas del Ministro del Interior a quien le exigió, con éxito, la revocación de la orden de deportación. Peshev sentía que las vidas de 50.000 personas -la totalidad de los judíos búlgaros- dependían exclusivamente de él.
Peshev continuó militando intensamente por la causa de los judíos y luego, también, de la democracia, cuyos valores descubrió al calor de la lucha contra el nazismo y sus atrocidades. Por su actitud fue despojado de su oficina en el Parlamento y vivió en peligro permanente.
Luego de la guerra activó a favor del alineamiento de Bulgaria con Occidente, y en contra de la inminente entrada de su país en la órbita soviética. Fue llevado a juicio y acusado de anti-soviético, así como de haber salvado a los judíos a cambio de dinero, a pesar de que sus amigos judíos testificaron en el juicio que el cargo era falso. Condenado a muerte, fue salvado por un milagro: a horas de ejecutarse la sentencia su abogado defensor pudo probar que en 1936, cuando era Ministro de Justicia, Peshev había salvado de la muerte a Damian Velchev, condenado por los nazis. Bajo el régimen soviético Velchev conducía el Ministerio de Guerra.
Finalmente fue condenado a quince años de prisión, cumplió sólo uno y vivió el resto de sus días pobre y olvidado por todos, excepto por los judíos búlgaros, quienes desde Israel -luego de una emigración en masa a fines de los años cuarenta- le enviaban dinero y se preocupaban por su pasar. Dimitar Peshev murió en Sofia el 20 de febrero de 1973.
Fuente:http://www.raoulwallenberg.net
Links: http://www.peshev.org/


Publicado por elcomandante

